Recrear una pedagogía latinoamericana para la independencia definitiva

10.02.2017

El maestro del Libertador Simón Bolívar, el monumental Don Simón Rodríguez o Samuel Robinson (su seudónimo) nos enseñó que la gran tarea de Nuestra América consiste en inventar o errar. Es decir, si no creamos terminamos repitiendo o imitando y por ende trasplantando experiencias ajenas.

En lo que respecta a la educación, el tema se vuelve crucial porque la educación es la única que genera ciudadanía de la inclusión en una globalización del descarte, y por lo tanto entendemos la educación como inescindible de la calidad educativa. Uno de los grandes mitos derrumbados en América Latina, es el producto que una mayor alfabetización y escolarización no significó una mayor democratización e igualdad de oportunidades.

Ello implica que en la hora de un "orden" multipolar emergente multicivilizacional, desoccidental y de Estados continentales industriales como únicos sujetos de soberanía, debemos rediscutir todo en la agenda educativa, con una enorme audacia, como nos pedía Simón Rodríguez, para no quedar repitiendo frases y rótulos o banderas estáticas, pero que contribuyen a una decadencia estructural del sistema educativo.

Desde un principio rechazamos un primer análisis exclusivamente de indicadores cuantitativos exclusivamente, muy propenso en los organismos internacionales y en sus consultores, porque reflejan la fotografía del problema pero no el problema. También objetamos un análisis didáctico del problema, porque la didáctica - cómo enseñar - es una rama de la Ciencias de la Educación o Pedagogía, y absolutizarla nos desvía. La Educación está mucho mas allá de una cuestión áulica. Primero definamos las prioridades políticas. Y también somos reacios a tratar el tema, la primera vez, desde una cuestión de gestión.

Producto de años de experiencia y estudio, sin dudas lo primero que debe tener cualquier país latinoamericano es un consenso nacional educativo.Y en segundo lugar, ese consenso debe establecer las prioridades de un cáncer con metástasis. Y en esto debemos ser duros, como decía Methol Ferré, debemos utilizar una inteligencia dura en el diagnóstico para ir en un más allá de Simón Rodriguez y no repetir.

Primero, definir la educación: la educación es la transmisión intencional de una cultura. Es plural y no neutral. Consiste en la adquisición de habilidades, competencias y valores para la toma de decisiones en tiempos de incertidumbres.

Segundo, la cultura es el conjunto de elementos materiales y espirituales de un pueblo, que hacen a la identidad.

Primera conclusión: la educación es una parte y la cultura es el todo. Y nuestra cultura es una y plural, es una en la diversidad, mestiza, latinoamericana. Lo homogéneo es la lengua como expresión de la cultura; la religiosidad popular, la Patria Grande y lo diverso, son los matices étnicos que fueron tomando los mestizajes. Pero ello no anula a la Nación Latinoamericana, al decir de Jorge Abelardo Ramos; o a la Patria Grande, al decir de Ugarte; o a la Magna Patria, al decir de Rodó; o a la Patria de la Justicia, al decir de Henríquez Ureña.

El problema esencial es que además de ser el continente más inequitativo del mundo, nunca más vigente la Geopolítica del Hambre de Josué de Castro - del año 1951 -, la separación de tres instituciones claves como agentes socializadores: el Estado, la Escuela y la Familia.

Por otro lado, un sistema educativo es una estructura organizacional y secuencial del Estado para acreditar conocimientos, o sea títulos. Pero puede o no tener política educativa. Ésta es el conjunto de orientaciones activas que debe tener el Estado para lograr un determinado sujeto pedagógico. Por lo tanto, el gran debate en una política educativa pasa por resolver la respuesta de QUÉ ENSEÑAR, y luego CÓMO ENSEÑAR, que serían las técnicas de aprendizaje, o sea, la didáctica, ahora es al revés, primero se discute el cómo y luego el qué.

El sujeto pedagógico para la independencia definitiva consiste en formar ciudadanos argentinos, suramericanos y latinoamericanos, libres, autónomos, emprendedores, solidarios, creadores. Hoy, nuestro sujeto pedagógico más allá de las grandes normativas y discursos escritos y orales, es la NADA.

No entraremos a analizar las deficiencias graves del sistema educativo. Enumeraremos algunas y luego iremos al que consideramos el principal.

Existe una falsa dicotomía entre lo público y lo privado, todas las instituciones educativas son públicas, lo que cambia es el modo de gestión, que puede ser privado o público, y deben complementarse. Quedarse en esa disputa es quedarse en el pasado.

La Reforma del 18 se ha convertido en un lindo discurso. Pero hoy los programas de las listas para llegar a cargo electivos no es un programa de gobierno universitario. Es un toma y daca de cambio de lealtades por dedicaciones exclusivas. Y por supuesto, añadido a esto, de un secreto absoluto de los concursos. O sea, las universidades en su mayoría son más corporativas y secretas que las fuerzas de seguridad, en nombre de la Reforma del 18. Algunas universidades poseen rectores perpetuos, cuyo nombre se asocia al de la universidad. Los organismos de acreditacion, como la CONEAU, poseen en lo que hace a sus miembros o evaluadores, nombres que son desconocidos o que no tienen titulo de posgrado y evalúan posgrados.

En lo que respecta al nivel terciario, son el nivel estratégico del sistema, sin embargo se mantiene esa discriminación de que el nivel terciario es marginal al universitario, que tanto daño hace. En verdad existe un sólo nivel, el nivel superior universitario y el nivel superior terciario, por eso existen articulaciones. Esto es un verdadero drama.

El secundario sigue manteniendo planes del siglo XIX, solo cambiaron de nombre las materias, y la fragmentación de distintos planes que coexisten, la problemática de los profesores taxis y la falta de sentido de pertenencia, mas la hipocresía nuestra como familia, que culpamos todo al docente pretendiendo que hagan de trabajadores sociales y de escuelas guarderías, agravan al máximo el problema.

Los sindicatos docentes, en la mayoría plantean solo la cuestión salarial, y luego un conjunto de frases desarticuladas sobre la profesionalizacion docente, y esto se profundiza con las llamadas Juntas de Clasificación, que acreditan cursos de desprofesionalización y no de profesionalización, como por ej. cursos de peluquería, cursos de reciclaje de can can , "El Principito y el Mercosur", etc. Y estos cursos tienen más validez que una licenciatura. O por ejemplo, una maestría no figura como título acreditable en la mayoría de las Juntas de Clasificación, por lo menos de la Argentina.

Y ahora sí. El principal actor del sistema es el profesor para la enseñanza primaria, que es un titulo superior terciario, mal llamado titulo de maestro, o a veces por debajo en forma peyorativa denominado "MAESTRITO" por los profesionales.

La salida política que hay que darle al docente de nivel primario para recuperar su autoestima, es que el Estado Nacional habilite durante dos años en convenios con universidades nacionales de las respectivas provincias, una licenciatura en Educación Primaria, para situarlo en el prestigio social que se merecen. Esta licenciatura debe ser gratuita, semipresencial, exigente y homogénea en todo el país, y aquellos que no la hacen o no aprueban quedan afuera. Es decir, se realiza una meritocracia de hecho, y de paso, se eliminan los "cursos kioscos" que se brindan con puntaje de la Junta de Clasificación. Y hay que informatizar.

La Ley de Educación del año 2006 preveía un Instituto Nacional de Formación Docente, que en la práctica iba a supervisar la currícula y fortalecerla de los planes educativos del docente primario, y en la práctica cada provincia hace lo que se le dé la gana. O sea, la fragmentación en un nivel tan estratégico es más que peligrosa.

Esto es, así en forma muy sucinta, los grandes huecos, ni que pensar en huequitos y agujeros, pero hay que dar la batalla de la educación para formarnos para un mundo donde la tecnología no nos lleva al fin del trabajo, sino a miles de ocupaciones que ni conocemos en los próximos años, y que coexistirá con nuestro universo de inequidad y de necesidad de solidaridad. Es la madre de todas las batallas, para no ser condenados "a cien años más de soledad", al decir del gran García Márquez.

Miguel Ángel Barrios (Argentina), es Doctor en Educación y Doctor en Ciencia Política. Autor de más de veinte obras de reconocida referencia bibliográfica.