O COMO LA CURIOSIDAD MATÓ AL GATO

05.12.2017

A propósito de la broma de los humoristas rusos a la Ministra de Defensa

Dª María Dolores de Cospedal

 

Estupor, es la palabra. Un estupor en su pleno sentido es lo que han causado entre miles de españoles las respuestas de la Ministra de Defensa Española a la broma de la que ha sido objeto por parte de unos humoristas rusos que se hicieron pasar por un Ministro Letón a cuenta de la cuestión de la independencia catalana.

Han fallado los protocolos de seguridad a la hora de filtrar las llamadas sobre asuntos especialmente sensibles y se han evidenciado sombras sobre la capacidad de la máxima responsable y titular de la Defensa de la Nación Española.

Ya no es sólo que como consecuencia de los casi 15 minutos de conversación hemos comprendido el alcance de la posible falta de preparación para desempeñar su labor de la susodicha, dicho sea con el debido respeto, sino que además hemos quedado retratados como una estructura militar cuya cabeza máxima puede comprometer seriamente nuestra propia seguridad nacional.

Somos cada vez más los que nos preguntamos abiertamente por qué España, Nación otrora poderosa, ocupa hoy una posición lacaya con respecto a las potencias mundialistas, y podemos descubrir en esa conversación la confirmación de nuestras peores premoniciones.
No le basta con echarle la culpa a Rusia por parte de nuestras autoridades de lo que sucede en Cataluña, cuando aquí sabemos bien que es en la ineptitud y complicidad de los gobiernos centrales de nuestra Nación en las cuatro últimas décadas donde hay que encontrar la causa de nuestro problema de desmembración interna, sino que además hay que internacionalizar esa estigmatización hacia Rusia cuando ya se ha manifestado por activa y por pasiva en que su apuesta es por la Unidad de España.

Nos podemos imaginar a las autoridades españoles en los foros internacionales en la posición de víctimas, victimizándose artificialmente, acusando a Rusia de falsedades, ejerciendo ese mismo y triste papel de los independentistas hacia la Nación Española.

De una manera providencial, los humoristas rusos han colocado un gigantesco espejo en el centro de España, un espejo de verdad, donde a un lado hay un irresponsable de la política, el agente Cipollino (Puigdemont), llorando falsamente por mentirosos agravios de España contra Cataluña, y en el otro lado una Ministra de Defensa, llorando fingidamente por las fábulas de un inexistente acoso de Rusia contra la estabilidad de España, y ese espejo se ha roto tras una conversación de 15 minutos en mil pedazos en la cara de ambos por una gigantesca risotada proveniente de más allá de los Urales, hasta hacernos comprender que ambos personajes son dos actores de una misma política y que lejos de estar enfrentados, son meros papeles, testaferros de un teatrillo de sumisión a unos intereses que no son los propios de España.

Los medios de comunicación españoles han callado este frívolo pero a la vez elocuente suceso mediático. Muy pocos lo conocen en España.

Hay quien piensa que la censura está radicada en Rusia.Es la típica estrategia de culpar al prójimo de lo que algunos practican en España.Hurtar a la opinión pública española el contenido de una conversación tan bochornosa como clarividente sobre nuestro presente.