Franco: Cuarenta años de paz, justicia social y prosperidad

29.10.2019

A todos nos afecta. Ya no sirve la bromita progre y cierta de que “contra Franco vivíamos mejor”. Se acabó el antifranquismo de opereta. El antifranquismo, hoy, impide derechos constitucionales básicos como el derecho de reunión, de manifestación, de respeto a las creencias ajenas que, sostenían, era fundamento de la democracia. Se discrimina por razón de ideología, de creencias. Se acepta el chantaje, se nos impone cómo debemos expresar el dolor por nuestros difuntos y se prohíbe cualquier evocación de quien nos gobernó tan acertadamente durante cuarenta años. El día 4 de noviembre se cumplieron 127 años del nacimiento de nuestro Caudillo Francisco Franco Bahamonde.
Pero ocurre que, quienes llevaron a España al desastre económico, la desintegración territorial y el enfrentamiento civil, vuelven a tener patente de corso para amedrentar, insultar, prohibir, coaccionar y violentar vidas y haciendas, todo ello con la complicidad suicida de una derecha desnortada y sin principios, cobarde y acomodaticia, servil y contemplativa con quien no respeta ninguna regla que no le beneficie. Caminamos hacia la barbarie, que a nadie le quepa duda. Pronto, si no se frena este proceso revolucionario de la nada, veremos como dejan de respetarse vidas y haciendas. Conocemos el proceso y sus consecuencias. La izquierda utópica de un marxismo inepto y criminal, nos muestra a diario su nostalgia y su miseria: No pueden vivir sin Franco.
Lo que ocurre es que Franco desde la Eternidad y desde la Historia, les recuerda lo que hizo de España. De ahí que, unos y otros, pretendan silenciarnos. Con Franco no habría seis millones de parados, uno y medio en el umbral de la miseria y mantenido por los comedores sociales de beneficencia. Con Franco no estaría Cataluña pidiendo la independencia, ni los catalanes manipulados hacia la pobreza, pidiendo un imposible. Con Franco no habría 17 Autonomías sangrando la economía de la Nación para mantener a una “casta política” endogámica y despreciable. Con Franco no estaríamos suplicantes ante Europa, pidiendo una moratoria financiera o el rescate. Con Franco no habrían quebrado las Cajas de Ahorro, ni estafado a los indefensos ahorradores, con artificios financieros.
Con Franco los trabajadores no serían meros instrumentos de agitación política, al servicio de unas Centrales cuyo único logro ha sido incautarse de los edificios de la Organización Sindical creada por Franco, y vivir holgadamente de los Presupuestos del Estado. Con Franco todo progresaba, menos los vividores de la política, los sindicatos de clase, la corrupción y el separatismo.
El antifranquismo esta nervioso y temeroso de que el pueblo se de cuenta que los malos son ellos, los que nos han vuelto a llevar donde solíamos, a la cola de Europa y del paro, al pan y circo, futbol y movida. Tontos útiles, pesebreros de un antifranquismo que cada vez cotiza menos, aunque se pague bien y sea mas virulento.
Desde que se les cayó el Muro de Berlín y la estatua de Lenin, andan estos antifranquistas de charanga y pandereta, de subvención y desmemoria histórica, de chantaje y opereta, desnortados y sin pedigrí. Como la mentira y la propaganda es consustancial a su filosofía y existencia, son incapaces de enfrentarse al decepcionante presente que han contribuido a crear. Por eso repiten una y otra vez, su mantra, contra Franco. No han aprendido a vivir sin Franco. Ya que no han podido derrotarlo en vida, pretenden borrarlo de la memoria colectiva mediante Leyes, Decretos, disposiciones administrativas varias. Todo inútil. Porque la historia vuelve, no sólo como enseñanza, sino también para señalar las causas que produjeron los indeseados efectos de 1936. Y eso es imposible de borrar del imaginario colectivo. Ya Stalin, vuestro papito venerado, lo intentó en Rusia con la mayor masacre colectiva de la historia, y mirad el resultado, ochenta años después.
Definitivamente la izquierda post-mortem de Mayo del 68 no tiene remedio, padece una “franquitis aguda” consistente en pretender borrar, vano intento, de la historia y de la memoria del pueblo español la etapa de mayor progreso social, armonía, cohesión interna y paz de los últimos dos siglos. Para ello se valen de los instrumentos de siempre: la cobardía de sus oponentes de la derecha, y la coacción como última ratio, donde la propaganda y la manipulación no llega. Así han obtenido que algunas calles de Madrid y del resto de España se pongan nombres a la calles de “asesinos” que quisieron destruir a España, mientras los héroes que la engrandecieron son borrados. Asesinos como De Juana Chaos o Bolinaga están en la calle ensalzados, mientras las víctimas sufren el doble escarnio de la incomprensión e injusticia. Felipe González, el Presidente del “crimen de Estado”, de la corrupción, del control y politización de la justicia, de la primera crisis económica y hundimiento de la Seguridad Social; es homenajeado; mientras se intenta impedir el homenaje mínimo debido a quien desde su nacimiento, hace 120 años, no hizo otra cosa que servir y engrandecer a su patria y el bienestar de su pueblo.
Ya Marcial, que no era un jugador de futbol, sostenía en el siglo I después de Cristo que “a Dios y al soldado todos los hombres adoran en tiempos de guerra, y sólo entonces. Pero cuando la guerra termina, y todo vuelve a su cauce, Dios es olvidado y el soldado vituperado”. Nada, bueno o malo, nos es ajeno. Todo es, en general, debido a nuestra acción u omisión voluntaria. Si vivimos una democracia degenerada y con una izquierda patibularia nuestra es la responsabilidad y a nosotros corresponde corregirla. Comencemos por la historia.