Revisión de libro: “Putin y la reconstrucción de la Gran Rusia”

19.12.2016

“Putin y la reconstrucción de la Gran Rusia” representa el primer intento realizado por un apreciado e importante editor y diplomático, el ex-embajador de Italia en Rusia, Sergio Romano, para describir al presidente Putin no como un “autócrata”, “tirano” o simplemente uno “que todas las semanas encuentra nuevas maneras para aterrorizar al mundo”, sino como un “líder de un gran país que tiene intereses legítimos y ambiciones comprensibles”. Romano, que es columnista del Corriere della Sera, intenta interpretar el enfado occidental contra Putin y su Rusia como un problema de las mismas democracias occidentales: “Puede que deploremos algunos aspectos de su carácter y su política, pero yo veo siempre a menos gente en occidente con el derecho de impartirle lecciones de democracia”. Añade: “Me pregunto a mí mismo si ¿la democracia es todavía un modelo virtuoso que la Europa de las enfermas democracias y los EEUU de las retorcidas aventuras de oriente medio y el nuevo racismo, tienen el derecho a proponer a Rusia?”. El resultado es por tanto que: “Podemos preguntarnos a nosotros mismos si la misma mala imagen que las democracias están mostrando realmente, no están en el origen del ‘autoritarismo’ de Putin”.

El libro ha de ser considerado no simplemente como una biografía del Presidente Putin o una especie de humilde apología de su figura. Es más que eso: Es un resumen bien documentado de los últimos 30 años de historia rusa y una sucesión de brillantes consideraciones sobre cómo la percepción distorsionada occidental ha sido incapaz de entender el “fenómeno Putin”. Uno de los ejes del libro es el intento de definir la estrategia de Putin para “reconstruir Rusia”. Según Romano, debemos ir más allá de la típica consideración de la reconciliación con el pasado, la restauración de la Iglesia, y la edificación de la conciencia nacional.

Él realmente cree que hemos de considerar una suerte de nueva ideología política y geopolítica debajo de las políticas de Putin. Romano cita en este caso la alocución anual ante la Asamblea Federal que Putin pronunció en 2012, específicamente esta parte de su discurso: “Me gustaría que todos nosotros entendiéramos claramente que los próximos años serán decisivos. Quién tomará la delantera y quién permanecerá en la periferia e inevitablemente perderá su independencia, dependerá no solamente del potencial económico sino principalmente de la voluntad de cada nación, de su energía interna, que Lev Gumilev denominó ‘passionarnost’: La capacidad para avanzar y abrazar el cambio”.

Esta palabra, ‘passionarnost’, es capaz, según Romano, de explicar las “teorías de la originalidad de Rusia en un mundo dominado por las tendencias y modelos hechos en occidente, a menudo con un claro origen estadounidense”. ‘Passionarnost’ es para Gumilev –un importante historiador, hijo de la poetisa Anna Ajmatova, deportada a los campos de trabajo soviéticos durante su infancia- el poder esencial de etnogénesis: “La formación de un nuevo ethnos está siempre conectado con la existencia entre algunos individuos de un impulso interno incontrolable hacia una actividad resuelta, siempre relacionada con los cambios o bien del entorno social o bien del entorno natural”.

Por tanto, Romano cree que “Putin está probablemente convencido que es la manera más sencilla para gobernar Rusia desde el Kremlin, si alguien explica a los ciudadanos su originalidad”.

Passionarnost también ha de ser considerada la razón para la intervención de Putin en Crimea en 2014: “El golpe ucraniano, que como cualquier golpe está siempre juzgado con el criterio de la conveniencia, fue conveniente para los estados que preferían mantener a Ucrania en la esfera occidental y evitar la posibilidad de que se convierta en miembro de la Unión Económica Euroasiática”. Por tanto, la decisión de Putin para intervenir en Crimea fue para proteger a la “diáspora rusa” y para aumentar la conciencia de la nación rusa. Naturalmente la pasión de Rusia en el intento para reconstruir la conciencia nacional es también una reacción a las amenazas generadas por occidente y en particular por la OTAN, y lo que Romano definió en una entrevista reciente como el “lobby anti-ruso”. De hecho, “el error de occidente fue permitir la entrada en la UE y la OTAN –dos aspectos conectados- a un lobby anti-ruso compuesto por cuatro-cinco países que consideran a Rusia como ‘el enemigo’”. Este lobby anti-ruso está compuesto principalmente, según el ex-embajador, por las repúblicas bálticas y Polonia. Esta suposición está confirmada, por ejemplo, por la reciente aprobación en el parlamento europeo de una resolución bastante sorprendente que condenaba la “propaganda rusa”, considerada al mismo nivel que la “propaganda del daesh”. Esta resolución fue propuesta por una burócrata polaca, Anna Fotyga, lo que claramente demuestra hasta qué punto la UE y la OTAN son rehenes de este poderoso lobby rusofóbico.

La acción de este lobby es, sin embargo, una especie de última representación del “mundo unipolar”, por usar una expresión clásica de Putin, dirigida por los EEUU. Así que si podemos admitir que “los Estados Unidos ya no es más un guía del mundo”, entonces debemos preguntarnos a nosotros mismos “¿es esto realmente una cosa mala?”, y también: “Un país que pierde dos guerras, que es directamente responsable de la crisis financiera de 2007/2008, que, cuando intenta reconsiderar sus ambiciones, comete nuevos errores… ¿Podemos dejarles el liderazgo mundial?”. Las provocaciones de la OTAN suponen una nueva perspectiva si consideramos que serán los intentos finales para preservar el liderazgo mundial: En su bulimia insaciable, la OTAN está preparada para engullir a dos Estados norteños –Finlandia y Suecia- que no estuvieron involucrados en la guerra fría. Frente a estas maniobras, Rusia, no sin razón, ha lanzado un grito de alarma”. Al final, parece que occidente y principalmente Europa, son víctimas de una mala perspectiva: “Con sus miedos y su historia dramática, Polonia nos constriñe a ver a Rusia con sus ojos y los ojos de EEUU, junto con otros países, están felices de tener todavía a un enemigo”.

La nueva “guerra fría” no solamente es un error, según Romano, sino también una confrontación que “perdió cualquier nobleza”: “Puede parecer un poco retórico, pero hubo en aquel choque de gigantes [la guerra fría] una cierta cantidad de nobleza. Dos grandes ideas –la dictadura del proletariados y el capitalismo democrático- ofrecieron al mundo dos rutas diferentes hacia un mejor futuro”. A día de hoy, “el comunismo fracasó pero tampoco las democracias occidentales están en mejores condiciones”. Resumiendo su punto de vista, Romano cree que si queremos entender al político, al estratega, y al hombre de Vladimir Putin, debemos hacer una auto-crítica preliminar de las condiciones de nuestros sistemas supuestamente democráticos. Y también debemos entrar en el paisaje de Rusia, un país complejo y único que como dijo el poeta Fyodor Tyutchev: “No puede entenderse con la mente solamente” dado que “en Rusia solamente se puede creer”.

"La mente no puede comprender a Rusia,
  y tampoco se puede medir con "arshin",
Ella ha llegado a ser muy especial-
En Rusia sólo se puede creer".

Tytchev 1866

Умом Россию не понять,
Аршином общим не измерить:
У ней особенная стать —
В Россию можно только верить.

Фёдор Иванович Тютчев