Discurso del Patriarca Kirill en la apertura del Consejo Mundial Popular ruso

03.11.2016

Еl 1 de noviembre de 2016, Su Santidad el Patriarca de Moscú y de Toda Rusia, Kirill, intervino en la apertura del XX Consejo Mundial Popular ruso, "Rusia y Occidente: El diálogo de los pueblos en busca de respuestas a los retos de la civilización"

Eminencias, honorables participantes del Consejo Mundial de los Pueblos de Rusia, hermanos y hermanas!

Me gustaría dar una cálida bienvenida a todos a esta 20ª reunión de nuestro Consejo. Nuestro Consejo ha hecho una parte difícil del camino y, en estos 20 años, el mismo camino tan difícil ha pasado todo nuestro pueblo y nuestro país. Y hoy, como siempre, tratamos de hablar en esta reunión del Consejo sobre los temas que preocupan a la mayoría de la gente. Por supuesto, en la agenda hay muchos aspectos de este tipo y no es tan fácil aislar quizás el más importante de todos, el más principal. Pero después de mucha deliberación, la Oficina del Consejo y el Presídium del Consejo tomaron la decisión de hablar sobre el tema "Rusia y Occidente", sobre lo que está ocurriendo hoy en día en nuestras relaciones y, tal vez, ver el problema de Rusia y Occidente no tanto desde la perspectiva de la agenda política a corto plazo, que puede conducir a conclusiones y suposiciones erróneas, sino tratar de ver el problema desde el punto de vista ideológico, desde un punto de vista histórico y desde un punto de vista de lo espiritual.

Cuando se trata de las relaciones entre Rusia y Occidente, incluso refiriéndonos sólo a los términos "Rusia y Occidente", por lo general hay dos tipos de asociaciones. La primera trata sobre la idea de que la sociedad occidental siempre ha sido portadora de las ideas progresistas y los logros a los cuales estan asociadas: la comodidad, la riqueza material y el progreso tecnológico, y todo lo que proviene de Rusia se está quedando atrás en su desarrollo. Al mismo tiempo, con el fin de volver al "buen camino", Rusia sólo necesita adoptar las tendencias sociales, políticas y económicas de desarrollo que caracterizan la vida de Occidente, en otras palabras, copiar los modelos existentes y examinar las tendencias en el desarrollo de la sociedad occidental. Como ha demostrado la historia, este enfoque de "puesta al día" difícilmente puede ser llamado el interés nacional. Además, el principio de "ponerse al día" a priori implica el atraso: si nosotros debemos alcanzar, siempre nos estamos quedando atrás, por lo que en este enfoque del modelo occidental como ideal y como un ejemplo para el desarrollo, hay algo peligroso para el desarrollo de Rusia.

El segundo punto de vista expresa la idea de un supuestamente implacable e innato antagonismo existente entre los dos mundos: la civilización de Occidente y la civilización del mundo de Rusia.

Los partidarios de ambos modelos, para demostrar su veracidad, pueden justificarlo con un número suficiente de ejemplos históricos. Sin embargo, estos ejemplos serán bastante contradictorios.

Hay ejemplos de que la asimilación de los logros de la civilización occidental tuvieron un carácter favorable para Rusia. ¿Cómo no recordar, en este caso en particular, el siglo de "oro" de Pushkin de la cultura rusa, y, por supuesto, los impresionantes logros del desarrollo de Rusia en el siglo XVIII, en ciertos períodos del siglo XIX y, al menos en el comienzo del siglo XX?.

Sin embargo, se debe recordar que la transferencia ciega a la tierra rusa de los modelos ideológicos y políticos no rusos, sin contar con las especificidades nacionales y el contexto espiritual y cultural, a menudo, o más bien, casi siempre tiene como resultado perturbaciones masivas y tragedias, como sucedió en nuestro país al principio y al final del siglo pasado.

En la historia de nuestras relaciones con el mundo occidental hubo momentos de confrontación armada abierta, cuando la resistencia a la agresión era para nuestro pueblo una cuestión de vida o muerte. Así fue, por ejemplo, en 1612, 1812 y 1941, respectivamente, cuando defendimos nuestros derecho a la vida, a la libertad y a la independencia.

Pero para la propia sociedad occidental, la confrontación con Rusia, muy a menudo tambien condujo a consecuencias desastrosas. La confrontación exacerbaba las contradicciones existentes, dando lugar a una gran pérdida económica, política y de reputación, y lo más importante, al costo de considerables pérdidas de vidas humanas.

Sin embargo, es importante darse cuenta de que lo que llamamos en conjunto el "mundo occidental", de ninguna manera es una sustancia homogénea. Existen transnacionalistas y globalistas, hay cristianos tradicionalistas, como tambien euroescépticos nacionalistas y de izquierdas. Y hoy en día es necesario aclarar: ¿de cuál Europa estamos hablando? En la actualidad existen muchas "Europas": una posee unos valores religiosos, la otra tiene sus estrechos intereses nacionales, la tercera es globalista. Necesitamos entender cómo tratar a cada una de ellas.

Es por eso que ambos modelos que describen la relación entre Rusia, los Estados Unidos y los países europeos, tanto el modelo del atraso como el de la confrontación, ya no se corresponden con la situación espiritual y cultural real en el mundo. Creo que es muy importante para nosotros comprender y partir de esto en el momento de determinar el futuro de nuestras relaciones con Occidente.

El segundo punto importante a tener en cuenta, es la sensación profunda de crisis de identidad que afecta a la sociedad occidental. La base de esta crisis es la contradicción del orden espiritual: por una parte, hay en la sociedad unas tendencias globalistas, ideas de secularidad deliberada y utilitarismo promovidas activamente, y por otra, las tradiciones culturales nacionales que tienen una historia cristiana y unas raíces espirituales cristianas que están resistiendo a todo esto.

Como resultado, el modelo moderno de sociedad es cada vez menos capaz de reproducirse a sí mismo. Este modelo no es capaz de seguir aquellos ideales que fueron inscritos en las banderas de las revoluciones burguesas de los siglos XVI-XIX. Las palabras "hermandad" e "igualdad" se han marchado del vocabulario político liberal, sin embargo, antes estas palabras eran muy importantes, incluso se puede decir, que una vez ocuparon un lugar central en este vocabulario. Pero, por otro lado, hay una gran cantidad de definiciones de la palabra "democracia" que demuestran los problemas con las instituciones y los principios democráticos. La misma historia ocurre con los derechos humanos: en algunas partes del mundo no se dan cuenta de sus violaciones, en cambio en otros, prestan mucha atención e incluso con exageración.

Pero hay señales que indican la posibilidad de un cambio gradual de origen filosófico. Estos hechos indican, en particular, procesos que son ya bastante evidentes en varios países europeos donde hay una demanda social de un retorno a los valores morales, incluyendo a los cristianos.

Otro aspecto importante de la cooperación: el intercambio cultural. Y lo principal aquí es una separación razonable de los valores verdaderos de los falsos valores.

Dios creó al hombre libre. Y cada persona, naciones enteras y grupos de personasson libres de elegir su camino: el camino de la creatividad cultural, del desarrollo y, hablando el lenguaje de la religión, el camino del trabajo conjunto con Dios. La libertad otorgada a nosotros por el Creador, excluye la presencia de un único camino de desarrollo sin ninguna otra alternativa, en el cual algunas naciones prosperan mientras que otras se quedan atrás.

Por lo tanto, sería correcto hablar, no de los caminos de desarrollo de Rusia y Occidente que están yendo uno hacia el otro, y no de un vector de desarrollo de Rusia que intenta alcanzar al otro, sino, después del gran científico ruso Nikolai Danilevsky, reconocer el camino paralelo de desarrollo de nuestras sociedades. Paralelo en este caso no significa aislado. Paralelo no implica la exclusión mutua. Paralelo insiste en la identidad y el derecho a la existencia de dos caminos de desarrollo.

Sobre la base de los principios cristianos del orden mundial Divino, que son la libertad y el amor, debemos afirmar la igual dignidad de todas las culturas y civilizaciones, con exclusión de cualquier intento de dictar e imponer unas normas políticas y culturales unilaterales, debemos buscar el entendimiento mutuo, la cooperación equitativa y mutuamente enriquecedora.

La base de las relaciones, tanto entre los seres humanos individuales como entre las comunidades humanas, debe basarse en la cooperación y la colaboración, pero no en detrimento de sus intereses, y sin nuevas líneas divisorias adjudicando etiquetas como las de "mundo civilizado", "mundo bárbaro", el "eje del bien", o el "eje del mal".

Nos enfrentamos a desafíos comunes, pero los percibimos de manera diferente. Por supuesto, estamos unidos en el hecho de que la humanidad se ve amenazada por el terrorismo internacional y por la perspectiva de la proliferación de armas de destrucción masiva. Del mismo modo nos preocupan los riesgos de epidemias globales, la aparición de nuevos tipos de virus mortales, así como los desastres naturales y tecnológicos.

Al mismo tiempo, nosotros, los representantes del mundo ruso, llamamos a prestar atención no sólo a los cambios en las condiciones externas de nuestra existencia, sino también a los cambios en nuestro interior, que afectan el alma humana.

Estamos, por supuesto, entristecidos por la posibilidad de la desaparición de especies biológicas, por el destino de nuestros "hermanos más pequeños", la extinción de la biodiversidad que fue creada por Dios. Pero no menos alarmante para nosotros es la perspectiva de la extinción de los pueblos, lenguas, culturas, en otras palabras, de la diversidad étnica y cultural que existe en el mundo.

Creemos que hoy en día no se puede eliminar de la agenda el problema de la actitud inhumana hacia los niños no nacidos, lo que lleva consigo los abortos en masa, la destrucción de la institución familiar, la erosión de los valores morales básicos, el ataque agresivo contra la cultura religiosa tradicional, que, en particular, se expresa en la política de deliberada descristianización a gran escala.

El socavamiento de los fundamentos morales de la existencia humana que ocurre ante nuestros ojos, amenaza con la deshumanización del mundo. No es por casualidad que los futurólogos aumenten cada vez más el tema de lo posthumano y el transhumanismo, cuya doctrina de la pronta resolución de la naturaleza humana y la aparición de una nueva clase de seres inteligentes, se está haciendo cada vez más popular.

Por último, no podemos no mencionar el problema del desarrollo social y económico desigual, inducido en gran medida por las injustas relaciones económicas internacionales.

Así son los diferentes enfoques sobre una amplia gama de temas globales. La cuestión, sin embargo, consiste en que estas diferencias, por desgracia, aumentan cada vez más. La razón de esto consiste en la creciente brecha de valores entre Rusia y los países de la civilización occidental, que no existía ni siquiera durante la época de la Guerra Fría.

En aquel entonces, Occidente todavía estaba unido y no puso en duda los fundamentos cristianos de su identidad, y en la Unión Soviética, a pesar del ateísmo declado del estado soviético, en gran medida dominaban los valores cristianos y la ética tradicional formados en una sociedad cristiana, lo que claramente está representado en nuestro cine y literatura soviéticas. Gracias a esta base de valores comunes fue posible el diálogo que se prolongó durante décadas, a pesar de las diferencias ideológicas y los modelos económicos. El mero hecho de llevar a cabo ese diálogo ha contribuido a la solución de muchos problemas, y estoy seguro de que, al final, ayudó a evitar la Tercera Guerra Mundial.

Aquí me gustaría decir unas pocas palabras sobre la acción exterior de la Iglesia Rusa en aquel momento. Ustedes saben que nuestra Iglesia ha participado activamente en el llamado movimiento ecuménico que consistía en llevar un diálogo con los cristianos occidentales. ¿Y por qué este diálogo era posible? Porque en los cristianos occidentales, ya que poseían, en primer lugar, una posición ética, vimos unas personas que comparten nuestros pensamientos. Hemos visto que el mundo cristiano occidental ,sin duda, comparte los mismos valores en cuanto a la persona humana, la familia, la relación con Dios, la naturaleza, el hombre, lo que ha creado las condiciones previas para el diálogo. Hoy en día, esta plataforma común de valores esta destruida, debido a que una parte importante del cristianismo occidental está revisando la posición moral evangélica fundamental en favor de los poderes fácticos. Por lo tanto, el diálogo se ha detenido, con la excepción de nuestras relaciones con la Iglesia Católica, porque la Iglesia Católica, y Dios quiera que sea siempre así, se mantiene fiel a los valores del Evangelio, a pesar de la enorme presión del mundo exterior. Hoy, nuestras relaciones externas entre las iglesias y los cristianos casi no incluyen un diálogo real con el protestantismo occidental. Ese hecho indica la aparición de nuevas líneas divisorias que están no sólo entre las religiones, sino tambien en la civilización.

La descristianización de Europa y América cuestionó la base de valores comunes que tuvo lugar durante la mayor parte del siglo XX. Esto lleva a una confusión total, cuando se produce una sordera mutua en la discusión de los problemas más acuciantes. Cuando un lado con indignación se pregunta: "¿Cómo es posible insultar públicamente los sentimientos religiosos de millones de personas?", y el otro, no menos indignado, hace otra pregunta: "¿Cómo se puede infringir el derecho de una persona a la libre expresión?"

Hay que reconocer que la invasión de las zonas tabú especialmente delicadas, incluidas las del ámbito de los sentimientos religiosos, complica la comprensión de las élites europeas y americanas no sólo con Rusia, sino también con otras culturas del mundo que se basan en la ética religiosa tradicional, en primer lugar, por supuesto, con el mundo musulmán. La invasión masiva de información en gran medida calienta y estimula el crecimiento del radicalismo islámico, que justifica sus acciones ante la agresiva política secular, hostil y sin principios espirituales (en su opinión) de la sociedad occidental.

Por lo tanto, el reto del terrorismo internacional, el hecho con que comenzamos nuestra lista de desafíos comunes, y con respecto a lo cual la posición de Rusia, los EE.UU. y las regiones europeas está lo suficientemente cerca, debe considerarse en relación con el problema de la destrucción de las normas morales y éticas tradicionales. Estos son los desafíos interconectados que amenazan a la humanidad. Y surge la pregunta: ¿Es posible que el reto y las prácticas del Islam radical fueran como una respuesta a los desafíos del secularismo radical? Y si la actividad extremista mundial de los islamistas radicales se debe no sólo a razones ideológicas, sino también a muchas otras, que son muy conocidas por los políticos, los científicos, y todos los que estudian el problema del terrorismo moderno, entonces, al menos, como un disparador, como un argumento para el reclutamiento de gente honesta, sin duda, se utiliza el enganche de la civilización occidental deshumanizada y sin Dios. No hay otra cosa con la que se pueda ofender a un musulmán honesto y animarlo a luchar contra la "civilización diabólica." Por lo tanto, en el momento de considerar ambos fenómenos es necesario relacionarlos entre sí: el terrorismo, que es un método absolutamente inaceptable que trae consigo un enorme sufrimiento de personas inocentes; y el secularismo radical que excluye cualquier otro punto de vista y sugiere que todo el mundo debe ser construido sobre el modelo definido por las élites de algunos países.

La creciente brecha entre el valor de las civilizaciones es alarmante. Si no hay comprensión, no podemos ofrecer una respuesta a los desafíos de nuestro tiempo que sea aceptable para todos. Una mayor intensificación de las contradicciones corre el riesgo de convertirse en un abismo ideológico insalvable.

Sin embargo, la oportunidad de continuar el diálogo y "construir puentes" no se ve hoy en día tan desesperadamente imposible. Muchos hechos sugieren que el rechazo fundamental de los valores espirituales y morales tradicionales en el que insisten las élites occidentales, no encuentra un amplio apoyo entre la población. Sabemos que, además del punto de vista oficial que forman los medios de comunicación, hay otra América y otra Europa.

Dentro de las sociedades americanas y europeas hay un deseo pronunciado por preservar sus raíces cristianas y las tradiciones culturales. Este compromiso se refleja en la búsqueda religiosa, la creación artística y la vida cotidiana.

Por lo tanto, junto con las nuevas amenazas aparecen nuevas esperanzas. La reunión en La Habana con el Papa Francisco, ha mostrado un gran interés en el diálogo con la Iglesia ortodoxa rusa por parte del mundo católico en toda la gama de temas que estamos discutiendo hoy.

Mientras tanto, en mi opinión, el conflicto más grave de nuestro tiempo no es el conflicto llamado por el filósofo estadounidense Samuel Huntington como "choque de civilizaciones", y tampoco es la lucha de las culturas religiosas y nacionales entre sí, como con frecuencia desean mostrar los poderosos, o incluso la confrontación entre el este y el oeste, o el norte y el sur, sino que es el choque de un proyecto transnacional, el secularismo radical globalizado, con todas las culturas tradicionales y con todas las civilizaciones locales. Esta lucha se lleva a cabo no sólo en las fronteras que separan a los países y regiones, sino también dentro de los países y los pueblos, y no descarto que tambien en nuestro país. Y aquí hay una colisión de dos mundos, dos puntos de vista sobre los derechos y el futuro de la civilización humana.

La verdadera alternativa a este proceso no está en una "guerra de todos contra todos", ni en la inmersión mundial en el caos o en luchas internas dentro de cada país, sino en un nuevo diálogo entre los pueblos que debe ser realizado sobre una base totalmente nueva. Un diálogo destinado a la restauración de la unidad de los valores en los que cada una de las civilizaciones, incluyendo nuestra civilización rusa, podría existir sin perder su identidad.

Sólo en el marco de este diálogo podemos encontrar respuestas a preguntas acerca de cómo derrotar al terrorismo, cómo proteger a la familia tradicional y el derecho de los niños no nacidos a la vida, la forma de garantizar el equilibrio migratorio, de combatir el hambre y las enfermedades, la forma de respetar las creencias del otro al darse cuenta de que la libertad debe tener límites morales.

Creo que el Consejo Mundial de los Pueblos de Rusia podría hacer una contribución significativa al desarrollo de este nuevo diálogo entre los pueblos. Estoy convencido de que sólo sobre la base de los valores espirituales y morales eternos es posible superar con éxito los existentes retos de la civilización.

Sinceramente les agradezco su atención y les deseo la ayuda de Dios en los trabajos de Consejo, y en las obras para el bien en nombre de la verdadera paz y la justicia en nuestro planeta. Gracias por su atención.