Geopolítica de la masacre de Odesa

04.05.2016

El dos de mayo de 2014, los neonazis ucranianos, con la connivencia directa de las autoridades ucranianas, dispararon y quemaron hasta la muerte a más de 100 personas en Odesa. Según algunas estimaciones, el número de víctimas de la masacre asciende a 300. Entre las víctimas había mujeres, niños y ancianos. La tragedia de Odesa predeterminó la posterior escalada del conflicto en el este de Ucrania y el principio de las operaciones militares en el Donbass.

Golpe pro-occidental: La primera sangre

Antes de los acontecimientos del 2 de mayo de 2014, Odesa era uno de los centros de resistencia al golpe de estado en que los líderes de las protestas callejeras pro-europeas en Kiev, llegaron al poder. Los políticos que apoyaban al occidente (UE y EEUU) provocaron choques con las fuerzas de seguridad en Kiev. Como resultado de tales provocaciones, la primera sangre fue derramada. Francotiradores sin identificar, muy probablemente subordinados al director de las “fuerzas de defensa” del Maidán, Andrei Parubiy, provocaron choques armados en que más de 100 personas fueron asesinadas. Grupos neonazis se unificaron en “Sector Derecho” durante el transcurso de los acontecimientos en el Maidán, esta organización participó activamente en el golpe. Dimitri Yarosh, el entonces líder de Sector Derecho, fue también asistente del antiguo director del servicio de seguridad ucraniano, Valentin  Nayvaychenko, quien es conocido por tener lazos próximos con la CIA.

El sureste reacciona

El nuevo liderazgo de Ucrania decidió subyugar completamente la política exterior del país a occidente. El parlamento, fuera del que los diputados del antiguo partido gobernante, “el partido de las regiones” fueran quitados, empezaron a distribuirse las carteras ministeriales a neonazis abiertamente. La ley que protege el estatus regional de la lengua rusa y otras lenguas de minorías nacionales fue abolida. Como resultado, la predominante mayoría ruso hablante del sureste del país, quien se consideraba a sí misma como parte del mundo ruso, reconoció las intenciones del gobierno que eran claramente hostiles. Empezaron protestas a gran escala por el sur y este de Ucrania, y en marzo de 2014, Crimea realizó un referéndum sobre la soberanía y secesión y después se unió a la Federación de Rusia, que no podría atreverse a dejar esta península estratégicamente importante a un futuro geopolítico incierto como parte de Ucrania. En abril de 2014, los rebeldes de la región de Donetsk, procedieron a formar una resistencia armada a Kiev. Odesa también permanecía como una de las ciudades más estratégicamente importantes en que la mayoría de la población no se consideraba como ucranianos y no tenía deseos de vivir bajo la nueva y nacionalista Ucrania.

La importancia geopolítica de Odesa

El nuevo liderazgo ucraniano reconocía que la pérdida de Odesa significaría una catástrofe geopolítica que provocaría un inevitable efecto dominó y colapsaría al país. De tal perspectiva se dieron cuenta dado los hechos de la situación de Odesa: Desde la primavera de 2014, las fuerzas pro-rusas en Odesa habían llamado activamente a los habitantes de la ciudad para repetir el escenario crimeano. Además, Odesa estaba en cercana proximidad a la Transnistria pro-rusa que era el hogar de una base militar rusa y sus propios 15.000 efectivos militares. Si fuera necesario, Rusia también podría haber transferido algunas de sus tropas a Odesa desde Crimea.

En este tiempo, Odesa era el último mayor puerto marítimo de Ucrania, con la excepción de Nikolaev y Mariupol cuyo destino en este momento se mantiene en equilibrio. La flota ucraniana del mar negro que ha salido de la ahora Sebastopol rusa, también se amarró en Odesa. Así, la pérdida de Odesa habría conllevado inmediatamente la pérdida de Nikolaev y la salida ucraniana al mar. Estas consideraciones explicar el motivo de que a los neonazis ucranianos se les diera carta blanca para intimidar a la población de Odesa, y ellos ciertamente tomaron ventaja de esto. La agonizante muerte de más de 100 personas, por las que ninguno de los causantes ha sido castigado, fue principalmente una herramienta de intimidación. Tras la masacre del 2 de mayo en Odesa, el movimiento pro-ruso fue virtualmente destruido.

El papel de los acontecimientos de Odesa en la intensificación del conflicto

Sin embargo, la masacre en Odesa también supuso algunas consecuencias imprevistas para sus organizadores. Con esta tragedia, la idea nacional ucraniana había demostrado claramente sus rasgos monstruosos e inhumanos. El hecho de que una importante parte de los ucranianos recibieran gratamente la dolorosa muerte de más de un centenar de sus ciudadanos una vez más demostró el carácter destructivo y nihilista del nacionalismo ucraniano. Esto contribuyó al resentimiento del lado opuesto y la ruptura final en la sociedad ucraniana. Fue la tragedia en Odesa lo que de hecho contribuyó al crecimiento del radicalismo en el Donbass y sirvió como el principal factor que inspiró a locales y a muchos de los voluntarios de otras regiones de Ucrania y países de la CEI a tomar las armas. Los organizadores de la masacre de Odesa, temporalmente la retuvieron, pero perdieron partes del Donbass. Para una parte de la población de Ucrania, lo que ocurrió en Odesa llegó a ser un punto de orgullo. Para otros, era un terrible crimen que demostró que ellos nunca serían capaces de coexistir con otros en un país a menos que Ucrania fuera desnazificada.

El crecimiento de los sentimientos anti-ucranianos en Rusia

Los acontecimientos de Odesa y la sucesión de los crímenes de guerra cometidos por el lado ucraniano contribuyeron al aislamiento de Ucrania respecto de Rusia, no sólo a nivel estatal, sino también en el nivel de la sociedad. Por primera vez en la historia, Ucrania es ahora percibida como algo separado de Rusia, y solamente en un sentido negativo. Al principio, el liderazgo ucraniano podía explotar los mitos que quedaban de la era soviética sobre la “amistad de los pueblos” y la proximidad de los dos países, pero después de los acontecimientos en el Donbass y Odesa, este mecanismo no funcionó jamás. La disposición del liderazgo ruso a establecer diálogo con Poroshenko como el “mal menor”, se complicó por un rechazo renovado de la sociedad rusa al diálogo con los ucranianos.  Así, la memoria de la masacre de Odesa dificulta los esfuerzos de la sexta columna de Rusia para reintegrar el Donbass en Ucrania.

Mártires del totalitarismo liberal

Desde una perspectiva global, la masacre de Odesa es uno de los muchos episodios en que occidente (Europa y los EEUU) han cometido los más brutales crímenes a favor de fuerzas geopolíticas y alianzas. Esto también es parejo a su apoyo a violentos matones en Siria. Esta política no es nada nuevo, como la salvaje naturaleza de tales crímenes sangrientos fue expuesta por primera vez en la limpieza étnica anti-serbia en Kosovo. En general, estos crímenes demuestran el vacío de todas las promesas “humanitarias” del liberalismo europeo y americano.