Estamos en Guerra

27.04.2018

El 17 de noviembre de 2015, el presidente de Francia, François Hollande, anunciaba cambios drásticos en la constitución, no para beneficiar el crecimiento del país, sino para defenderlo porque, insistió, “está en guerra”.

Cambios acerca de la legislación sobre el estado de emergencia, dando más margen policial para vigilar a sospechosos, endureciendo las penas de prisión, y dando más competencia al poder ejecutivo.

Cambios para reforzar el número de policías (5.000) y de funcionarios de la justicia (2.500).

Cambios para restringir las entradas en las aduanas (1.000 funcionarios más), mayor control en internet y las redes sociales…

Todo ello, orientado a evitar el traslado de la autoridad al ejército pues, el estado de emergencia en el que se encuentra Francia, sólo contempla una guerra exterior con el país, pero ahora: la guerra es interna.

Ya en 2009, el gobierno francés, triplicó el número de cámaras de videovigilancia en las calles, señalando la necesidad de las mismas “frente al terrorismo”.

Si bien, a principios de 2015, se había reforzado al cuerpo de policía con 320 militares; a finales del mismo se creó, con 10.000 soldados, la “Operación Centinela”: un despliegue de militares que patrullan los 830 puntos susceptibles de ser atacados por terroristas, 7.000 de ellos de forma permanente, las 24 horas del día, los 7 días de la semana, y que cuesta 1 millón de euros diarios.

Para mediados de 2016, se habían contratado 9.000 nuevos policías, procesado a 1.200 personas por yihadismo, abortado 16 atentados, desde 2013, y detenido a 160 sospechosos de terrorismo; con un total de 357.564 miembros de las fuerzas de seguridad del estado patrullando las calles, reforzando la seguridad en 11.719 sitios, y 10.500 personas estaban siendo investigadas por radicalización.

Y con todo esto (y más), 7 de cada 10 franceses seguían sintiéndose inseguros.

Y tenían razones para ello, como demostró el atentado de Niza en julio de 2016, donde Mohamed LahouaiejBouhlel mató a 85 personas e hirió a 303, arrollándolas con un camión, mientras disfrutaban de la celebración del Día de la Bastilla.

Por lo que las medidas antiterroristas aumentaron:

  • Se añadieron 15.000 reservistas a la “Operación Centinela”.
  • Se incluyeron ejercicios de seguridad en las escuelas como el “Simulacro de atentado”, en el que, por ejemplo, a los niños de 3 años, se les enseña a “jugar al escondite”: en silencio y a oscuras, se desplazan a uno de los dormitorios del colegio y se tumban en el suelo para que no les encuentren. Al finalizar el juego, se les da una chuche como premio porque todos han ganado.
  • Otras medidas en centros escolares han sido obligar a todos los alumnos de 14/15 años a hacer cursos de primeros auxilios; modificar los horarios de entrada y salida de los centros, para evitar aglomeraciones que puedan ser foco de atentados; registro de las mochilas de los estudiantes en la entrada; reducción de las visitas guiadas fuera del centro; revisión de las condiciones de seguridad de los viajes de estudios, pudiendo ser cancelados si fuera necesario, como ya ocurrió en marzo de 2016, cuando se suspendió el desplazamiento de escolares franceses al Reino Unido, tras el atentado del puente de Westminster.
  • Una medida escolar que me ha llamado mucho la atención es la de habilitar zonas de fumadores dentro de los centros para evitar que los alumnos que fuman salgan al exterior.
  • Se han cancelado eventos que conllevan aglomeraciones debido al costo económico que la protección del mismo supone, como fue el caso de la Feria de Lille, uno de los mayores mercadillos de Europa, cuya celebración se remonta al siglo XII, y que fue cancelado en 2016 por no poder asumir los gastos de seguridad. 10.000 vendedores y 2.5 millones de visitantes se vieron perjudicados. Así como los hosteleros de la zona, que suelen generar el 10% de su volumen de negocio, durante la feria. Se estima que las pérdidas fueron de decenas de millones de euros.
  • A lo largo del año, 15 ciudades cancelaron sus fuegos artificiales por el mismo motivo.
  • Las fiestas de Bayona, vieron muy limitadas sus actividades, debiendo cancelar la jornada dedicada a los niños o la mascletá inaugural, entre otros.
  • Eventos como el mitin aéreo de la Patrulla de Francia, el Festival Berck-Sur-Mer, el Festival de Cine al aire libre, procesión de la Asunción en Notre Dame, los fuegos artificiales de Nochevieja de París… todos cancelados.
  • Estas cancelaciones han llegado a límites como la prohibición de una marcha en honor a las víctimas del atentado de Niza.
  • El museo Louvre ha reducido drásticamente el número de visitas escolares en grupo que autoriza. 
  • Se han prohibido las mochilas en las playas y, muchos centros comerciales, realizan registros a los clientes antes de permitirles el acceso.
  • Instalación de barreras físicas en lugares de riesgo, como bolardos en el Paseo de los Ingleses, bloques de cemento en el mercadillo navideño de los Campos Elíseos, o la construcción de un muro de cristal alrededor de la Torre Eiffel (muro que cuesta 25 millones de euros). Actualmente, está protegida con vallas metálicas.
  • Conversión de calles que antes eran abiertas al tráfico a peatonales, como la orilla del Sena. Aunque mantiene accesos abiertos para vehículos de emergencias, bloqueados parcialmente con vehículos policiales. 
  • Libertad de detención y registro para los policías, sin necesidad de orden judicial.
  • Facilidad a la hora de colocar tobilleras electrónicas a las personas que se consideren un peligro para el país, con límite de zona de movimiento.
  • Recuperación del servicio militar obligatorio, durante 1 mes, para que los ciudadanos puedan proteger internamente el país

Algunas de estas medidas se le deben a Hollande, y otras a Macron, que ha continuado el plan de endurecimiento de las leyes, buscando acabar con un estado de emergencia extensible, para convertirlo en el estado habitual del país, aunque muchos ya califican todo esto como estado de excepción permanente, pues muchas de estas medidas extraordinarias se prolongan indefinidamente.

A pesar de la pérdida de derechos, libertades e intimidad, el 62% de los franceses admite ser favorable a estas nuevas leyes, si esto garantiza su seguridad frente a ataques islamistas.

Y la verdad es que parece que están surtiendo efecto. Ahora los “centinelas” se han convertido en el foco de atención de muchos radicales islamistas, que prefieren atentar contra ellos… o ¿no era esta la intención?

De los 16 ataques yihadistas que ha sufrido Francia, tras el de Niza, 7 de ellos han sido contra miembros de la Operación Centinela, dejando a 22 soldados heridos y uno muerto.

Francia es sólo un ejemplo. Medidas parecidas se llevan a cabo por toda Europa… aunque algunas nos la camuflan con excusas absurdas, como reducir los problemas de tráfico de Madrid en Navidad, restringiendo el acceso a vehículos de no residentes en algunas áreas o convirtiendo calles de doble sentido en sentido único.

Obligar a los peatones a caminar en un solo sentido evitando aglomeraciones de personas y convertir la Gran Vía en una calle totalmente peatonal, son algunas medidas que estamos viendo en España, que recuerdan a las francesas.

En calles como Preciados, Montera o El Carmen, y en sitios de interés como la Puerta del Sol, ya se han colocado maceteros o bolardos para mejorar la seguridad. 

Países como Bélgica y Países Bajos también han añadido 2 simulacros de atentado al año escolar.

Además, Bélgica también ha introducido muchos cambios en sus leyes para adaptarse a los nuevos tiempos como la abolición de la ley que prohibía hacer registros o detenciones entre las 9 de la noche y las 5 de la mañana, por la que no se detuvo al terrorista Salah Abdeslam dos días después del atentado del 13 de noviembre de 2015 en París, cuando se sabía a que se encontraba en una vivienda en Bruselas.

Venecia ha tenido que posicionar francotiradores en la católica Plaza San Marcos (irónico, ¿no?) y su alcalde ha advertido que “están dispuestos a enviar con Alá a quien grite Allahu Akbar. El buenismo se acabó”.

Reino Unido colocó barreras en varios puentes para evitar que se repitan ataques como el del pasado marzo en Westminster oel de junio en London Bridge.

Suecia colocó bolardos tras el atentado de Niza en 2016. Intentando que decorasen un poco las calles a la par q las hacía más seguras, los bolardos tenían forma de leones.

No puedo medir el impacto visual que generaron en la población sueca, pero su inutilidad quedó demostrada en el atentado por atropello del 7 de abril, en Estocolmo.

Alemania también ha protegido sus sitios más emblemáticos con bloques de hormigón, como la PotsdamerPlatz o la Puerta de Brandenburg:

A todas estas, las empresas fabricantes de bolardos y barreras, están haciendo su agosto. El gerente de Anortec, Marc Basany, habla de un incremento de ventas del 500% sólo en Alemania.

La demanda de los mismos desde Francia, se disparó un 300% en los 6 primeros meses de 2017, afirma.

La empresa catalana comenta que el 70% de sus ingresos provienen de importaciones a países occidentales en este momento: Italia, Suiza, Holanda, Canadá…

En 2016, facturaron 2.8 millones de euros en bolardos.

Su competidor en España, Benito Urban, apuesta más por las jardineras de hormigón o con arena, de hasta 700kg que protegen y decoran al mismo tiempo. Aunque afirma haber vendido 7.000 muros móviles de hormigón porque no implican costes de instalación.

Cada uno cuesta unos 200 euros.

En España, Cataluña, Madrid y País Vasco son sus principales compradores. Aunque Sevilla, Santander, Valencia o Mallorca también han hecho sus pedidos.

Igualmente, todos somos conscientes de que es imposible proteger cada calle, cada plaza, cada avenida… y, al proteger muy bien algunas zonas, desviamos la atención de los terroristas hacia otras.

Dentro de poco, Europa será como Hebrón. Yo no puedo evitar ver el parecido con Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial, preparándose para la posible invasión nazi.

Todo esto me ha llevado a preguntarme, ¿y si los cambios en nuestras tradiciones cristianas no son para facilitar la integración y respetar a la comunidad musulmana (como nos quieren hacer creer) sino para evitar que “se enfaden” y, en consecuencia, más atentados?

Aquí, en Nueva York, el famoso mercadillo navideño de Union Square, ha pasado a llamarse Mercadillo de las Fiestas y, apenas hay dos puestos de artículos de decoración navideña.

El de Ámsterdam, Desfile de Invierno; Bruselas, Placeres de Invierno; Londres, Villa de Invierno; Munich, Festival de Invierno (su logo incluye un muñeco de nievo con burka); Kreuzberg, Mercado de Invierno. Francia directamente canceló mercados como el de Lyon a causa de los costes de seguridad que implicaba.

En Dinamarca, las escuelas cancelan la misa de conmemoración del inicio de la Navidad en pos de actos como la “Semana de Siria”.

Escocia ha invertido 500.000€ en 23 “Festivales de Invierno” para que los musulmanes puedan ignorar que los cristianos celebran la Navidad.

En un colegio alemán, tras la queja de un alumno musulmán, se prohibió cantar cualquier villancico que tuviera referencias cristianas (¿hola?)

Otro colegio milanés, rebautizó las fiestas navideñas como “El gran Festival de las Felices Fiestas”.

En una escuela noruega, incluso alternaron leyendo pasajes de la Biblia y del Corán.

Madrid celebraba estos días la “Feria Internacional de las Culturas”.

Así que, ya sabéis, pasad controles de seguridad para entrar a un centro comercial, habituaos a q vuestros hijos de 3 años jueguen a evitar una masacre de terror yihadista, y hartaos de cantad “Rudolf, el reno de nariz roja” pero, como dicen nuestros gobiernos:actuad con normalidad. No les deis el placer de pensar que les tenemos miedo