Norte de África: El gran trueque del tripartito en los "Balcanes euroasiáticos"

15.09.2016

Por favor diríjase a la Parte I para obtener información introductoria sobre esta serie y la intención del autor detrás de la misma.

Situación actual

Rusia:

Egipto

Moscú ha recuperado su equilibrio estratégico con las consecuencias de los acontecimientos disruptivos a nivel regional que caracterizaron el amplio teatro de las revoluciones de color de la "primavera árabe", y en algunos casos en realidad hizo progresos antes. Egipto es un ejemplo perfecto de las relaciones en ciernes de Rusia con la costa del norte de África. Antes de la caída de Mubarak, Moscú apenas tuvo ninguna influencia en el país, aparte de los ingresos que sus turistas llevaron, pero con la llegada al poder del general Sisi después de deponer al presidente Morsi, de los Hermanos Musulmanes, Rusia tiene ahora una gran oportunidad para mejorar las relaciones bilaterales y avanzar hacia una asociación pragmática. La columna vertebral de los alcances de Rusia en Egipto es la venta de armamento militar, con tratos cerrados para helicópteros de ataque y una corbeta de misiles. También está negociándose la venta de otro armamento avanzado. En paralelo con los progresos realizados en este frente, Egipto también está permitiendo a Rusia abrir una zona industrial de 4.6 millones de dólares a la entrada del Canal de Suez en Port Said, y Moscú y El Cairo están coordinando sus esfuerzos para resolver la guerra en Siria organizando reuniones separadas con la "oposición", mantienendo contactos entre sí a través del enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura.

Libia

En cuanto al vecino de Egipto desgarrado por la guerra, Libia, está claro que Rusia ha sufrido grandes reveses desde la guerra de la OTAN en el país, pero incluso en medio de estas difíciles condiciones, Moscú todavía está tratando de recuperarse y de recuperar lo que aún sea salvable de su anterior posición estratégica. Las dos medidas más fuertes en esta dirección fueron cuando Rusia trabajó con el resto de sus homólogos de la UNSC para levantar parcialmente el embargo de armas contra el gobierno de Libia reconocido internacionalmente, y luego, poco después, comenzar la circulación de billetes de banco rusos para el gobierno no reconocido de Tobruk, en el este. Además, mientras trabaja para enviar armas a las autoridades formales libias, por otra parte Moscú también recibió al principal general sobre el terreno, el influyente Khalifa Haftar, a finales de junio, a pesar de que se le considera un ex agente de la CIA y de que no participa formalmente en el proceso de paz. La única explicación para este comportamiento aparentemente contradictorio es que Moscú se está cubriendo las espaldas y está diversificando sus esfuerzos de resolución de conflictos mediante la participación de todos los actores responsables, ya sean "oficialmente" reconocidos o no. El hecho de que pueda hacer esto incluso en un país que se supone sometido en general a la influencia occidental, es la evidencia irrefutable de que todavía hay espacio para un papel multipolar en Libia, y que los EE.UU. son incapaces de hacer nada al respecto.

Túnez

Echando un vistazo a Túnez, sorprendentemente se puede decir que las relaciones de Rusia con el país han mejorado desde la "primavera árabe". Antes de la operación de cambio de régimen urdida por Estados Unidos, el país estaba firmemente en las garras del mundo unipolar y nunca habría considerado seriamente trabajar con Rusia, pero ahora Túnez ha expresado su deseo de cooperar con la Unión Euroasiática e incluso de adquirir suministros militares de Moscú. La razón por la que los lazos han mejorado de forma tan marcada durante este breve período de tiempo es porque Túnez tiene mucho interés en diversificar sus relaciones estratégicas con el fin de sacar provecho de su posición como doble puerta de entrada a África del Norte y al sur de Europa. Tradicionalmente muy favorable para las empresas, pero ahora también asediado por la amenaza cada vez más inquietante del terrorismo, el país quiere colaborar con nuevos socios que sean realmente serios en la erradicación de este mal, y en consecuencia recompensarlos con dividendos económicos y estratégicos, como está haciendo actualmente con Rusia en este momento. También ayuda el que Túnez fuera el primer destino turístico para los turistas rusos en los primeros seis meses de 2016, lo que ha hecho mucho para mostrar a las autoridades la gran diferencia que podría suponer en su economía local una afluencia de gasto ruso. Comprensiblemente, Túnez está ahora con ganas de ampliar su asociación con Moscú y llevarla al siguiente nivel.

Argelia y Marruecos

Al abordar el histórico aliado de Argelia y su rival, Marruecos, el estado de cosas ha permanecido igual tanto como ha cambiado gradualmente. Por un lado, la asociación estratégica con Argelia es más fuerte que nunca, con Moscú suministrando a Argel equipos militares fiables y cooperando con él en su común interés por resolver la guerra de Siria a favor de Damasco. A Argel se le atribuye el haber albergado negociaciones secretas entre los sirios y los turcos y, más públicamente, incluso invitó al canciller sirio a una visita, y envió a su ministro para la Liga Árabe a Damasco para mantener consultas con el presidente Assad. Argelia ha permanecido lealmente junto a Siria durante todo el tiempo en el que ha sido atacada asimétricamente por las fuerzas unipolares, lo que la convierte en uno de los únicos estados del Medio Oriente que lo ha hecho, dándole un elemento más de convergencia estratégica con Rusia. Por otro lado, sin embargo, esto no ha hecho que Rusia deje de tender la mano a Marruecos. El rey del país visitó Moscú en marzo y las dos partes firmaron una serie de acuerdos y memorandos de entendimiento que fortalecieron sus lazos y marcaron un revitalizado compromiso para impulsar las relaciones bilaterales. Por otra parte, Moscú parecía estar del lado de Rabat cuando llegó el conflicto del Sahara Occidental y el último escándalo de la ONU que lo rodea, lo que en un sentido marcaría un cambio con respecto a su política de la era soviética de apoyar únicamente al Frente Polisario. Si las especulaciones son ciertas y Rusia termina de firmar de verdad un acuerdo de armamento con Marruecos, entonces estaría verdaderamente en un papel de equilibrar entre Rabat y Argel, e idealmente trabajar con ellos para llegar a un acuerdo sostenible de solución al conflicto del Sáhara occidental.

Irán:

Argelia

Teherán no tiene mucha presencia en el norte de África como para hablar de sus relaciones allí, con excepción de la relación floreciente con Argel, que algunos han llamado una "asociación improbable". La razón por la que los lazos de Irán y Argelia podrían coger con la guardia baja a algunos observadores ocasionales se debe a que el estado del norte de África se enfrentó en una cruenta guerra civil contra los islamistas en la década de 1990, mientras que el propio Irán es una república islámica. A pesar de la contradicción superficial que podría establecerse entre un sistema de gobierno de inspiración religiosa como el de Teherán y uno constitucionalmente laico como el de Argel, ninguna de las partes es ideológicamente hostil a la otra, y de hecho, han llegado incluso a ser más cercanos en los últimos años debido a su compartido apoyo al legítimo gobierno sirio democráticamente elegido. En general, ambos países pueden ser descritos como miembros del Bloque de la Resistencia en AfroEurasia, con la participación de Argelia claramenente vista no tanto por su inclusión en las instituciones multipolares, como por su exclusión en la unipolar alianza "antiterrorista” contra Irán encabezada por los saudíes. Argel adoptó un enfoque neutral ante el deterioro de los lazos saudíes-iraníes a principios de este año, lo que fue interpretado por los saudíes y sus patrones unipolares como un incómodo movimiento independiente, sobre todo teniendo en cuenta la activa diplomacia de Argelia, tanto pública como detrás de la escena, con respecto a la guerra contra Siria.

Marruecos, Túnez y Egipto

Los lazos de Irán con Marruecos y Túnez son los siguientes más calurosos del grupo, pero de ninguna manera se acercan al nivel de convergencia estratégica que Teherán mantiene con Argelia. Las relaciones de Irán con estos dos estados están mejorando poco a poco en comparación con lo que fueron en el pasado, y son de lo más sencillas y nada especiales. Donde la diplomacia iraní está en su peor momento, sin embargo, es en Egipto y Libia. El Cairo odia a Teherán por razones ideológicas en su mayoría provenientes del apoyo de los iraníes a Mohamed Morsi y de la tutela de Sisi bajo los saudíes. Esto no quiere decir que no haya ninguna esperanza para una normalización respetuosa en el fututo en cualquier momento, o que las dos partes no tengan absolutamente ningún diálogo entre ellas, pero siendo realistas ninguna de las partes puede ser denominada como socio de la otra y la desconfianza generalizada define su relación actual.

Libia

Mirando hacia Libia, mientras que muchas personas podrían haberlo olvidado ahora, Teherán era un ardiente animador del denominado “despertar islámico" (la "primavera árabe" de EEUU es un amplio teatro de revoluciones de color), viendo en él una irresistible oportunidad de exportar el modelo de ideales y de gobierno de la Revolución Islámica. El Ayatolá incluso fue tan lejos como para anunciar durante las festividades del Nowruz en 2011 que, "condenamos el comportamiento del gobierno libio contra su pueblo, los homicidios y la presión sobre la gente, y el bombardeo de sus ciudades", y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán sorprendentemente celebró el bárbaro asesinato de Gaddafi por parte de mercenarios apoyados por Estados Unidos, a pesar de que tanto el país como su máximo líder constantemente condenaron la guerra convencional de la OTAN contra Libia. El razonamiento detrás de esta política desconcertante es que Irán realmente creía que el movimiento de cambio de régimen en Libia era "genuino" e "indígena", ya que no hay manera de que Teherán lo hubiera respaldado en el momento sabiendo que los militantes eran parte de una trama mayor de ingeniería norteamericana. Este episodio se destaca como una de las mayores locuras del Irán post-1979 en política exterior, junto a su apoyo a los muyahidines de Bosnia, ambas tácticas muy arriesgadas que fallaron totalmente en producir algún valor para Teherán. Por otro lado, sin embargo, después de darse cuenta de lo equivocados que estaban en su evaluación sobre la situación en Libia, se puede suponer que los iraníes se comprometerían para que no se la jugaran de nuevo y resolverían hacer todo lo que estuviera en su mano para ayudar a sus aliados sirios.

Turquía:

La presencia de Ankara en el norte de África está más extendida que la de Teherán, pero no es tan positiva o diversificada como la de Moscú. Los compromisos de Ankara con Túnez, Argel, y Rabat se han mantenido amistosamente, pero no puede decirse que constituyan nada digno de mención, a diferencia de sus relaciones con los otros dos países de la región, aunque por razones absolutamente diferentes. Turquía tiene relaciones muy pobres con Egipto debido al apoyo ferviente de Ankara al depuesto presidente Morsi, de la Hermandad Musulmana, cosa que el nuevo líder Sisi nunca ha permitido que Erdogan olvide.

Parte de la razón de esto se remonta a las interrelacionadas ideologías de Erdogan de los Hermanos Musulmanes y neo-otomana, a través de las cuales creyó que una camarilla transnacional de gobiernos amigos de la Hermandad Musulmana en la región estaría inevitablemente bajo la influencia de Turquía y le impulsaría a la función de "Sultán" sobre todos los asuntos. Al igual que la política del "despertar islámico" de Irán falló drámáticamente, también lo hizo la de Turquía con los "Hermanos Musulmanes neo-otomanos", aunque tardó un poco más de tiempo en hacerlo.

Erdogan desfiló pomposamente por el norte de África en septiembre de 2011, en una maniobra mediática brillante y atractiva diseñada para anunciar la primera etapa de la ampliación de la influencia turca en la región, pero con el tiempo fracasó cuando Libia cayó en la predecible agonía de la guerra civil entre varios bandos que todavía sufre, y cuando el laico Sisi derrocó al gobierno de los Hermanos musulmanes de Morsi. Aunque todos los rastros de la influencia política de Turquía fueron expulsados de Egipto desde entonces, Ankara aún conserva un poco de influencia sobre algunos de los grupos que luchan en Libia, aunque esto está lejos de ser el tipo de mando que esperaba tener sobre la totalidad del país en este punto.

EE.UU.:

Estrategia

Washington es directamente responsable de la carnicería que rompió la región a partir de 2011, pero al contrario de lo que inicialmente había esperado, las revoluciones de color en todo el teatro no dieron lugar a un gobierno transnacional de los Hermanos Musulmanes que podría "dirigir desde atrás" a través de su intermediario turco. En cambio, parece que los EE.UU. experimentaron el mismo tipo de política catastrófica fallida que Turquía e Irán, que urdieron con la esperanza de capitalizar el caos y dirigirlo en la dirección de sus objetivos deseados. La principal diferencia, sin embargo, es que mientras que los EE.UU. y otros no tuvieron éxito en la transformación de los actos destructivos en una plataforma para sus proyecciones de influencia regional renovada, estable y "constructiva" (tal y como ellos lo ven), Washington fue capaz de adaptarse ágilmente a las cambiantes circunstancias y de aprovechar los procesos que se desencadenaron para fomentar similares perturbaciones de divide y vencerás en sentido sur contra Mali y Nigeria. El agujero negro de desorden que los EE.UU. diseñaron en Libia creó una reacción en cadena de circunstancias ventajosas para ayudar a Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), y a Boko Haram, los cuales más tarde pasaron a apoderarse de grandes extensiones de territorio en los dos países mencionados y a perpetuar la gran estrategia unipolar hacia África occidental, rica en recursos.

Egipto y Libia

Volviendo de nuevo la atención sobre el norte de África, sin embargo, los EE.UU. siguen estando cerca del gobierno egipcio, aunque no necesariamente en la misma medida que bajo Mubarak y Morsi. La 'salvaguardia' estratégica en juego es que el cercano aliado estadounidense Arabia Saudita, y su compañero (a veces rivalizando) EAU, igualmente alineado con Estados Unidos, tienen una influencia considerable sobre Sisi debido a los más de 20.000 millones de dólares en inversiones combinadas que han hecho en Egipto desde que llegó al poder. Esto ayuda a mantener el país bajo control y detiene a Moscú de hacer una propuesta demasiado fuerte a El Cairo para intentar que pivote con más seguridad hacia la Comunidad multipolar. Libia, como es globalmente obvio en este punto, es un desastre fratricida que en consecuencia se ha convertido en un destino atractivo para el último juego de poder geopolítico del Daesh, que en un sentido cínico también refuerza la presión sobre Egipto.

Túnez, Argelia y Marruecos

Túnez está a la deriva lejos del mundo unipolar, pero definitivamente no está cortanto sus lazos con él, y en su lugar trata de difundir estratégicamente sus asociaciones como medio para mejorar su situación interna y, posiblemente, negociando para obtener más beneficios de sus clientes tradicionales. Argelia, por el contrario, no está haciendo ninguna nueva incursión en Occidente, pero aún así sigue estando en términos amistosos con Francia, los EE.UU., y otros, incluso si una gran cantidad de tensión burbujea bajo la superficie, ya que el mundo unipolar planea su respuesta a la inevitable transición de liderazgo que con el tiempo tendrá que suceder con el anciano Presidente Bouteflika (ya sea con él totalmente incapacitado por otro accidente cerebrovascular o, probablemente, con su renuncia al final de su mandato en 2019). Por otra parte, los conflictos en Libia y Mali ponen mucha presión sobre Argelia, al igual que su propia vulnerabilidad interna al militarismo islámico a pesar de la oscura memoria de la guerra civil de 1990. Además, el conflicto no resuelto en el Sáhara Occidental le pone en perenne desacuerdo con Marruecos, aumentando así el riesgo de otro vector de conflictos en su periferia, y añadiendo tensión en su "estado profundo" (las permanentes burocracias militar-de inteligencia-diplomática), representante en simultáneas direcciones de tantas crisis regionales. Tampoco ayuda a nadie que Marruecos sea un bastión tradicional de la influencia de Estados Unidos y Francia en el norte de África y, lógicamente, que será respaldado por ellos en gran medida en el caso de que vuelva a entrar en erupción la violencia con Argelia.

“Trueque” beneficioso para todos

Sorprendentemente, el norte de África es donde Rusia tiene más que ofrecer de manera indispensable a sus socios tripartitos, y en consecuencia debe tomar la iniciativa multipolar en la resolución de los conflictos militares y políticos de la región. Un perfecto caso de estudio de estos esfuerzos es Libia, donde Moscú debe trabajar en coordinación con Ankara en la obtención de más influencia en el terreno entre algunos de los actores militantes. Teherán podría no llegar a tener un gran papel aquí, pero un uso imaginativo de sus capacidades podría ser más evidente después de que Rusia y Turquía hagan más progresos en el país. Libia es sin duda el reto más agotador, y presenta el mayor desafío para el tripartito en el norte de África, pero aparte de eso, también es predecible la dificultad para que Egipto reconcilie sus relaciones con Turquía e Irán y las normalice sustancialmente a un nivel de mutuo beneficio.

Es aquí donde Rusia también puede intentar jugar un papel constructivo mediante el aprovechamiento de su recién descubierta influencia en Egipto, aunque comprendiendo, por supuesto, que sólo puede guiar a su socio lejos sin que los patrones saudíes de El Cairo estén involucrándose y deteniéndolos. Esto significa que la reanudación de las relaciones plenas de Egipto con Turquía e Irán es totalmente dependiente de las relaciones de Arabia Saudita con estos dos países, es decir, lo que significa que la trayectoria de Turquía podría verse afectada en caso de una "Guerra Fría/Civil sunita" entre Ankara y Riad, mientras que cualquier incursión con Irán sólo podría darse en el caso de que Turquía y/o Rusia equilibren entre estas dos fuerzas y les ayuden a acordar una "paz fría". No parece que el último escenario sea muy probable en el corto plazo, pero es mucho más posible para la Turquía post-golpe restablecer sus relaciones con Egipto y tratar de empezar de nuevo a partir de una hoja en blanco. Si se mueve en esta dirección, la mayor parte de la actividad diplomática prevista será entre Ankara y El Cairo, y Ankara y Riad, pero si es necesario, Rusia podría desempeñar un papel facilitador en el primer par de conversaciones si es solicitado por uno u otro lado.

Finalmente, el último de los tres planos estratégicos en los que Rusia puede ejercer su influencia positiva es entre Argelia y Marruecos, siendo el único jugador del tripartito adecuado para esta tarea. Todavía hay un largo camino por recorrer antes de que Moscú tenga la suficiente confianza de Rabat para cumplir este papel, pero desde la perspectiva de Argelia, sería de su mayor interés si Rusia mediara entre él y su rival, y contrarrestara el efecto que la presión conjunta unipolar franco-estadounidense ha tenido sobre el conflicto del Sáhara occidental. Va a ser extraordinariamente difícil encontrar una solución a este problema de décadas que sea aceptable para las tres partes (Rabat, el Frente Polisario y Argel), pero al igual que con la situación igualmente complicada en Nagorno-Karabaj, es necesario un enfoque nuevo y creativo con el fin de producir algún progreso. La manzana de la discordia es que el Consejo de Seguridad de la ONU ha exigido desde hace ya 25 años que se celebre un referéndum sobre el futuro del territorio, pero esto no ha sucedido debido a las agotadoras controversias sobre quién puede participar en la votación y otros detalles técnicos que han servido para retrasarlo hasta ahora. Si los diplomáticos rusos pueden de alguna manera pensar una solución de compromiso que incorpore partes del plan de autonomía de Marruecos y de la autoproclamada independencia de facto de la República Árabe Saharaui Democrática lo largo de la fina región fronteriza oriental, entonces podrían desplazar a los EE.UU. y a Francia como potencias estratégicamente más influyentes en el Magreb.

Los escenarios oscuros

Hay tres escenarios que podrían desarrollarse para contrarrestar totalmente las iniciativas de estabilización regional de Rusia, dos de ellos entrelazados entre sí y el tercero situacionalmente independiente de los demás. El menos dramático es que Egipto se niegue a normalizar sus relaciones con Turquía e Irán debido a la presión excesiva de Arabia Saudita, que a su vez incluso intentará presionar a El Cairo para disminuir sus lazos con Moscú. Es muy poco probable que Egipto se aleje nunca de Rusia en este punto, por lo que cualquier medida que Riad intente para forzar a su sustituto del norte de África a tomar esta dirección no conduciría, probablemente, a nada en absoluto. De hecho, en realidad podría ser contraproducente para los saudíes incluso tratar de plantear esta cuestión en primer lugar, sabiendo de antemano que esto podría volverse seriamente contra ellos tanto como fuera posible dentro de las limitaciones de dominio estratégico del CCEAG sobre Egipto, por lo que es mucho más previsible que los saudíes limiten cualquier presión sobre su contraparte simplemente impidiendo una normalización de las relaciones con Turquía e Irán en lugar de interrumpir las actuales de Egipto con Rusia.

En cuanto a los restantes dos escenarios relacionados entre sí, se trata de un desbordamiento del caos en Libia y del colapso del Estado de Argelia, los cuales fácilmente podrían provocar el uno al otro. Parece que por el momento hay un deseo por parte de todas las partes interesadas en contener la carnicería en Libia y prevenir que se propague directamente a Egipto, Túnez y Argelia, pero esto sólo puede decirse en el sentido convencional de los actores no estatales que incautaron y retuvieron territorio. Es infinitamente más difícil imponer una contención de las amenazas asimétricas que emanan de Libia tales como el movimiento transnacional de terroristas y armas, que podrían tener un razonable mayor grado de éxito infiltrándose en los países vecinos del norte de África. Dependiendo de su naturaleza y de si son utilizados en cualquier futuro ataque u otras desestabilizaciones relacionadas, podrían llegar a ser la "bala de plata" para acabar con el estado y provocar una más amplia desintegración regional.

Por ejemplo, si terroristas originarios de Libia o entrenados, entran en Argelia en medio de una transición de liderazgo incierta o con disturbios, y llevan a cabo un ataque, esto podría conducir rápidamente a una reacción en cadena de acontecimientos que terminen en una ley marcial de mano dura, y/o con la formación "reactiva" de un movimiento terrorista contra el gobierno local. Del mismo modo, si Argelia colapsa, no sólo podría conducir a que una ola de inmigrantes escape a Europa, sino que también podría desencadenar la reanudación de la guerra civil a gran escala en Libia que podría finalmente ganar el impulso necesario para desbordarse hacia Egipto, con Túnez bien siendo tragado en el caos subsiguiente o resistiendo como la última isla de estabilidad. Por lo tanto, es muy difícil separar estos dos posibles escenarios de crisis, y en consecuencia deben ser tratados como parte del mismo continuo por los que toman las decisiones, dedicados a adelantarse a que ocurran. Incluso aunque Rusia juegue ya un papel muy importante en la ayuda a los militares de Argelia y se esfuerce para hacer algo similar en Libia un día, todavía no es suficiente en sí misma para garantizar que estos escenarios no se materialicen alguna vez.