La cuestión neomorisca (I)

07.03.2017

Un servidor nació en el Año de Nuestro Señor de 1981, lo que quiere decir que cuando vino al mundo, ya existía una comunidad autónoma andaluza que, en 1978, más del 60% del pueblo andaluz se negó a votar. Empero, el régimen se iba perfilando pronto: La doctrina y la consiguiente simbología mahomética que se inventó notario Blas Infante Pérez de Vargas, nunca acogida por el pueblo andaluz (el cual siempre le negó el voto mientras vivió), entraba por la puerta falsa, esto es, apoyada por todos los partidos y desconocida para el pueblo. La bandera verdiblanca fue colada gracias a la ignorancia; ignorancia que le conviene a la oligarquía, pues cuando la gente sabe de su significado, muestra un rechazo instantáneo. Con todo, han pasado más de treinta años y todavía la mayoría de los andaluces no saben el significado islamista que el notario atribuía dizque por el poema de Abu Asbag Ibn Arqam, quien en el año 1051 dijo que:

"Una verde bandera

que se ha hecho de la aurora blanca un cinturón,

despliega sobre ti un ala de delicia.

Que ella se asegure la felicidad

al concederte un espíritu triunfante"

Empero, la falta de formación en Historia del notario desembocaba en un ridículo importante, pues Ibn Arqam era natural de Guadix y menciona esa bandera como presente en la alcazaba de Almería, y el reino de Granada (actuales provincias de Málaga, Granada y Almería) no entró en la geografía andaluza hasta que así lo decidió el liberalismo del siglo XIX. En el siglo XI Andalucía no existía: Existía Alándalus, que era todo territorio musulmán de la Península Ibérica y adyacentes. No hay nada de una “especificidad andaluza milenaria y separada del resto de España”. Tan Alándalus eran Madrid, Valencia o Toledo como Córdoba.

En puridad, cuando Blas Infante Pérez de Vargas nació, su pueblo (Casares, en Málaga) no llevaba ni un siglo en Andalucía. Él, sin embargo, se empeñó en hablar de “realidades culturales milenarias”.

Con todo, la página de la Yama´a Islámica de Al Andalus/Liga Morisca (2), aporta otro dato sobre el poeta Ibn Arqam, añadiendo que “vio un estandarte con una cenefa ("sanifa") blanca ondear en la alcazaba de Almería llevada por un cristiano servidor del rey al-Mutasin…”

La moraleja del asunto es clara: Un cristiano servidor. O ya puestos, siervos de un islam dominante.

Según Blas Infante, había dos momentos especialmente luminosos en la “realidad cultural milenaria de Andalucía”: El paganismo grecolatino y el islam, que él enlazaba como solución de continuidad rectilínea; y por ello, al hercúleo escudo de Cádiz, añadió los colores musulmanes, y unos arcos que más bien parecen copiados de alguna miniatura cristiana mozárabe. Sin embargo, tanto la llegada de los godos como la reconquista encabezada por la Corona de Castilla supondrían periodos de oscurantismo y derrota que hay que lamentar, y de ellos procederían todos nuestros males. Pero claro, a esta teoría se le escapa cómo en el siglo XIX Mendizábal desamortizó las tierras de la Iglesia, repartiéndosela a módico precio entre amigos, y a su vez, entregó las minas a los Rotschild; mientras que el ejército liberal se pertrechaba en el sur para ejercer una represión brutal sobre un carlismo que se extendía desde Morón de la Frontera y La Puebla de Cazalla hasta Granada (3). Se mataron varios pájaros de un tiro, siendo que el campesino andaluz, pasó en muchos casos de ser pequeño arrendatario a jornalero que dependía de una casta de caciques y nuevos ricos adictos al nuevo régimen. Pero este fenómeno jamás ha sido analizado por el “andalucismo”, siempre proclive a las tesis liberales, por cierto. Para el “andalucismo”, la Reconquista es la culpable absoluta; lo demás no interesa.

Las teorías de Infante fueron pretenciosas y absurdas a fuer de no distinguir lo andalusí o hispano-musulmán de lo andaluz, que propiamente dicho empieza cristianamente en el siglo XIII con la inserción de los reinos de Sevilla, Córdoba y Jaén bajo el poder de San Fernando III, y que durante más de siete siglos ha utilizado (y compartido con otros muchos pueblos de las Españas) los blasones de Castilla y de León, sin que el emblema verde y blanco haya aparecido para nada oficial.

Lógicamente, antes existió una provincia Bética bajo la férula romana y luego visigótica; mas no ocupaba exactamente los lindes de la posterior Andalucía.

Otrosí, los “andalucistas” se acogen a clavos ardiendo: Por ejemplo, el Motín del Pendón Verde, acaecido en el año 1521 en Sevilla, donde una multitud enardecida por hambruna sacó un pendón verde presente en la iglesia de Ómnium Sanctórum, que al parecer procedía de uno de los pendones confiscados a Boabdil en 1483. Pero lo cierto es que la facción que se apoderó de esa bandera que se guardaba en la iglesia no lo hizo por ningún motivo político andalucista, ni tampoco pretendía volver a los tiempos de Alándalus, ni nada que se le parezca.: Fue una de muchas revueltas sociales que se dieron en toda Europa, en unos momentos además donde se venían sucediendo conatos de guerra civil en España. No obstante, ellos no dejan de ver una especie de “rebelión de Alándalus” en cada ocasión que se presenta.

Pero volvemos a lo mismo: No distinguen Alándalus de Andalucía… Y la realidad es que Andalucía, al igual que Vasconia o Cataluña, nunca constituyó una unidad política unitaria per se, sino una comunidad geográfica y cultural con ciertos caracteres comunes, cuya unidad política concreta dentro de la patria española radicó en la Corona de Castilla. Para negar estas evidencias, los “andalucistas”, siempre minoritarios y hasta marginales, han intentado hacer miles de contradictorias piruetas, y quién les iba a decir que la mayor victoria la irían a obtener al cabo de los años y de golpe y porrazo.

Así las cosas, un servidor lleva alertando mucho tiempo acerca de lo que significa el alandalusismo (mal llamado “andalucismo”) y los peligros que puede entrañar. El profesor Manuel Fernández Espinosa ha calificado al “andalucismo” como la quinta columna del islam en nuestra Península (4). Y no es nada exagerada tal aseveración: En plena guerra con Marruecos, Blas Infante viajó allá para confraternizar con dizque descendientes de andalusíes. Es en estos años 20 del malhadado siglo pasado donde se establece una polémica: ¿Se convirtió al islam? Unos dicen que sí, otros que no… En este trabajo no nos compete dilucidar tal cosa, pero el caso es claro: Incluso si Blas Infante no se convirtió al islam (tal y como dice su hija, por ejemplo), lo cierto es que los musulmanes lo tratan como un hermano en la umma, y no le pudo dar mayores y mejores servicios, aun con un lenguaje “esotérico” en una época donde el islam como fenómeno religioso no hallaba adeptos ni simpatizantes en España, más allá de las tierras del Protectorado de Marruecos. Blas Infante Pérez de Vargas, cuando le entregó un manuscrito al poeta Abel Gudra para que éste lo leyera en el Congreso de los Pueblos sin Estado que se celebró en Delhi en 1930, decía: ¿Qué nos queda del Islam? Nos queda del Islam el sentimiento de poder de Allah y su equilibrio. El Islam no es sólo espiritualidad, es también movimiento. Vivir no es solamente una idea, sino un conocimiento, y este conocimiento es nuestra experiencia de Al-Andalus en su época de esplendor. Otrosí, también dice: "El Profeta de nuestros antepasados de Al-Andalus que, como todos los profetas, será nuestro profeta, y el de todos los hombres libres en tanto cuanto digan la verdad, anunció esta verdad incontrovertible: '¡Ay del día en que un espíritu no comprenda a otro espíritu. Porque el espíritu es espíritu como la luz es luz!'. Trabajemos con suma cautela en estos principios para que Andalucía vuelva a ser inspirada por su propio genio y porque su libro vuelva a ser el Al-Korán como dice la Sura III: 'Aquellos a quienes les hemos dado Al-Korán y lo leen como deben leerlo'.

No se trata de rumores, él mismo dejó bien clara su postura. Su obsesión por aprender árabe, así como por nombrar en esta lengua a su casa de Coria del Río (“dar al farah”, esto es, casa de la alegría), en Sevilla, cimentan el islamismo de la ideología “andalucista”.

No obstante, pasado el tiempo, entre los setenta y los ochenta del mentado siglo XX, el islamismo se seguía viendo en todo caso como algo exótico en España. Las visiones idealizadas de algunos viajeros y escritores extranjeros (de Washington Irving a Prosper Merimée) habían calado pero en un modo vano y pseudo-folclórico; del mismo modo que luego calaría la simbología de Blas Infante. Esos viajeros no se plantearon, por ejemplo, que la catedral de Córdoba (¡mal llamada mezquita!)(5), antes de la invasión berberisco-islámica, era la basílica de San Vicente, donde a día de hoy se conservan bastantes restos hispano-visigóticos. Vieron, pero no analizaron ni se documentaron correctamente. Y esa falta de análisis y perspectiva fue politizada por el impopular Blas Infante; y con semejantes moldes, también se tomaría al flamenco (6) como una especie de herramienta metapolítica exclusivista gitano-morisca; pseudoteoría que ha impregnado y falseado la imagen cultural y musical de las Andalucías hasta nuestros días. Convirtieron al gitano andaluz (que en verdad procede de un intenso mestizaje de calés, moriscos, negros y castellanos) en una suerte de esotérico arquetipo de pureza, de símbolo de un Alándalus de las mil y una noches que vendría a ser nuestro hecho diferencial. A tal punto que, si uno ha nacido con el pelo claro, parece que no es buen andaluz siquiera; por más que haya gitanos que, por su evidente mestizaje, también sean rubiotes, como Juan Peña “el Lebrijano” o José Mercé. Pero bueno, todo esto ha formado parte de un engendro sin más base que el odio: El odio a la historia hispano-visigótica, el odio a la Corona de Castilla, el odio al catolicismo. Y todo lo que contribuya a ello les vale.

Es muy importante entender el odio como motor de esta corriente. Porque además, todo esto se alimenta y retroalimenta (en el mismo siglo XX) a través del hábil ensayista (que no historiador) Américo Castro, el cual se inventó la teoría de las “Tres Culturas”, que consiste básicamente en que gracias al islam andalusí, en la Península se creó una cultura de convivencia que habría roto el fundamentalismo bárbaro y agresivo de los cristianos que vinieron del norte. Este oscurantismo bárbaro, como formando una línea visigótico-castellana atrasada y malvada, sería lo que llegaría a la conquista de América, y de hecho a ello se han acogido escritores que han mixturado con surrealista desenfado progresismo europeo e indigenismo americano, como el mexicano Carlos Fuentes QEPD; para quien todo lo bueno de los españoles se debía a los moros, y todo lo malo al cristianismo.

Empero, frente a este desafuero, estuvo la corajuda, documentada y lineal visión del temperamento hispánico que trabajó el insigne historiador medievalista Claudio Sánchez-Albornoz (7); quien muchas veces se halló en soledad, pues debido a su militancia política republicano-derechista y a su exilio en la Argentina, no caía bien ni a unos ni a otros. Y Sánchez-Albornoz no dejó de defender la línea histórica hispánica que mantiene su más vivo hilo de unidad en la cristiandad y la libertad insertada en el Viejo Mundo frente al corpus extraño que entró en la época musulmana; aunque el temperamento hispánico también apareciera en Alándalus, sobre todo con la pronta aparición del emirato más o menos independiente (con contradicciones de peso hasta la formación de un califato ya independiente del todo dos siglos después) y el dominio del valle del Ebro por clanes conversos.

Con todo, por si no teníamos bastante entre el alandalusismo y la escuela de malos discípulos de Américo Castro (8); resulta que si éramos pocos parió la abuela, porque a mediados del siglo XX, un tal Ignacio Olagüe se inventó una teoría aún más peregrina que la de las “Tres Culturas”: Los árabes jamás invadieron España. Alguno pensará que puede ser así, pues no en vano los conquistadores fueron bereberes, los que desde el siglo VIII ya se confabularon para expulsar a la aristocracia siria; pero no, no va por ahí la cosa. Según Olagüe, el islam jamás penetró en España por mor de las armas, sino por una –supuesta…- asimilación y conversión gradual. Blas Infante había sugerido lo mismo en un sempiterno y pedantesco intento de prosa poética, diciendo que en Andalucía ya se aprendía árabe con entusiasmo. Olagüe le da un toque más “historiográfico”, y utiliza el arrianismo para explicar los nexos con esa penetración cultural arabizante que, siglos después, cristalizaría en el islam ibérico. El arrianismo, al negar el dogma de la Santísima Trinidad y, por consiguiente, la divinidad de Cristo, habría supuesto una tesis, cuya antítesis primera sería el mensaje de Mahoma y la síntesis, Alándalus; el que Américo Castro llamara ejemplo de tolerancia y distinción en el ser de España; tolerancia preclara que se debería al semitismo como hecho diferencial absoluto ante el resto de Europa y que romperían los cristianos del norte como encarnación del mal. Todo esto, suponiendo que el arrianismo fuera una suerte de movimiento popular, quedaría muy bien así como para escribir un libro tipo Dan Brown, de esos códigos Da Vinci a gusto del consumidor. Pero la verdad es que ni por esas se salva, porque el arrianismo, lejos de ser “popular”, fue una corriente religiosa que se circunscribió a la élite visigoda, que no al pueblo hispanorromano. Cuando en el III Concilio de Toledo celebrado en el año 589, el rey hispanogodo Recaredo I abraza el catolicismo, lo que está haciendo, como bien dijo Ramiro de Maeztu en “Defensa de la Hispanidad”, es adoptar la religión del pueblo. Además, por más “monofisita” que pudiera ser el arrianismo, nada tiene que ver con la shahada musulmana, que en última instancia, supone el reconocimiento de Mahoma como profeta. Y ahí se contradice también el historiador Emilio González Ferrín (discípulo de Olagüe), pues él mismo cita cómo Mahoma envía misivas al imperio bizantino instando a los arrianos a convertirse al islam. ¿Pero no era penetración espontánea, pacífica y gradual de dos religiones gemelas? (9) Además, según los olagüistas del mundo unidos, la Península se habría islamizado y arabizado paulatinamente por mor de que el pueblo estaría harto de las corruptelas de la aristocracia visigoda, que llevaron al país a una época de decadentismo. Sin embargo, esto se contradice frontalmente con la realidad histórica. Reiteramos: El arrianismo era una cosa de una minoría, más bien aristocrática, que luego de Recaredo, se reduce a más minoría todavía. No decimos que desapareciera por completo, pero de ahí a que fuera una especie de causa popular y que facilitara una islamización pacífica… En fin, es difícil contener la risa, porque hasta si aplicamos la lógica olagüista, no parece casar mucho una mayoría de pueblo hispanocatólico frente a una penetración islámica.

De todas formas, el olagüismo, punto avanzado y superpuesto de la cuestión neomorisca, se basa en la falta de fuentes, es decir: Que no sería hasta el siglo IX y a partir de Egipto cuando aparece el nombre de Tarik Ben Ziyad como jefe de los conquistadores islámicos de la Península Hispana. Pero sería un mito: Se niega tal conquista. Tarik no sería más que un mito establecido tanto por musulmanes como por cristianos para ambos justificar sus guerras y sus políticas en España. Una especie de falsa bandera medieval. González Ferrín añade que, en todo caso, en el año 711 se habría dado una irrupción de bereberes, púnicos, vándalos, alanos y bizantinos; y que lo del islam, que ni los cristianos mozárabes del siglo IX sabían lo que era, habría venido mucho después. No hay fuentes… Pero claro, esa supuesta “falta de fuentes” se evapora muy pronto, pues como bien señala el historiador Daniel Gómez Aragonés (10), uno de los mayores especialistas en la Hispania Gothorum de nuestro tiempo, recuerda que “Ceuta en el 711 formaba parte del Regnum Gothorum/Hispaniae. Era el puntal del reino que controlaba lo que sucedía al norte de África. En Toledo se sabía perfectamente lo que los musulmanes estaban haciendo en el norte de África tras la caída de las tropas bizantinas y mucho antes del 711. Hay datos sobre la llegada de barcos armados a finales del siglo VII a las costas levantinas. Uno dicen que pueden ser musulmanes que buscan una primera aproximación al territorio peninsular pero otros opinan que serían fuerzas bizantinas que huyen tras la derrota contra los musulmanes.” Ante la irrupción del bereber Tarik Ben Ziyad que comandó el árabe Muza en el año 711, que unos dicen que no pasó nada y otros que entraron otras gentes, Gómez Aragonés nos aclara que “el Reino Visigodo reconquistó todas las posesiones de la Península Ibérica y posteriormente controlaría Ceuta a finales del siglo VII. La retirada de los bizantinos del norte de África facilitaría dicha acción. Y hay que tener presente que el concepto bizantino es como el romano, no es un término étnico. Dentro del Imperio había muchas "nacionalidades". Evidentemente, tropas no quedaron y en cuanto a la población civil es difícil saberlo. Unos se quedarían y otros se irían. Pero población autóctona siempre hubo. No debemos olvidar que el norte de África aparte de la población indígena, tendría componente romano, vándalo, alano, bizantino y posteriormente árabe. “

Y bueno, habría que preguntarle a los olagüistas: ¿Qué hay de la Crónica Mozárabe del año 754? ¿Qué hay de los estudios de García Moreno? Las fuentes que no interesan, simplemente se ignoran. Total, como si nadie se fuese a enterar…

Con todo, al despreciar la teología y su intervención ante la ciencia histórica, este sector sigue sin entender que no hay una “relación necesaria” entre arrianismo e islam.

Y es que de todas formas, volviendo a citar a Daniel Gómez Aragonés, el Reino Visigodo de Toledo experimentó auténticas épocas de esplendor, como bien defiende en su homónimo libro editado por Covarrubias Ediciones. Sin la civilización hispanorromana y la inyección germánica, el islam ibérico no habría creado ni recreado absolutamente nada; pues se habría encontrado un desierto desolador, y sólo Dios crea mundos de la nada. Pero es que en Hispania no había un desierto, y los musulmanes copiaron y superpusieron elementos que encontraron, amén de en Hispania, allá por dónde pasaban, tal y como el arco polilobulado bizantino o el muy hispánico arco de herradura, anterior aún a la llegada de los godos. Así como la medicina y el saber de Bizancio, los números de la India, los azulejos babilónicos…

Además, según el profesor olagüista González Ferrín, para haber una reconquista, primero tuvo que haber una conquista. Siempre se puede acoger a aquel pensamiento del filósofo José Ortega y Gasset: Algo que dura ocho siglos no es una “Reconquista”. Pero lo cierto es que, muy a pesar de tirios y troyanos, sí hubo una conquista, y esa conquista ha lugar en el siglo VII, cuando Suintila se convierte en el anhelado unificador político de la Península. Y es ese anhelo el que alimentará la resistencia cristiana hispánica frente a la otra realidad: La musulmana andalusí, que se hizo sobre algo anterior, sin soportar siquiera la milenaria nomenclatura hispana.

(Continuará)

NOTAS:

(1) Garci Pérez de Vargas fue un caballero reconquistador que, como militar del rey Fernando III el Santo, ayudó a vencer al islam. De él descendía el fundador del mal llamado “andalucismo”, el cual demostró desde primera hora odio por su propia sangre; hecho que se repite en nuestro tiempo con muchos hijos directos del franquismo, o con muchos indigenistas que si supieran de sus antepasados les daría un jamacuco.

(2) Véase:

http://www.islamyal-andalus.es/2/index.php/noticias-85887/memoria-94266/8353-abu-l-asbag-de-guadix-autor-del-documento-mas-antiguo-sobre-una-bandera-europea-la-andaluza

(3) Sobre este particular, véase: http://www.actashistoria.com/titulo.php?go=2&isbn=978-84-9739-143-6

(4) Recuérdese: http://movimientoraigambre.blogspot.com/2014/02/el-andalucismo-quinta-columna-del-islam.html

(5) Véase:http://movimientoraigambre.blogspot.com/2014/02/en-cordoba-no-hay-mezquita-que-valga.html

(6) Expongo algunos enlaces de un servidor sobre el flamenco:

http://poemariodeantoniomorenoruiz.blogspot.pe/2013/10/conferencia-la-herencia_30.html

http://poemariodeantoniomorenoruiz.blogspot.pe/2015/09/sobre-los-topicos-del-flamenco-mundium.html

(7) Algunas impresiones mías sobre D. Claudio:

http://poemariodeantoniomorenoruiz.blogspot.pe/2014/10/mis-lecturas-origenes-de-la-nacion.html

(8) Véanse escritores tan tendenciosos y torticeros como el manchego Antonio Gala o el catalán Juan Goytisolo; a los que, sin embargo, el Estado español ha colmado de regocijos y para bienes. Lo último ha sido el Premio Cervantes para Goytisolo, el mismo que dijo años ha que jamás aceptaría. Sobre su vida y obra, no está de más leer el artículo que al respecto escribió José Javier Esparza:

http://gaceta.es/jose-javier-esparza/goytisolo-o-odio-espana-24112014-2258

(9) Véase: https://www.youtube.com/watch?v=qVeWEQAzpw8

(10) Sobre Daniel Gómez Aragonés:

http://movimientoraigambre.blogspot.pe/2014/10/entrevista-al-historiador-daniel-gomez.html

http://www.latribunadetoledo.es/noticia/Z9D0B11D7-B8D5-B75D-157BAA736C342EF0/20140414/reino/visigodo/toledo/no/murio/batalla/guadalete