Los estadounidenses y la “victoria” de Trump

10.11.2016

Está lloviendo en París. Estoy sentado arriba, en el Café de Flore, escribiendo estas palabras. Estoy sentado aquí, viendo a empresarios franceses hablar de los asuntos mundiales, a escritores escribiendo en sus pequeñas mesas (una mujer francesa de mediana edad está escribiendo una novela frente a mi mesa, rodeada del clásico revestimiento de madera y lámparas suaves en las paredes), mientras una familia argelina de clase alta tiene un desayuno tardío por la mañana al lado de mi mesa. En Francia conocimos los resultados de las elecciones presidenciales antes que la mayoría de los estadounidenses. Los estadounidenses todavía dormían agitada o silenciosamente en su cama (o en las calles, si no tienen hogar), inseguros ante los resultados de las elecciones y de la posibilidad de una "victoria" de Trump.

Está lloviendo en París y me pregunto acerca de una cita que Marx escribió en su tiempo en la que dijo más o menos que el liderazgo de una nación refleja la voluntad del pueblo. Ayer, el pueblo estadounidense votó por un estadounidense que realmente revela su carácter nacional hoy. Este es el áspero retrato en el espejo público de lo que significa ser un norteamericano. En su notable trabajo, Grundrisse, Marx decía acerca de todas las sociedades humanas: "La sociedad no consiste en individuos, sino que expresa la suma de interrelaciones, las relaciones dentro de las cuales estos individuos están". Trump no es un gran individuo, pero es tan humano como el resto de nosotros, y él no es un moderno estadista romano como podría pensar que es en su psique más profunda. Trump es simplemente parte de la suma total de quienes son los estadounidenses en sus interrelaciones, y por lo tanto refleja al pueblo estadounidense.

Llueve suavemente en París, y pienso en cómo Jean-Paul Sartre y Louis Aragon frecuentaron alguna vez este café y lo que vivieron durante la ocupación nazi de París. También me pregunto acerca de los estadounidenses, como miro las nubes grises que puedo ver a través de una elegante ventana en el Café de Flore. Las campanas de la Iglesia de Saint-German-des-Pres están sonando, ya que es mediodía en París. La lluvia sigue cayendo. Los estadounidenses comienzan a despertar a una nueva historia, no a una historia de falso neoliberalismo, sino a otra realidad más singular de nacionalismo que podría vestirse tarde o temprano con botas negras y uniformes llamativos. Trump es un hombre que se nutre de la ostentación y el melodrama de Hollywood, y no es sutil en su vanidad ni en la explotación monetaria, a diferencia de Obama y sus secuaces, o de los Clinton con su falsa modestia y poco cuidado por la difícil situación de otros mientras ellos acumulan riqueza. Y si la violencia llega a las calles de Nortemérica, Trump tratará con ella de una manera vigorosa, al igual que Benito Mussolini hizo con cualquiera que se le opusiera en las calles de Roma.

Los estadounidenses siempre han estado obsesionados con la "ley y el orden". Una vez que Trump entre en la Casa Blanca en enero, a menos que haya una crisis nacional o se declare una Tercera Guerra Mundial, dará al pueblo estadounidense toda la ley y el orden que sus corazones deseen. Les dará suficiente cuerda para colgarse, pero está cansado de haberse colgado a sí mismo, o como Stalin lo expuso tan sucintamente sobre el capitalismo americano: "Cuando colguemos a los capitalistas ellos nos venderán la cuerda que usemos". Es interesante señalar que la cuerda no sólo fue vendida al pueblo estadounidense por las facciones neoliberales como Obama y los Clinton, sino también por las familias oligárquicas como la familia Bush, que han contribuido a la venta de esa cuerda al pueblo estadounidense para colgarse en los postes más cercanos.

Los estadounidenses son un pueblo ingenuo y atrasado, aunque se enorgullecen de ser generosos con los que tienen menos que ellos en el extranjero. Pero cuando se trata de ayudar a los trabajadores estadounidenses en su lucha, en particular a la clase trabajadora afroamericana, a los trabajadores agrícolas mexicanos, o la difícil situación de los indios nativos americanos, eso es otra cosa. Pero una cosa que debemos recordar acerca de esta pendencia ocurrida en las elecciones presidenciales norteamericanas es lo que Lenin escribió: "Desde la emancipación de los negros, la distinción entre los dos partidos ha ido disminuyendo... Su lucha no ha tenido ninguna importancia seria para la masa del pueblo. El pueblo ha sido engañado y desviado de sus intereses vitales por medio de duelos espectaculares y sin sentido entre los dos partidos burgueses". Los estadounidenses, en su lucha por la emancipación económica y social, han sido minados desde la guerra civil americana, y en efecto se han convertido en esclavos del sistema electoral que ha sido abusado y controlado por la elite capitalista de Norteamérica. Trump es una parte de la mentira del sistema electoral. Cuando el pueblo estadounidense destruya el sistema de dos partidos y cree un partido de obreros que dé un significado profundo a sus vidas, sólo entonces su liderazgo reflejará una profundidad para el mundo.

Miro de nuevo por la ventana detrás de mí en el Café de Flore. La lluvia está amainando, los franceses hacen sus recados diarios, van a un almuerzo tardío o a una reunión con amigos, la familia, o un amante en algún café. Tal es su forma de vida en París, pero no para todos ellos. Tienen sus propios problemas económicos y sociales, tan serios o tan graves como lo que tienen lugar en los Estados Unidos. Los franceses también tienen su propia indiferencia hacia la política de otros estados-nación. Sin embargo, también tienen una elegancia en la vida que sólo se puede encontrar y nutrir en París. Lo que debemos recordar es que la Revolución Francesa comenzó con intelectuales y revolucionarios en los cafés de París. Y fue el ejército y la marina francesas los que ayudaron a asegurar la victoria de la primera revolución americana.

Vine al Café de Flore para escribir sobre las elecciones presidenciales norteamericanas mientras todavía llovía afuera, en París. La lluvia ha cesado.