España: El estancamiento que apesta

18.08.2016

Prosiguen las negociaciones para formar gobierno en España. El presidente del gobierno en funciones Mariano Rajoy del Partido Popular (PP), parece que ha conseguido en las últimas semanas un cierto acercamiento del partido Ciudadanos (Cs) a su intento por ser nombrado presidente para el que sería su segundo mandato.

Sin embargo, seguimos viendo un cruce de reproches y acusaciones mutuas entre los cuatro grandes partidos. Por un lado, los ausentes, el partido Podemos que apenas hablan sobre la formación de gobierno, pues se dan por oposición para esta legislatura y le indican al Partido Socialista (PSOE) que se abstenga en la votación de investidura para permitir que Mariano Rajoy gobierne, y Podemos haga de partido en la oposición.

Por su parte el PSOE se halla fragmentado, su secretario general y aspirante a la presidencia del gobierno, Pedro Sánchez, repite incesantemente que no votará ni a favor ni se abstendrá en una votación de investidura para Mariano Rajoy. Mientras que algunos dirigentes regionales e históricos dirigentes del PSOE como el expresidente Felipe González, instan a que Sánchez permita el gobierno del PP, y que el PSOE pase a la oposición, porque unas terceras elecciones las estiman como un desastre.

Hay que recordar que el PP pasó de 123 escaños en el congreso a 137, y según las previsiones de numerosos analistas, si hubiera terceras elecciones, el PP obtendría aún más escaños. Este análisis puede ser fruto más de una correlación que de una causalidad, puesto que el panorama social de los españoles respecto a los políticos es claramente oscuro, incluso lleno de odio. Esto se debe a que los políticos dan la imagen de vivir en otro mundo aparte del resto de españoles. Mientras que se sufren las consecuencias de la crisis económica, los políticos se van de vacaciones sin dejar zanjado el asunto de la formación de un nuevo gobierno. El debate sobre unas posibles terceras elecciones enerva a los ciudadanos que ven –una vez más- cómo los políticos no son capaces de acordar nada en cuanto a política, pero si saben ponerse de acuerdo en cuanto a subirse los salarios y las dietas, e irse de vacaciones.

Así pues, tras las elecciones del 20 de diciembre de 2015 que cambiaron el equilibrio de partidos en el parlamento español, en España se pasó de un bipartidismo a un cuatripartidismo. El estancamiento entre las nuevas y viejas formaciones a su vez desembocó en unas nuevas elecciones generales que tuvieron lugar el 26 de junio de 2016, que dejó un escenario bastante similar en el parlamento español y todavía se continúa sin tener una perspectiva clara de la formación de un gobierno.

Y por si fuera poco, hay más frentes en la política española, ya que está el asunto del separatismo en Cataluña que tampoco se libra de una impopularidad creciente, pues los dirigentes independentistas se van de juergas mientras recortan en servicios sociales como Hospitales y Escuelas, por supuesto, tales separatistas siempre acusan de que España les roba, mientras tanto, no saben cómo ocultar casos de corrupción tan sonados como el Caso Pujol, en el cual el expresidente regional de Cataluña, Jordi Puyol y su familia estarían implicados en el cobro de comisiones y desvío de fondos públicos a sus cuentas privadas en paraísos fiscales. En las regiones de Galicia y País Vasco habrá elecciones en este próximo mes de septiembre, y parece que los partidos representados en el parlamento nacional tienen ciertos recelos a realizar pactos en el parlamento que pudieran afectar a sus estrategias regionales y viceversa.

Mientras que en otros países se dice: “El espectáculo debe continuar”, en España con eso del “Spain is different”, lo que hacen los políticos es que “el estancamiento debe continuar”.