Un demoledor informe de dos diputados revela el elevado grado de infiltración islamista en los servicios públicos franceses

01.07.2019

El diario parisino Le Figaro ha publicado un demoledor informe sobre la infiltración islamista en los servicios públicos galos que ha conmocionado a la sociedad francesa. La investigación, realizada por dos diputados de la Asamblea Nacional, Éric Diard y Eric Poulliat, analiza sectores claves para la vida pública, desde las Fuerzas de Seguridad a los transportes o las prisiones, pasando por la educación o los deportes, y pone negro sobre blanco lo que las élites políticas, intelectuales y culturales francesas llevan varias décadas negando: el islam militante y conquistador está avanzando a un ritmo rapidísimo en el suelo francés. Tal y como explica el propio Le Figaro en un fulminante artículo editorial, “además de efectuar sangrientos y espectaculares actos de terrorismo, el islamismo se está colando por todas las partes de la sociedad francesa como si fuera una zarza. En cuanto a la delincuencia, incluso podemos hablar hoy de un islamismo de cuello blanco. El número de salafistas detectados habría aumentado en quince años de 5.000 a 50.000 militantes”.

El trabajo revela que, a fecha del 29 de mayo de 2019, 21.039 personas se encontraban registradas en Francia como posibles protagonistas de procesos de radicalización terrorista islamista. De este monto total, 10.092 elementos radicalizados “están completamente activos” y alrededor de 1.500 ejercen “profesiones sensibles en sectores estratégicos como el transporte terrestre y aéreo, la seguridad o la atención directa de cara al público”. De hecho, los relatores de la Asamblea Nacional francesa explican que, por ejemplo, es muy importante tener en cuenta que en sectores como los de las policías municipales o los de la seguridad privada, los controles anti-radicalización islamista son “menos estrictos”, elemento que tiene una importancia clave: miles de estos profesionales serán reclutados de cara a los Juegos Olímpicos de París de 2014 y, por lo tanto, resulta urgente “reforzar los controles” y poner en marcha nuevos organismos de inspección.

El informe de los diputados Éric Diard y Eric Poulliat denuncia que «la política de prevención y detección de la radicalización islamista sigue sin desarrollarse en los servicios de salud pública” y considera escandaloso que, en el ámbito de la educación superior, por ejemplo, no exista ninguna línea de colaboración entre las universidades de París y la Prefactura de Policía (DRPP) de la capital francesa. El propio prefecto de la Policía, Michel Delpuelch, citado en el texto, explica que, en su opinión, «existe una cierta renuencia por parte de la Universidad a ponerse en contacto con la policía, ya que el DRPP nunca ha recibido un informe de ninguno de estos centros”. Los autores de la investigación proponen que en todas las universidades franceses se desarrolle “un sistema de vigilancia” contra la radicalización islamista, nombrando un encargado de este tema e impulsando comités de seguridad.

Los responsables de la investigación, que se ha construido sobre decenas de entrevistas y centenares de horas de investigación y análisis de normativas y estretegias institucionales, hace una mención especial sobre la pujanza de la radicalización islamista en el sector deportivo francés. “La radicalización islamista en el contexto de la práctica deportiva puede adoptar diversas formas. Puede consistir en exigir una oración colectiva en los vestuarios o, incluso, en las competiciones, hasta la exigencia de que toda la comida haya de ser exclusivamente halal o la obligación de llevar calzoncillos en la ducha. Algunos competidores se niegan a inclinarse ante sus oponentes afirmando que solamente se inclinan ante Alá. En lo que hace referencia a la vestimenta, los ‘leggings’ que cubren todas las partes del cuerpo, los hiyab y velos se están extendiendo en la práctica competitiva, aunque algunas regulaciones prohíben este tipo de ropa. Pero, por otro lado, parece que las federaciones delegadas respaldan algunos de estos trajes (por ejemplo, usar ‘leggings’). En caso de conflicto, el velo a veces es reemplazado por un pañuelo. Algunos clubes no están abiertos para las mujeres o éstas no pueden entrenar allí al mismo tiempo que los hombres. Una federación de deportes de combate incluso habría pedido a su director técnico nacional que tomara en cuenta las fiestas religiosas musulmanas para establecer el calendario de competiciones”.

Le Figaro explica en su editorial que esta gangrena proselitista es el fruto “tanto de años de cobardía como de una ‘benevolencia’ culpable de las autoridades”. Para el periódico galo resulta escandaloso que todos los que hacen sonar la campana de alarma ante la infiltración islamista en los servicios públicos franceses sean considerados como reaccionarios, intolerantes e iluminados. “Sin embargo, es importante no invertir la carga de la prueba. Solo describen la situación de un país que se niega a abrir los ojos” y que olvida lo que afirmó el propio Gerard Collomb antes de abandonar su puesto en el Ministerio del Interior: “Hay que temer que mañana vivamos ‘cara a cara’ una versión local de la guerra de civilizaciones”.

Por todo esto, afirma Le Figaro, debemos enviar señales evidentes de firmeza ante esta infiltración islamista. “Esperamos estas señales del Presidente de la República”.

(La Tribuna del País Vasco)