Teoría de la empresa

05.05.2016

Los problemas que rodean a la institución central del capitalismo - la empresa - están tan extendidos y son tan enormes que incluso provocaron preocupación en sectores favorables, tales como la Escuela de Negocios de Harvard.

En noviembre pasado, Harvard organizó una conferencia en la que los participantes intentaron lidiar con las tensiones entre la teoría de la empresa de Milton Friedman - de acuerdo a la cual las empresas pueden y deben sólo beneficiar a la sociedad, centrándose en maximizar el valor del accionista - y la creciente influencia política de las corporaciones después del caso Citizens United [1] - una vez se ha vuelto cada vez más fácil para las empresas modificar las reglas del juego en su favor.

Ahora, para el resto de nosotros - los ciudadanos, los economistas no convencionales, y los académicos de disciplinas fuera de los negocios y la economía -, tanto la historia de las corporaciones como la teoría neoclásica dominante de la empresa presentan tantos problemas que es difícil de creer que las ideas de Friedman todavía se tomen seriamente. Mucho antes de Citizens United, las corporaciones han ejercido una gran influencia tanto en el interior (sobre sus trabajadores) como fuera (en la política y en la sociedad en general). Es por eso que la corporación ha sido una institución contestada - jurídica, económica, políticamente -desde su creación. Del mismo modo, la teoría neoclásica de la empresa (inicialmente en su forma de "caja negra", luego cuando se planteó el problema del ente propietario-administrador) ha barrido la mayor parte de los graves problemas debajo de la alfombra teórica*.

Sin embargo, para los expertos reunidos en la Universidad de Harvard, la cuestión clave (tal como se presenta en el breve documento escrito por los miembros de la facultad de la Harvard Business School, Paul Healy, Rebecca Henderson, David Moss, y Karthik Ramanna [pdf]) era una relativamente limitada:

"Si las empresas tienen el poder de generar beneficios no sólo produciendo bienes y servicios socialmente beneficiosos, sino también por inclinar las políticas públicas y las "reglas del juego" en su beneficio (ya sea a través del "lobbyng" agresivo, del uso eficaz  de las puertas giratorias entre nombramientos políticos y corporativos, o por las contribuciones de campaña), entonces el supuesto básico de que las empresas pueden maximizar el valor social mediante la maximización del valor para los accionistas no puede sostenerse, y enmarcar la responsabilidad de gestión simplemente como una cuestión de maximizar el valor para los accionistas puede resultar inadecuado".

Después de leer el documento, es extraordinario que no haya una verdadera historia - ninguna historia acerca de la invención de la corporación como una "persona," legal, ningún Louis Brandeis o el movimiento progresista, nada de los Knights of Labor or United Mineworkers, ninguna mención al papel del International Telephone & Telegraph en el derrocamiento de Salvador Allende en Chile, nada de la Massey Energy matando a 29 mineros en la mina Upper Big Branch. Es como si el problema del poder corporativo hubiera aparecido solamente después de la decisión del caso Citizens United de 2010.

No obstante, desde la perspectiva de la economía neoclásica, incluso ese problema ocupa un lugar preponderante. De acuerdo con el paradigma reinante (que guía muchas de las políticas y se enseña a cientos de miles de estudiantes cada año), bajo condiciones de competencia perfecta, el libre mercado (incluidas las empresas que maximizan el valor para los accionistas) lleva a resultados Pareto-eficientes. Pero si las corporaciones (ya sean empresas individuales o industrias) pueden dar forma a las instituciones del mercado (o a las reglas y costumbres éticas que ayudan a mantener los mismos), entonces la suerte está echada: "Maximizar el valor de los accionistas mediante la distorsión deliberada de las instituciones cricas del mercado o de las regulaciones para tomar una ventaja privada, parece poco probable que conduzca a la maximización del valor social".

Es por eso que los participantes en la conferencia de Harvard quedaron atrapados entre las implicaciones reales del caso Citizens United (que las corporaciones pueden torcer cada vez más las normas sociales en su propio beneficio privado) y su continua adhesión a la teoría neoclásica de la empresa (según la cual la maximización de valor para los accionistas también maximiza el valor social).

Supongo que no es de extrañar, entonces, qué se impuso en la conferencia de Harvard:

"Fui a la conferencia entendiendo que uno podía cuestionar la premisa del paradigma neoclásico en economía a través de argumentos lógicos -por ejemplo, las inconsistencias entre las hipótesis de Friedman y la teoría de Stigler. Me fui con la sensación de que es poco probable que los argumentos lógicos prevalezcan, porque el paradigma neoclásico está  fuertemente arraigado en la disciplina, en la estructura de la economía moderna", dice Ramanna.

* Incluyendo el problema que los economistas neoclásicos comparten con muchos de sus homólogos heterodoxos, a saber, ¿qué es exactamente lo que significa que las empresas maximizan los beneficios o el valor para los accionistas? En primer lugar, ¿cómo definimos los beneficios o el valor de las acciones?, es decir, ¿cuál es la métrica apropiada, sobre qué horizonte temporal ebe definirse, y cómo debe medirse? En segundo lugar, las empresas hacen muchas cosas diferentes, tales como explotar a los trabajadores, dar lujosas pagas a los altos directivos, intentar eliminar rivales, trazar una trayectoria de crecimiento a corto y largo plazo, comprar favores e influir en la legislación, atesorar efectivo, acumular capital, y etc., ¿por qué reducir la totalidad de lo que hacen a una sola dimensión?

rwer

[1] El caso Citizens United contra la Comisión de Elecciones Federales, dictada por la Corte Suprema de los Estados Unidos el 21 de enero de 2010,1 fue una sentencia histórica que permitió la participación de empresas en campañas políticas electorales [n.T.].