División geopolítica en el partido alemán Die Linke (La Izquierda)

03.06.2016

Durante los días 28 y 29 de mayo se celebró en la ciudad alemana de Magdeburgo, el congreso del partido alemán "La Izquierda" (Die Linke). Los representantes de uno de los mayores partidos de la oposición alemana eligieron a su liderazgo y discutieron los planes para el desarrollo del partido en el período previo a las elecciones parlamentarias que se celebrarán en 2017. Como era de esperar, fue reelegida la dirección del partido. Katja Kipping y Bernd Riexinger fueron reelegidos como co-presidentes. Sin embargo, los últimos acontecimientos demostraron que no han podido manejar los desafíos del año pasado, ya que la popularidad del partido se redujo significativamente en su bastión, Alemania Oriental. El congreso también puso de relieve la división interna dentro del partido a causa de su postura sobre los inmigrantes y la posibilidad de una coalición más amplia con otros partidos de izquierda.

"La Izquierda" como fenómeno político

"La Izquierda" se formó originalmente a partir del Partido Socialdemócrata de Alemania y representantes del Partido del Socialismo Democrático, popular en Alemania del Este y sucesor del Partido Socialista Unificado de Alemania, el partido de gobierno de la RDA. En las últimas elecciones de 2013, el partido obtuvo el 8,6% de los votos, obteniendo así 64 de los 630 escaños del Bundestag.

Desde el principio, el partido ha unido a las fuerzas más dispares: la vieja izquierda criada en el espíritu marxista-leninista de la Alemania del Este, la izquierda "reformada" de Alemania Oriental (el más típico ejemplo, Gregor Gysi), la "Nueva Izquierda" y la izquierda radical del oeste de Alemania, y a Trabajo y Justicia Social – La Alternativa Electoral (WASG), un partido compuesto en gran medida por  disidentes socialdemócratas y sindicalistas encabezados (de manera no oficial) por Oskar Lafontaine, ex ministro de finanzas alemán entre 1998 y 1999. Lafontaine, soberanista alemán y seguidor del economista Friedrich List, quien también se posicionó en contra de atraer mano de obra extranjera al país, ya que dañaba los intereses de los trabajadores alemanes, apoyó en serio al partido desde el punto de vista electoral. Sin embargo, esto ha provocado que "La Izquierda" haya sido criticada por los radicales de izquierda y por aquellos que no tienen ningún principio relativo a la defensa de los intereses de la clase obrera alemana, sino sólo acerca de la protección de intereses minoritarios y de atraer a los inmigrantes.

La crisis de los refugiados y sus secuelas

En 2015, la crisis de los refugiados en Alemania trajo las viejas diferencias a un primer plano. La jefa de la fracción parlamentaria de "La Izquierda" en el Bundestag y esposa de Lafontaine, Sarah Wagenknecht, se opuso con cautela a la política de admisión ilimitada de inmigrantes. Después de los asaltos sexuales durante la víspera de Año Nuevo en Colonia en enero, Wagenknecht declaró: "los que abusan del derecho de hospitalidad, pierden el derecho a la hospitalidad". En marzo concedió una entrevista a la Berliner Kurier, en la que modestamente se atrevió a decir: "No todos los refugiados pueden venir". "No podemos tener un millón de refugiados o más cada año", dijo. Eso fue suficiente para asegurarse que los representantes de la izquierda radical dentro del partido comenzaran a criticar con dureza a Wagenknecht. Y en la conferencia del partido en Magdeburgo, radicales de izquierda "antifascistas" incluso le dieron un tartazo. Anteriormente, habían cometido el mismo acto grosero con la diputada del partido de derecha "Alternativa para Alemania" Beatrix von Storch.

La crisis migratoria y la confusa posición del partido sobre los inmigrantes (la dirección ha tratado de desvincularse de las declaraciones de Sarah Wagenknecht) asestaron un duro golpe a las posiciones del partido en Alemania del Este. Por lo tanto, de acuerdo con recientes encuestas de opinión, el Partido Demócrata Cristiano (CDU) y su partido hermano bávaro - la Unión Social Cristiana - obtuvieron un 30,5%, y el Partido Socialdemócrata (SPD), un 19,5%. El tercer lugar fue para el grupo euroescéptico "Alternativa para Alemania", que es apoyado por el 15% de los alemanes. "Los Verdes" recibieron sólo el 13%, y "La Izquierda" sólo el 10%. La dirección de "La Izquierda" reconoce que "Alternativa para Alemania" recogió parte de su electorado. El antiguo líder parlamentario del partido de izquierda, Gregor Gysi, en una entrevista reciente para la red RND, declaró que estaba "sorprendido de que los pobres, los trabajadores privados de sus derechos, estén votando más en el oeste, ya no somos el partido de protesta en el Este". La AfD ocupó la posición de principal partido de la oposición en Alemania del Este. La razón de la salida del electorado de "La Izquierda" es clara - la posición pro-inmigrante de la dirección del partido - pero en vez de corregir sus errores anteriores, están listos para convertir el partido en un instrumento de intrigas políticas, cuyo principal objetivo es aislar a la cada vez más popular "Alternativa para Alemania."

La estrategia contra la AfD

El órgano de La Izquierda - Neues Deutschland - comenzó una campaña para promocionar la formación de una coalición de izquierda con el SPD y los Verdes contra la "fascista" AFD. Uno de los principales promotores de esta idea dentro de "La Izquierda" es Gregor Gysi. Paradójicamente, la alianza del partido con los partidos de izquierda liberal fue llamada "Estrategias contra la tendencia a la derecha". Los grupos trotskistas afiliados a "La Izquierda", Marx 21, Alternativa Socialista (SAV), y la Organización Revolucionaria Internacionalista (RIO), abogaron incluso por una alianza con la Unión Cristianodemócrata y la Unión Socialcristiana para detener a la AfD. La dirección del partido, en particular Katja Kipping y Bernd Riexinger, comparten la idea de una amplia coalición. Sarah Wagenknecht, a su vez, se opone a esta ruta.

"Un candidato común a canciller con los partidos que siguen defendiendo desmantelar el estado de bienestar, las pensiones de pobreza, los empleos precarios, el TTIP, y la exportación de armas a zonas de guerra, realmente dejaría a "La Izquierda" sin tuétano y débil", declaró en una entrevista para el grupo de medios WAZ. En el Congreso del partido culpó a la actual coalición por sus políticas neoliberales y una vez más rechazó la idea de una coalición anti-AfD.

La división geopolítica

Así, vemos que hay dos líneas con respecto a la posición del partido en el nuevo entorno dentro de la dirección de "La Izquierda". Por un lado, Sarah Wagenknecht, de la vieja izquierda que simpatiza abiertamente con el "socialismo real" soviético y de la Alemania del Este, que se pronuncia en contra de una alianza con los partidos de la izquierda liberal que siguen la agenda atlantista pro-estadounidense. Al mismo tiempo, ella, como su marido, se oponen a la inmigración sin restricciones, ya que es una herramienta del capital global que se utiliza para socavar la posición de la clase nativa obligándola mediante la creación de un nuevo ejército de reserva de trabajadores con salarios bajos. En el caso de la pareja Lafontaine-Wagenknecht vemos la unión de la antigua izquierda soviética "estalinista" y la parte soberanista de la socialdemocracia europea a un nivel personal y político. La orientación geopolítica continentalista, la postura anti-globalista y el deseo de proteger los intereses de los trabajadores alemanes, hacen a esta parte de la izquierda más cercana a los euroescépticos de derecha continentalistas, especialmente a la AfD.

Por otro lado, vemos a los partidarios de la alianza "la reconstrucción de Alemania del Este" (Gregor Gysi), a los libertarios de izquierda (Katja Kipping) y a los trotskistas, con partidos del sistema, contra la AfD. Se debe prestar atención especial en esta alianza a los Verdes, que representan un movimiento político que comparte el programa emancipatorio de la izquierda posterior a 1968 (el marxismo cultural), pero carece por completo de ideas acerca de la protección de los intereses de la clase trabajadora. De hecho, todos estos nuevos izquierdistas están más preocupados por la protección de las minorías que por la promoción de los intereses de los trabajadores alemanes, convirtiéndose así en la parte más agresiva de los liberales en la promoción de la misma viciada agenda globalista. Ellos quieren, no sólo marginar a la AfD, sino destruir cualquier alternativa para Alemania, destruyendo a "La Izquierda" como partido de la clase obrera alemana para reorganizarlo como un partido más de la izquierda europea, financiado por Soros, títere pro-sodomía, amante de la inmigración, una banda de doctrinarios liberales de izquierdas. Una victoria de esta línea hace que el desplazamiento de la posición de Sarah Wagenknecht de la dirección del partido sea cuestión de tiempo. Si ella no puede encontrar un socio para la lucha anti-globalista, ella y sus seguidores serán marginados.

El escenario más temible para el establisment y los globalistas alemanes sería una unidad, tal vez no formal, sino una profunda y esencial comprensión mutua y de apoyo entre los representantes continentalistas de izquierda y de derecha. Entonces tendrían la oportunidad de resistir juntos a las coaliciones globalistas. Naturalmente, los globalistas tratarán de evitar esto poniendo presión sobre Sarah Wagenknecht y sus partidarios "de la izquierda" y sobre la líder de la AfD, Frauke Petry, "de la derecha".