LA POLITICA Y LA VIOLENCIA

13.10.2017
La Comisión de la Unión Europea ha declarado oficial y públicamente, con respectos a los acontecimientos en Cataluña el 1 O,  que la violencia no puede ser nunca un instrumento en política. Declaración recogida rápidamente por todos los medios de comunicación social, y que es sorprendente porque solo se explica dentro de un interés sesgado, porque tan alto organismo no puede ignorar la fuertes imbricaciones que tiene la política y la violencia. Las equidistancias suelen ser injustas o cobardes, pero puede ser que la verdadera intención esté encaminada solo a desarmar moralmente a una de las partes.
 
No puede desconocer la definición de Clausewitz de que” la guerra es la continuación de la política por otros medios”. Ni tampoco que el estado, que se considere tal, es el que debe tener el monopolio de la violencia, y en este sentido ninguna nación europea puede dar lecciones de pacifismo a España.
 
Si no se contemplara legalmente el empleo de la fuerza ¿por qué las naciones mantienen costosos ejércitos (que no tienen otra razón de ser) y fuerzas de seguridad del estado? Por cierto si los mozos de escuadra no han obedecido las órdenes estatales ¿son fuerzas de seguridad del estado? Parecen más bien fuerzas de señores feudales medievales (¿condado de Barcelona?) o de los señores de la guerra de los actuales estados fallidos.
 
Si miramos el ambiente internacional tampoco se puede decir que los países occidentales, de forma independiente o en alianzas no hayan empleado la violencia para resolver problemas políticos. Así tenemos Las Malvinas, la antigua Yugoslavia, Irak, Libia, Afganistán. Siria, etc. Incluso el actual despliegue militar de la OTAN en las naciones del Este de Europa, no deja de ser una amenaza del empleo de la fuerza, aunque sea defensiva.
taluña
 
Es falso que la violencia nunca tenga réditos políticos. La ETA consiguió muchos objetivos, como barrer de las calles españolas a los militares de uniforme, que sus presos no fueran considerados delincuentes comunes, impedir la construcción de una central nuclear, modificar infraestructuras, el éxodo obligado de muchos vascos, las consiguientes repercusiones en las elecciones y en la política (como Arzalluz reconoció cínicamente) etc.
 
Las acciones de los independentistas catalanes el 1 O, para impedir que se cumpliera la ley y los mandatos judiciales, tampoco se pueden considerar un ejemplo de pacifismo. Si tenemos en cuenta que la huelga general, convocada por las propias autoridades de la autonomía catalana, no tiene motivaciones laborales como las condiciones de trabajo, vacaciones o las pagas, etc., se tiene que considerar que no es una huelga laboral sino una huelga revolucionaria, no exenta de violencia y con todas las connotaciones y efectos que conlleva.