Grave traición de la Conferencia Episcopal a Franco

14.09.2018

Hay dos grandes instituciones en España que deben todo lo que son  al general Franco: la Iglesia católica y la Monarquía. Miles de religiosos y religiosas fueron asesinados, a veces después de ser salvajemente torturados, cientos de templos quemados o profanados por la chusma de “demócratas y progresistas” del Frente Popular llena, exactamente igual que hoy, de odio y sectarismo ciego. En España, la Iglesia Católica ha sido siempre objetivo de las iras de la extrema izquierda, a pesar de que la mayor parte de la asistencia social desde el siglo XIX sea obra religiosa, y de que cientos de miles de hijos de obreros y campesinos aprendieran a leer y escribir gracias a las obras pías.

Nada más proclamada la Segunda República, entre el 10 y el 13 de mayo de 1931, la extrema izquierda radical -sobre todo socialistas, comunistas y anarquistas-, desencadenó una oleada de ataques contra religiosos y edificios de la Iglesia. La siguiente tanda de asesinatos de religiosos la encontramos en la Revolución de Octubre de 1934, en Asturias. Allí fueron torturados y asesinados 34 religiosos, además de la destrucción de importantes obras de arte del patrimonio español. Pero todo ello culminaría a partir de la toma del poder por el Frente Popular a partir del gigantesco fraude electoral de las elecciones de Febrero de 1936. En  la zona bajo control del Frente Popular fueron asesinados 6.832 religiosos, además de 3.911 seglares y casi 1.000 seminaristas.

La miserable y sectaria guerra civilista alcaldesa de Madrid, acaba de poner un monolito con los nombres de los 3.000 fusilados por los nacionales en Madrid, la mayoría asesinos, torturadores y chequistas, pero ni un solo nombre de los miles de religiosos y de católicos asesinados, y menos aún de los 5.000 hombres mujeres y niños asesinados por orden del genocida Santiago Carrillo en Paracuellos, muchos de los cuales fueron además enterrados vivos. Esa es la Memoria Histórica del Frente Popular que pretenden imponer.

En las zonas que después del 18 de julio quedaron bajo el control del Frente Popular, el exterminio de religiosos y religiosas fue casi total, solo quienes consiguieron esconderse o huir, como Josemaría Escrivá fundador del Opus Dei,  pudieron salvarse. En el caso concreto de Cataluña, donde la Jerarquía católica con un grado de perversión moral jamás conocido, está hoy al lado de los nazis de la Generalitat que fueron sus asesinos, el conocido socialista Julián Zugazagoitia en su libro “Guerra y vicisitudes de los españoles”, relata como el genocida Lluys Companys, un asesino elevado a los altares por el separatismo, se jactaba en su presencia de haber exterminado a todos los curas, frailes y monjas de Cataluña.

Franco se encuentra enterrado en una abadía benedictina, que no depende en absoluto del poder civil sino de la Conferencia Episcopal, por lo que sin la aprobación de esta ningún cadáver puede ser exhumado de un lugar sagrado bajo su exclusiva jurisdicción. Da igual lo que el guerra civilista y traidor Sánchez, al que solo han votado un 15% de los españoles con derecho a hacerlo, le de la gana hacer movido por el odio, da igual lo que la chusma bolivariana de Podemos, el lumpen proletariado al que Lenin despreciaba desee, da igual lo que la organización criminal de los golpistas del 1-O o los traidores del PNV desee, y a quienes el miserable cobarde y felón de Sánchez esta dispuesto a rendir España, da lo mismo. Si la Iglesia representada por la Conferencia Episcopal se opone, no hay exhumación posible.

Pero esta jerarquía católica miserable, desagradecida y ruin, que ya han olvidado que si no fueron exterminados hasta el último, sus iglesias quemadas y sus centros de enseñanza cerrados, fue solo porque Franco aplastó al Frente Popular y les impidió hacerlo. Queden sus nombres para conocimiento y desprecio de los católicos y de todos los españoles de bien. El Cardenal Carlos Osorio, Arzobispo de Madrid, y el Cardenal Ricardo Blázquez, Presidente de la Conferencia Episcopal , a quienes se une también el Vicepresidente Cardenal Antonio Cañizares. Estos tres indignos pastores de la Iglesia de Dios, son lo que ha dado el visto bueno a la exhumación de lugar sagrado de quien salvó del exterminio a manos de los asesinos del Frente Popular. 

Pero los favores de Franco a la Iglesia y la Jerarquía católica no terminaron aquí, en 1953 se firmaría un Concordato con la Santa Sede, que convertiría “de facto” a España en un Protectorado del Vaticano, ya que colocaba en manos de la Iglesia católica la educación, el derecho de familia, y en buena medida la política de orden público e internacional. A cambio España no recibía absolutamente nada. Tan entusiasmado estaba el Vaticano con Franco que le concedió la más alta honorificencia de la Santa Sede: la Orden Suprema de Cristo. Una distinción excepcional a los hijos predilectos de la Iglesia, solo concedida a diez personas durante todo el siglo XX. Pues bien, a pesar de todo ello, cuando la familia Franco ha pedido hoy al Papa que niegue el permiso de exhumación de su abuelo de la abadía benedictina en que esta enterrado, el argentino se ha puesto de perfil y el muy miserable ni siquiera les ha escuchado.   

El Valle de los Caidos nunca se construyó para ser el destino final de Franco. La decisión de que fuera enterrado en él se debió al Rey Juan Carlos, y no al general, con el aplauso entusiasta de la Iglesia católica que tiene toda la autoridad legal sobre el lugar. Se puede entender que tanto la izquierda sectaria llena de odio y los separatistas vascos y catalanes, deseen desenterrar a Franco, incluso como los talibanes en su cumbre del salvajismo haya quien pida dinamitar tan gigantesco monumento histórico. No se comprende el pasteleo de Ciudadanos y la cobardía del PP, pero lo que no solo no se comprende sino que constituye una auténtica deslealtad y una infamia de ingratitud y de deshonor.

Realmente Franco no pudo dar más a la Iglesia católica. Con su victoria en la Guerra Civil no solo salvó de la muerte y de la tortura a millares de religiosos, sino que les concedió un Concordato que fue definido como “el más completo y generosos de todos los acuerdos de ese género”, pero la Jerarquía católica no conoce la honradez, ni el honor, ha estado siempre con los que mandan. Y así, ahora que tiene que la oportunidad de agradecer algo de lo mucho de lo que Franco hizo por ella, la Jerarquía católica no va destruir el eterno descanso de quien les fue entregado para su custodia, y entregado como piltrafa al odio cainita de la izquierda más sectaria y vengativa de Europa. Piensen Uds ahora si pueden conceder la menor confianza a una institución que traiciona tan vil y miserablemente a aquel que les entregó todo, incluida la nación y todos sus recursos. Que Dios y los españoles de bien condenen para siempre, a las abyectas personas responsables de tan inaudita traición.