POR LA UNIDAD DE TODOS LOS ESPAÑOLES

25.09.2017

Nací hace 53 años en Barcelona, en el seno de una familia tradicional catalana. En el transcurso de mi vida he sido testigo, junto a millones de catalanes, de cómo se creaba día a día una historia “contrafactual”, un relato histórico construido contra la realidad de los hechos, tergiversando y modificando los acontecimientos pasados o, simplemente, inventándolos. Todo ello con el objeto de construir en las mentes y en las voluntades de los ciudadanos, sobre todo de las nuevas generaciones de catalanes, un nuevo referente nacional e identitario contrapuesto, innecesariamente, al resto de los ciudadanos de nuestro país, al sentir de solidaridad del conjunto de los españoles: una Cataluña sorprendente y antinaturalmente no española.

Nada más lejos de la verdad y de la identidad real de Cataluña, una tierra profundamente hispana desde mucho antes de su propia configuración cultural, territorial y política cuando, precisamente, era conocida en la Alta Edad Media como “Marca de España” o “Marca Hispánica”.

Nada más lejos de la verdad y de la identidad real de los catalanes. Somos un pueblo comprometido desde siempre con el ideal de la unidad que articuló la Corona de Aragón y que impulsó la unión con Castilla y los demás pueblos de España para construir nuestra Nación común. Un pueblo que, durante los siglos que se sucedieron, vivió los mismos avatares que el resto de nuestros compatriotas: el auge y las crisis del siglo XVII; la Ilustración y la racionalización del XVIII; la gran Guerra Hispano-Francesa de 1808-1814; las guerras civiles carlistas que desgarraron toda nuestra geografía; la extraversión española en el norte de África; el desgarro de Cuba; la última gran contienda fratricida de mediados de los años 30 del siglo XX… y, por último, las cuatro décadas de mayor desarrollo y progreso material, social y democrático vividas por toda España desde la reinstauración en 1975 de la Monarquía como régimen parlamentario.

Pero, coetáneamente al proceso de creación e invención de una nueva identidad colectivo-nacional catalana por parte de las autoridades nacionalistas de mi tierra, se ha venido produciendo un hecho paralelo y lamentable en el conjunto de nuestro país: la misma desnacionalización de la propia España. El desconocimiento de su historia, la interiorización de complejos falsos y absurdos, el ensalzamiento de la diferencia en vez del de los valores de concordia y unidad…, todo ello favorecido o impulsado por una innegable fragmentación política, educativa y cultural que, inconscientemente, nos ha traído hasta la crítica situación actual.

Así que, efectivamente, percibo que los decenios de mayor progreso económico y social de nuestro país son también, triste y paradójicamente, los de la aceleración de la descomposición de España a la que asistimos atónitos. Y en este sentido, la situación de Cataluña es, finalmente, un mero correlato de la situación general de España, lo cual, irónicamente, confirma una vez más la profunda españolidad de Cataluña.