La guerra negra: Trump elige el enemigo exterior (1ª parte)

20.01.2017

La renacida de la nación pasa por un ataque frontal a China y una rehabilitación de Rusia

Ya durante la campaña de las primarias del partido republicano Donald Trump había expresado su idiosincrasia hacia el coloso chino considerándolo el verdadero adversario y a la vez cáncer de la economía estadounidense, si en sus mandatos Obama, a pesar de tener varias cumbres con los altos mandos militares, no supo escoger contra quien arremeter oscilando entre Rusia y China y al fin embarcándose en sangrientas operaciones belicistas y embargos comerciales que han afectado las relaciones con el Kremlin sin aportar consistentes ventajas prácticas, en cambio, el magnate neoyorquino lo tiene claro.

La decisión de ponerse en contacto con el gobierno de Taiwan no es un acto improvisado, siguiendo los consejos de Henry Kissinger y de su entorno, Trump ha planeado científicamente romper el clima entre falsa paz y reciproca sospecha con el gobierno de Pekín, apuntalando la relación con la presidenta Tsai Ing-wen, que es una abierta amenaza en cuanto cuestiona el reconocimiento de una sola China (“One China”) que hace 40 años el gobierno de Washington aceptó con una declaración con la que se consideraban Taiwan, Macao y Hong Kong, partes integrantes de una única entidad nacional representada por la República Popular, al mismo tiempo el nuevo presidente ha amonestado afianzar y extender la influencia norteamericana en la región pacifica como respuesta a la agresiva penetración política y económica china en territorio latinoamericano, espacio que a partir de 1823 ha sido considerado como exclusiva esfera de dominio de la Unión Federal de EE. UU., decretando el comienzo de su proceso imperial y colonial. Trump se ha apoderado de aquella estrategia acuñada realpolitik (política concreta) por el escritor alemán Ludwig von Rochau, cuando definió la actividad internacional de Bismarck, es decir, que siguiendo las enseñanzas de Trasímaco, Maquiavelo y del mismo Kissinger, ha dejado de un lado las cuestiones puramente ideológicas y las enunciaciones de principio andando por un camino pragmático que intenta a través de una diplomacia resuelta reequilibrar el poder entre los imperios, maniobra que puede conseguir beneficios evitando una dispendiosa carrera armamentística que EE. UU. ya no puede sostener, dado el déficit de su balanza de pagos (460.620 millones de dólares en 2015), el enorme e histórico pasivo de su balanza comercial (42.601 millones de dolares en octubre 2016 con una secuencia ininterrumpida desde 1981) que pone en evidencia las contradicciones del dilema de Triffin con la posible futura falta de confianza de los acreedores en el dólar como moneda de reserva, y su desproporcionada deuda pública, esta última, que en 2015 lo ha convertido en el país mas endeudado del mundo en valor absoluto, en octubre de 2016 ha tocado un nuevo récord con 19 billones de dólares, alcanzando el 104.17% del PIB.

Los competidores del mundo multipolar que surgieron después de la caída del muro de Berlín (1989) año tras año se han reducido, de hecho, una UE casi inexistente como sujeto internacional y acosada por el sueño teutónico de vuelta a la Gran Alemania (Großdeutschland), que apunta a erigir gracias a la moneda única del euro –el arma nuclear del siglo XXI– un enorme espacio vital (lebensraum) en que el sur de Europa sólo sería una colonia de los intereses económicos del norte, la crisis de Brasil (-3,8% del PIB en 2015) y las contradicciones de India, que si bien sigue teniendo un apreciable crecimiento del PIB (+7,2% en 2015) continúa a ser un país demasiado pobre con una renta per cápita muy baja (1.425€ en 2015) y el 25% de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza, han determinado una geopolítica tripolar representadas por Rusia, EE. UU. y China, que en virtud de su extensión y capacidad de influencia territorial sobre las naciones cercanas, el tamaño de su desarrollo, su arsenal militar, su población y el control directo o indirecto de materias primas, se destacan en la guerra por el dominio mundial.

El corredor eurasiático: Petróleo, gasoductos y bases militares

La presunción de la administración Obama de poder seguir luchando en dos frentes ha producido un acercamiento muy peligroso entre Rusia y China, determinando un agravamiento del balance estatal por el derroche de fondos en operaciones bélicas y compras de armas, no obstante las disminuciones de fondos produjo un descenso de gastos militares durante los últimos cuatros años permitiendo en 2013 bajar a un nivel de desembolso (650.081 millones de dólares) a precios constantes (año base 2014) inferior a el de 2008 (682.967 millones de dólares), los gastos militares/PIB de EE. UU. durante los años de gobierno (2009-2015) del hombre ganador del premio nobel por la paz fueron en promedio el 4.1%, superiores a los del periodo 2001-2008 de la jefatura de George W. Bush que se ubicaron en el 3.6%, y encima, el país sigue encabezando la clasifica mundial con el 36% de gasto militar en 2015 (datos Sipri).

El discurso sobre el tema es muy largo, porque la contribución que las compañías militares privadas han aportado al disparate del presupuesto militar estadounidense es un asunto histórico que se ha exacerbado durante la presidencia de Bill Clinton (1993-2001), en particular, con referencia a la guerra en la ex-Yugoslavia, y sucesivamente con el doble mandato de George W. Bush (2001-2009), que desencadenó una guerra total al terrorismo después del atentado del 11 de septiembre de 2001 invadiendo antes Afganistán, con el suporte de la alianza de los muyahidines en el norte del estado, y sucesivamente Irak con el falso pretexto de presencia de armas de destrucción de masa – razón por la cual el ex primer ministro británico Tony Blair ha sido acusado por la comisión Chilcot de haber mentido ante el Parlamento británico y la opinión pública – sin olvidar, entretanto, el suporte logístico y financiero que el Pentágono y la CIA brindaron para garantizar el éxito de unas sublevaciones anti-rusas definidas como luchas por la democracia: La revolución Naranja de Ucrania en 2004 y la de las Rosas de Georgia en 2003.

En el primer caso se miraba a controlar el tramo del gasoducto ruso en tierra ucraniana, mientras que en el segundo se trató de respaldar los grupos rebeldes para abanderar la construcción y la seguridad de la tubería Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC), empezada en 2002 y terminada en 2005 sobre un proyecto alentado en 1998 por el entonces presidente Bill Clinton. Lo dos mantras detrás de los cuales las empresas de guerra pudieron llenar sus bolsillos fueron “Guerra preventiva” y “Exportación de la democracia”, en sustancia, fueron conflictos y operaciones militares para asegurarse el control sobre el petróleo y los oleoductos (pipelines), condición preliminar para favorecer el desarrollo de la extracción de hidrocarburos con el método de la fractura hidráulica. Se calcula que a partir de 2005 EE. UU. ha aumentado con la nueva técnica su producción de gas del 35 % y, a partir de 2010, su extracción de crudo ha crecido un 45%, eso no sólo le ha permitido eliminar las importaciones de gas natural llegando a ser auto-suficiente sino también le ha consentido recortar su abastecimiento energético exterior del 28% (datos Harvard Business School, America's Unconventional Energy Opportunity).

Hoy en día, el país se ha convertido en uno de los mayores productores de hidrocarburos en el mundo, llegando a vender gas a un tercio del valor corriente de mercado y un nivel de precio de la energía industrial que es entre 30 y 50% inferior de lo que normalmente ofrecen los otros exportadores. El claro objetivo de EE. UU. ha sido, de un lado, imponer el gas norteamericano en los contextos internacionales reduciendo la dependencia del crudo proporcionado por el cartel del OPEP y provocando una rebaja global del precio de los hidrocarburos, de otro lado, afectar el sector petrolero de países productores concurrentes, cuando considerados por su programas energéticos y sus relaciones diplomáticas y económicas hostiles a los intereses de las multinacionales y del gobierno estadounidenses.

El Acta de Política Energética de 2005 (Energy Policy Act) impulsada por el presidente George W. Bush, ha representado la piedra angular para el desarrollo de la estimulación hidráulica, esa disposición les ha eximido a las empresas del fracking de cumplir las obligaciones de las leyes por un aire limpio (Clean Air Act), por un agua limpia (Clean Water Act), por el derecho al agua potable (Safe Drinking Water Act), la ley de política medioambiental nacional (National Environmental Policy Act) y la de recuperación y conservación de los recursos (Resource Conservation and Recovery Act), mientras tanto, las acciones militares encubiertas (logística, entrenamiento marcial, venta de armas, financiaciones de grupos paramilitares y terroristas) y explícitas a través de la ONU en las áreas caspia y caucásica han siempre tenido un único fin, ceñir Rusia para impedir o afligir su sistema de tuberías y proyectar oleoductos y gasoductos alternativos, además de controlar los ricos yacimientos locales e impedir que China extendiera su manos hacia una región que uniéndose con el Medio Oriente representa el almacén más grande de recursos energéticos del mundo. Un breve resumen histórico documenta como a partir de los años 90' hasta 2004 la ofensiva occidental en la región ha sido trastornadora.

En 1994 Azerbaiyán aceptó entrar en la esfera estadounidense, el presidente Aliyev firmó un suntuoso contrato con un consorcio de 11 compañías petroleras bajo la guía de BP (British Petroleum) para explotar tres yacimientos cuesta afuera (Guneshli, Chirag y Azeri), cinco anos después, en 1999, Azerbaiyán, Georgia y Turquía firmaron un acuerdo intergubernamental para la construcción de la aludida tubería BTC, la primera que rompía el monopolio ruso de los transportes. El oleoducto, largo 1.768 kilómetros (443 km en Azerbaiyán, 249 km in Georgia y 1.076 km in Turquía) y que fue oficialmente inaugurado en 2007 por Samuel Bodman, Secretario de Energía de EE.UU. durante la presidencia de George W. Bush, faculta exportar el petróleo de Azerbaiyán (en los 9 meses de 2016 la suministración ha tocado las 25.7 toneladas de crudo), desde Bakú, y de parte del de Kazajstán hasta el puerto mediterráneo turco de Ceyhan, atravesando Georgia donde queda en Tbilisi la estación principal de bombeo, también en ese negocio la empresa protagonista del consorcio fue la británica BP.

En 1996 empezó la edificación del oleoducto Bakú-Supsa (WREP por su sigla en inglés), sus 837 kilómetros tenían como objetivo transportar el crudo de los yacimientos del Mar Caspio (campo petrolero de Sangachal en Azerbaiyán) hacia el Mar Negro (terminal de Supsa en Georgia), y desde allí exportar petróleo con cargos a Europa Occidental, la tubería entró en servicio en 1999, pero desde octubre de 2006 hasta junio de 2008 estuvo en obras y algunas semanas después de haber vuelto a estar operativa tuvo que detener otra vez a raíz del conflicto en Osetia del Sur.

La guerra fue la respuesta rusa contra la creciente concurrencia estadounidense en el área con el propósito de bloquear el normal funcionamiento del oleoducto, los rusos decidieron armar y apoyar los independentistas mientras que los estadounidenses respaldaron la incorporación del territorio en la nación de Georgia, una situación candente que causó una condición de inestabilidad dentro del país euroasiático, que había adherido al Consejo Europeo en 1999 bajo el mando de Eduard Shevardnadze, ex-ministro de los asuntos exteriores de la URSS durante la presidencia de Mijaíl Gorbachov (1985-1990) y uno de los principales exponentes de la perestroika, programa de reformas que llevó adelante cediendo a todas las condiciones de desarme pedidas por el presidente Ronald Reagan y obligándose a respetar la opción popular de acabar con los regímenes comunistas de la Europa Oriental. En 2003 el presidente Shevardnadze tuvo que enfrentarse a su delfín Mijaíl Saakashvili, el cual lo acusó de fraude electoral gozando del apoyo norteamericano y de fondos procedentes de EE. UU., en este sentido se organizaron protestas y manifestaciones populares masivas, la nombrada Revolución de las rosas, que permitieron obtener la dimisión del presidente y la victoria de Saakashvili (en el mando de 2004 a 2013) en los sucesivos comicios de 2004.

Aún en este caso fue George W. Bush a empujar hacia un drástico cambio político en Georgia, el viejo Shevardnadze era considerado inadecuado por su exceso de imparcialidad, en particular, el ex comunista no deseaba emprender una guerra para conquistar el control sobre Abjasia y Osetia del Sur, en linea con los acuerdos concertados en pasado con EE. UU. prefería aplicar la Doctrina Sinatra, esta estrategia elaborada por Gorbachov y así apodada con referencia a la canción My Way (“A mi manera”) del artista americano amigo de la Cosa Nostra siciliana, dejaba a cada nación el poder de eligir como solucionar sus problemas internos sin esperar intervenciones exteriores, se trataba de una modificación de táctica política respecto a la anterior Doctrina Brézhnev, evitando involucrarse en encarnizados y peligrosos conflictos regionales.

En 2001 se constituyó el Consorcio de Tuberías del Caspio (Caspian Pipeline Consortium, CPC) para construir un sistema de trasferencia de petróleo en crudo conectando el campo de Tengiz, en Kazajstán, a una nueva terminal ubicada cerca de Novorossyisk, en la costa del Mar Negro de Rusia, si es verdad que la Federación Rusa participa al negocio con una cuota del 24% a la que hay que añadirle las cuotas de Lukarco B.V. (12.5%) y de Rosneft-Shell Caspian Ventures Limited (7.5%), dos empresas controladas de manera indirecta por el gobierno de Vladímir Putin a través de las sociedades anónimas Lukoil y Rosfnet, es también verdad que la participación de la sociedad JSC National Company KazMunaiGaz con una cuota del 19%, directa expresión del estado kazajo, y de Chevron Caspian Pipeline Consortium Company con el 15%, revela el decisivo ascendente norteamericano, sobre todo teniendo en cuenta de que el presidente omnipotente de Kazajistán, Nursultán Nazarbáyev, en el mando desde 1991, durante largo tiempo fue un fiel aliado de EE. UU. salvo ponerse otra vez en la órbita de Rusia a partir de mayo 2014 con la adhesión a la Unión Económica Euroasiática (UEE o UEEA), un proyecto de mercado unitario que incluye también a Bielorrusia, Kirguistán (diciembre de 2014) y Armenia (enero 2015). El mismo Putin decidió consolidar la nueva hermandad en marzo de 2015, cuando respaldó abiertamente la candidatura de Nursultán Nazarbáyev en los comicios presidenciales del 26 de abril.

Entonces, durante largo tiempo después de la disolución de la URSS (1991), EE. UU. ha tejido una tela de países amigos en el denominado “Corredor Eurasiático”, que en los últimos tiempos se está desgarrando. Con las dificultades que se encuentran para definir las posiciones de los actores en el tablero geopolítico dado los imprevisibles cambios de bando y el doble juego que es una parte importante del juego diplomático, se puede individuar a Georgia, Azerbaiyán y Ucrania como naciones aliadas de los norteamericanos desde hace tiempo, en cambio, Rusia ha extendido su hegemonía sobre Bielorrusia, Abjasia, Osetia del Sur, Kazajistán y Kirguistán, en este último caso hostigando el dominio estadounidense, que en marzo de 2005 organizó la famosa “Revolución de los tulipanes” derrocando a Askar Akáiev (1990-2005) para facilitar la instauración del ejecutivo de Kurmanbek Bakíev.

En realidad, Askar Akáiev tuvo relaciones tanto con Rusia como con EE. UU., esa ambivalencia fue una peculiaridad de su gobierno que provocó acciones y reacciones de las dos potencias globales. En 1993, el gobierno aceptó el programa de reformas económicas liberales del FMI diseñado por EE. UU., en 1995 firmó un Acuerdo de Asociación y Cooperación con la Unión Europea, en 1998 adhirió a la OMC (Organización Mundial del Comercio) y por último, en 2001, dio su visto bueno a la participación en la Operación Libertad Duradera para combatir oficialmente el radicalismo islámico, cuya dimensión terrorista amenazaba también el territorio kirguizo, puesto que guerrilleros islámicos procedentes de Tayikistán y de la República de Uzbekistán entraban y salían del valle de Ferganá, una región compartida entre tres estados (Uzbekistán Tayikistán y Kirguistán) con fuertes tensiones étnicas y religiosas.

La aportación kirguiza a la coalición occidental consistió en la cesión al ejército estadounidense del utilizo temporal del aeropuerto de Manas, en las cercanías de Biskek, que se convirtió en una de las bases más utilizadas para las operaciones militares en Afganistán, al punto que en 2002 había dos millares de soldados y unos escuadrones de aviones alojados allí, demasiado cerca de los confines rusos para que no se generara la sospecha de un asentamiento estable, por eso, Akáiev dio una media vuelta radical en su posición respecto a Rusia, reforzando la unión económica y militar ya acoplada con la nacida de la CEEA en 2000 (Comunidad Económica Eurasiática que comprendía Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Rusia y Tayikistán) y sobre todo firmando, en 2002, la carta fundacional de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC). Este tratado junto al del Grupo de Shanghai (China, Rusia, Kazajistán y Tadzhikistán) – un acuerdo de seguridad de las fronteras comunes – inaugurado en 1996 y renovado en junio de 2001 como OCS (Organización de Cooperación de Shanghai), causó la contrariedad del Departamento de Estado y la puesta en marcha de la aludida Revolución de los tulipanes.

El sucesor de Akáiev, el presidente Kurmanbek Bakíev, a pesar de tener un curricular aprobado por EE. UU., notoria su intolerancia hacia la minoría rusa, cambió rápidamente su postura y en 2006 ya se había alejado del gobierno norteamericano volviendo a confrontarse con China, cuyas relaciones eran tensas por el miedo de que la presencia de un estado fronterizo como Kirguistán excitaría los independentismos en la región uigur de Sinkiang rica de recursos mineros (oro, carbón, petróleo y gas natural) y terreno de un aspro conflicto con los separatistas turcos. En este sentido, la fundación del Consejo de Cooperación de los Estados de Habla Túrquica en octubre de 2009 (Acuerdo de Najicheván) con la participación de Kazajistán, Kirguistán, Azerbaiyán y Turquía, volvió a atizar un peligroso incendio que envolvía otra vez a Rusia y China, dado que todas esas naciones no escondían sus buenas relaciones con EE. UU.

No le bastó a Bakíev prometer durante una cita en Moscú en febrero de 2009 el desalojamiento de los estadounidenses de la base de Biskek, visto que a pesar de una posible inversión de 2 billones de dólares garantizada por el presidente ruso Dmitri Medvedev, siguió con su creciente política de independencia energética de Rusia llevando la compañía eléctrica nacional de Kirguistán, Natsionalnaya syet electricheskaya, a firmar un contrato con la empresa china Tebian Electric Apparatus para construir líneas de 500kv de transmisión de energía Datka-Kemin. Hay que tener en cuenta, además de la ininterrumpida crecida de la economía china, la desorbitada capacidad de penetración económica de sus megaempresas públicas y privadas para entender que es lo que preocupa el nuevo curso inaugurado por Donald Trump. En lo presente, lo poco que Obama había conseguido en su política exterior con el propósito de arrinconar a Rusia estrangulándola comercialmente y militarizando los países confinantes, se está desmoronando de una manera inesperada, al mismo tiempo que no se ha detenido el avance chino en América Latina y en Oriente Medio, donde la guerra siria ha sido la ciénaga en que se ha hundido la diplomacia norteamericana.

Los recientes acontecimientos confirman el triunfo del bloque Rusia – Turquía – Irán – fuerzas gubernamentales sirias y la pésima estrategia estadounidense, lo cierto es que, en 2010, las sublevaciones populares conocidas como Primavera Árabe (Revolución de los Jazmines en Túnez de 2010-2011, Revolución Blanca en Egipto de 2011, Guerra de Libia de 2011, Revolución de las Cintas Rosas en Yemen de 2011-2012) tenían como finalidad conseguir una alteración de las relaciones de fuerza en la industria petrolera que diera una ventaja sustancial a las empresas francesas, británicas y estadounidenses, al punto que se dijo que la “relación especial” entre EE. UU. y Reino Unido pasaba por BP (British Petroleum). La administración Obama programó a través de las revoluciones de 2011 derrocar a Al-Ásad rompiendo la alianza entre Damasco y Teherán, acción que habría podido frenar el efecto Reina Roja que caracteriza las inversiones militares de Arabia Saudí (tercer país por gastos militares con una cuota mundial del 5.2% y un incremento del 97% en el periodo 2006-2015) y balancear el peso de las principales potencias regionales (Irán, Turquía y Arabia Saudí), lo hizo armando, financiando y entrenando movimientos rebeldes y grupos paramilitares de matriz islámica (principalmente wahabitas de religión suní) de los cuales sucesivamente ha perdido el control, ahora EE. UU. y sus aliados, Qatar y Arabia Saudí, se encuentran en una calle sin salida, con un conjunto de formaciones (IS, Frente Al-Nusra, Al Qaeda, las YPG kurdas) que operan con total autonomía.

La importancia de Siria no está ligada a sus reservas de oro negro (campo de Tayem, yacimientos de gas de Qarah, pozos de petróleo de Yezl, Hasaka y Deir Ezzor) – el país es un pequeño productor mundial – sino a su posición clave. Desde el año de su toma de posesión del cargo (2000) Rusia siempre estuvo cultivando buenas relaciones con el presidente Al-Ásad, dado que el país constituye la puerta principal para ingresar gas y petróleo a Europa directamente del Golfo Pérsico por medio de tuberías de nueva construcción, perder el ascendiente sobre ese estado significaría dañar las exportaciones de gas ruso hacia los países occidentales de la UE (25% de los consumos europeos provienen desde Rusia) que hoy en día representan el 20% del presupuesto nacional, no es un caso que las primeras manifestaciones de protestas en Damasco ocurrieron cuando después de rechazar en 2009 la propuesta qatarí para la realización de un gasoducto que habría de atravesar Arabia Saudí, Jordania, Siria y Turquía antes de llegar a Europa, en cambio Al-Ásad aceptó otro proyecto que permitía complacer tanto Rusia como China, se trata del acuerdo firmado con Irán en julio de 2011 que planea la construcción de la tubería islámica, un canal de 1.500 kilómetros y un costo de alrededor de 9.000 millones de euros, que atravesaría Irak y Siria convirtiendo a esta última en la plataforma principal para el transporte de petróleo y gas entre el Golfo Pérsico, el Mediterráneo, el mar Negro y el Caspio (“Estrategia de los cuatro mares”). Todo el conflicto sirio desencadenado por Obama y los aliados sunís (Qatar, Arabia, Turquía) contra los estados chiitas (Iraq, Irán, Siria) respaldados por Rusia, se puede resumir en dos motivos: tuberías y posiciones logísticas.

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