Geopolítica: territorialidad, mafias y corrupción

13.10.2016

El Estado continental industrial es el único sujeto o actor que podrá poseer soberanía o capacidad de autonomía en un "orden" mundial emergente. En nuestro caso, esto significa retomar el camino de la integración latinoamericana, que empieza por la unidad del macizo geopolítico suramericano y por el programa de San Martín, Bolivar y Perón entre tantos otros.

Sin embargo, el crimen organizado como empresa multinacional territorial del delito con fines de rentabilidad económica, al imbricarse con el Estado, se fragmenta. Y, además, nos parece una equivocación analizar el crimen organizado como un poder externo, en verdad este es abstracto sin el Estado.

Primero daremos un concepto de mafia. Históricamente remite a la Cosa Nostra siciliana. Es decir, una organización criminal estructurada fuertemente en un territorio, en una familia y al interior de la cual el vasallaje es reforzado por la ley del silencio y por ritos de iniciación. Entonces, el concepto de mafia se fue generalizando desde esta acepción: la de organización criminal.

Algunas de ellas, como los cárteles en América Latina, se fueron especializando en torno al tráfico de droga y, ya en los últimos años, las organizaciones criminales se dedican al politráfico.

Desde el punto de vista geopolítico, consideramos interesante la clasificación que realiza Alan Labrousse (Alan Labrousse, Geopolítica de las Drogas, Editorial Marea, BsAs., 2014) porque la consideramos didáctica como una introduccion a modelos de relaciones entre territorialidad, Estado y organizaciones criminales

Mafias “contra” el Estado

1. La mafia siciliana en y en contra del Estado

El clan de los Corleone comercializaba el 80% de la droga en los estados del noreste de los EEUU, además de imponerse violentamente a otros clanes al precio de cientos de muertos, y siendo asesinadas personalidades como los jueces Falcone y Borsellino, que fueron a combatir la mafia a Sicilia. Este uso de la violencia demuestra la geopolítica ambigua de la mafia siciliana, producto de una estrategia en su relación con el Estado: por un lado lo combate y, por el otro, se mixtura con el Estado y se convierte en Estado, con la penetración al interior del mismo. Esta primera guerra contra el Estado acarreó la caída de la Primera República y el derrumbe del Partido Demócrata Cristiano y del Partido Socialista, que se habían beneficiado con los intercambios de servicios con la mafia. Y constituye otro capítulo los vínculos asociativos entre la mafia siciliana y la creación del partido Forza Italia, y luego con Silvio Berlusconi.

2. Los cárteles colombianos: el caso del Cártel de Medellín y el Estado colombiano

Contrariamente a la Cosa Nostra, los cárteles colombianos se formaron en torno al narcotráfico. El más conocido de todos, el Cártel de Medellín - capital del departamento de Antioquia -, tuvo la habilidad de asociar a la élite urbana de Medellín con Pablo Escobar Gaviria, con las élites financieras y políticas del país, proponiéndoles tomar parte en el negocio de la cocaína.

La guerra de Escobar contra la sociedad, mas allá de suplir al Estado en muchos aspectos, llevó a su muerte en 1994. En este caso, las autoridades colombianas contaron con el apoyo de Washington.

3. Descentralización y deslocalización

Sin embargo, la desaparición del cártel de Medellín y de Cali - época dorada de las grandes organizaciones criminales -, dio lugar a centenares de organizaciones: los cartelitos. En los primeros años del siglo XXI, en Nápoles, luego del desmantelamiento de la camorra, habría unas cien familias con 6.000 o 7.000 afiliados. La Ndrangheta calabresa lidera el tráfico de drogas. El otro aspecto fue la deslocalización. Por ejemplo, la Cosa Nostra se instaló en Sudáfrica, que después del apartheid se transformó en un mercado importante de cocaína y heroína, en plataforma de tránsito y en centro de lavado de activos. El desarrollo de las redes colombianas lo podemos ver en Argentina.

Mafias “en” el Estado

1. México: una criminalizacion desde lo "alto"

En la segunda mitad de los años 90 del siglo pasado, los cárteles mexicanos aprovecharon el debilitamiento de los cárteles colombianos y desplazaron a estos de una parte del mercado de distribución en EEUU. Esto transformó a los cárteles mexicanos en actores estratégicos del trafico de cocaína a los EEUU.

En México, son el poder político y el crimen organizado los que se fusionan, a tal punto que ciertos cárteles fueron favorecidos por el Estado en detrimento de otros.

La participacion de la policía en el tráfico de drogas en ciudades como Tijuana y Juárez fue notoria en un momento. Así como la guerra a la droga, con miles de desaparecidos, involucra al Estado como actor y embrión de un Estado narco criminal. Esto coexiste con la lucha de la sociedad mexicana y de la fuerza de la cultura de la misma.

2. Argentina

En el caso de Argentina podemos afirmar que no existen cárteles del narcotráfico. Pero evidentemente la Argentina es un país no sólo de tránsito, sino productor y consumidor. Porque las drogas de diseño vuelven porosos los limites entre países productores y consumidores.

Y entonces podemos realizarnos el siguiente interrogante: ¿Quién cumple el papel de cártel?

Y aquí es fundamental estudiar a través de un sistema de inteligencia criminal profesionalizado - que no existe - si las policías o un gran sector - por ejemplo, en BsAs- , no toda la policía, no cumple el papel de cártel.

No olvidemos que la Diputada Nacional Elisa Carrió denunció al jefe de la policía bonaerense como el jefe del narcotráfico públicamente. Esto coloca a la Argentina en la senda de priorizar una agenda en seguridad, que no tiene hace mucho tiempo, para no caer en un Estado narco democrático, pero desde una agenda nuestra, no desde una agenda engañosa donde el "terrorismo" es el enemigo, que es el discurso donde parece apuntar el actual Ministerio de Seguridad, peligrosamente.

Miguel Ángel Barrios (Argentina), es Doctor en Educación y Doctor en Ciencia Política. Autor de más de quince obras de política latinoamericana y referente del pensamiento latinoamericano.