La Invasión

02.03.2020

Al grito de Al·lahu-àkbar un grupo numeroso de hombres jóvenes en edad militar se lanzan al asalto de la frontera griega con Turquía, donde efectivos
del ejército griego les esperan para contener y repeler el ataque. Otros asaltantes ponen por delante de ellos a niños, como escudos humanos. También algunos intentan llegar por mar. Las patrullas fronterizas griegas hacen lo que pueden para detener esta avalancha nada espontánea, perfectamente orquestada desde el Gobierno Turco. Erdogan ha decidido enviar un mensaje a Europa, una amenaza nada velada. Fleta autobuses, trenes y hasta coches a la frontera con Grecia. Los propios militares turcos ayudan a los asaltantes, les proveen de armas arrojadizas, de botes de gases lacrimógenos.
Han llegado por miles, prácticamente todos hombres jóvenes, muchos salidos de la cárcel y enviados a la frontera.
Si llega un medio extranjero rápidamente sacan falsos heridos o incluso muertos. A un niño le maltratan para que llore y luego corren en busca de las cámaras de esos mismos medios extranjeros para que les vean llorando. Sólo los medios griegos apuntan el foco a los verdaderos "inmigrantes".
No pueden albergarse grandes dudas de que Erdogan nos lanza un órdago a la grande lanzando contra las fronteras de Europa, en Grecia, cuna de la Civilización y ahora postergada a basurero de frontera, una bomba de racimo humana. Muchos son soldados de la guerra contra Siria. Muchos fueron del ISIS, de Al Nusra, del Ejército de Liberación Sirio o de algún otro de los muchos grupos militares que se formaron en la guerra de Siria, todos sunníes.

Podemos estar casi seguros de que no vienen a pedir asilo, pan y agua. Y son decenas de miles. 
 
Poco antes de esta locura, en la isla griega de Lesbos, los propios griegos de a pie se cansaron de acoger a esos entrañables refugiados y fueron a expulsarles con sus solas fuerzas, hartos de que Europa tenga a su bella isla por un vertedero. La primera reacción del ejército griego fue cargar contra sus conciudadanos, pero éstos les repelieron y siguieron a lo suyo. 
 
Y después ha llegado lo de Erdogan. Y el Gobierno Griego se ha percatado ya de la gravedad del problema y ha enviado al ejército a defender su país. Ahora policías, militares, ciudadanos de a pie e incluso religiosos ortodoxos, se han puesto a trabajar conjuntamente para detener a la horda islamista. 
 
Las empresas griegas dotan de suministros a los militares y demás efectivos que protegen la frontera.
 
Y en Europa, a estas horas, no se escucha una voz que se eleve para emprender acciones de emergencia conjuntas para ayudar a los griegos y, siquiera por propio interés, para proteger las fronteras comunes de la entrada de una caterva de maleantes dispuestos a tomarlo todo y a no aportar nada. 

Ya hace años de la vergonzante iniciativa buenista del que fuera nuestro Presidente José Luis Rodríguez Zapatero de la Alianza de Civilizaciones. Entonces la ONU bendecía el encuentro entre Erdogan y ZP como representantes de esas presuntas civilizaciones. 
 
Ahora ZP es el Embajador Mundial de los Narcoestados del Socialismo del Siglo XXI, después de haber inoculado en España en su etapa de Gobierno los virus y patógenos de la corrección política, y Erdogan el Presidente que, con un autogolpe de Estado y otras maniobras, se ha perpetuado como sultán profano turco y pretende continuar la tradición genocida que en su día llevo a matar a millones de armenios con Kurdos o Sirios chiíes.