El conducto de agua Altai-Xinjiang, Revoluciones de Color y guerras por el agua

19.05.2016

La asociación estratégica ruso-china está a punto de asumir un ángulo ecológico con la sugerencia de Moscú de la tubería de agua del río del macizo de Altai hacia los desiertos afectados por la sequía de Xinjiang. Aparte de, obviamente, ser utilizada para aliviar a los chinos a la hora de hacer frente a los efectos catastróficos del cambio climático, la tubería de agua fresca propuesta también tendrá un propósito estratégico de primera clase. Nuestra investigación se inicia mediante el examen de la visión estratégica que hay en juego con esta iniciativa, para explicar luego cómo se relaciona con las Revoluciones de Color. Por último, la visión que se revele a partir de la investigación de los dos temas anteriores se vinculará a la próxima lucha global por el suministro de agua dulce fiable, en la predicción de cómo los EE.UU. tratarán de perturbar la cooperación ruso-china del agua en las próximas décadas.

Visión estratégica

Xinjiang es el punto de intersección global para la mayoría de los proyectos de la ruta de la seda euroasiática de China, y es por lo tanto de la mayor importancia que la región fronteriza se mantenga estable y próspera con el fin de funcionar como la fase final de los proyectos de infraestructura transcontinentales del siglo XXI. Si bien el terrorismo con apoyo exterior y el proselitismo de las ideologías violentas son sin duda un reto en la zona, lo que afecta más directamente las simpatías de la población hacia el gobierno central son las preocupaciones más inmediatas, tales como su nivel de vida. Los innumerables productos materiales que se espera pasen a través de la región y que tangencialmente la enriquezcan, no podrán hacer mucho para la mejora de los medios de vida de uno, si potencialmente hay acuciantes problemas de disponibilidad de agua para los habitantes locales.

En este preciso momento, el gobierno chino ha estado haciendo un trabajo fenomenal para asegurar que el pueblo de Xinjiang sea atendido en la totalidad de sus necesidades, pero Beijing también es lo suficientemente agudo como para planificar el futuro con varias décadas de antelación, con el fin de adelantarse a tantos desafíos futuros como sea posible. Teniendo en cuenta la reciente sequía y los impredecibles cambios climáticos globales, China tiene temores legítimos al respecto del posible agravamiento de las dificultades actuales del medio ambiente. La necesidad de mantener Xinjiang tan estable y próspera como sea posible a fin de facilitar sus objetivos más ambiciosos de integración pan-euroasiática a través de la Nueva Ruta de la Seda, hizo que China y Rusia tuvieran la idea de usar Kazajstán para facilitar geográficamente la transferencia de agua del río del Krai de Altai a los desiertos de Xinjiang.

La conexión con la revolución de color

Si se completa con éxito, entonces el ambicioso proyecto garantizaría a Xinjiang un suministro estable de agua dulce y contrarrestaría los efectos físico-políticos de cualquier sequía futura, privando así a los EE.UU. de una de las posibles vías mediante las que un día podría tratar de agitar el malestar antigubernamental. Por ejemplo, las autoridades no tendrían que preocuparse de que sus ciudadanos sean manipulados para protestar contra un déficit en la disponibilidad de agua para uso doméstico (complicaciones con las aguas residuales y el agua corriente), la escasez de agua potable, y / o el desastroso impacto agrícola y ganadero de la sequía, ya que cada uno de estos escenarios sería cada vez menos probable que sirviera después de que Xinjiang conecte de forma fiable su infraestructura de agua con el Altai.

Desde otro ángulo, sin embargo, el establecimiento de la tubería de agua Altai-Xinjiang aumentaría la probabilidad de que los EE.UU. trataran de montar un escenario de revolución de color en Altai con el fin de interferir en la fuente vital de los suministros de agua del oeste de China. Incluso antes de la finalización del proyecto, los EE.UU. y su ejército de ONGs, como era de esperar, organizan perturbaciones con objeto de destacar las "consecuencias ambientales" de la iniciativa, potencialmente, incluso alentando a sus "activistas" locales para entrar en enfrentamientos con la policía. En cuanto la tubería se ponga en marcha, a continuación, las autoridades necesitan estar al acecho de posibles signos de creciente identidad separatista entre la población local y Moscú.

Aunque siempre es un desarrollo positivo cuando las culturas indígenas abrazan su singularidad y están orgullosas de su herencia, hay una línea clara entre la celebración pacífica y el antagonismo hostil. Si los locales se organizan en torno a alguna faceta distinta de su identidad - tal vez un renacimiento de la religión chamánica del "burjanismo", o una interpretación violenta del budismo tibetano - entonces podrían ser más fácilmente conducidos hacia grupos nacionalistas que a partir de entonces podrían ser dirigidos a una etapa de protestas agresivas contra el gobierno. La fusión de la identidad separatista y de una conciencia promovida por Estados Unidos de la recién descubierta importancia geoestratégica del Altai en los asuntos multipolares, podría ser suficiente para animar a individuos cada vez más radicalizados a manifestarse a favor de una autonomía sustancialmente mejorada o de la independencia pura y simple, siendo engañados por Washington y sus ONGs secuaces, en la idea de que podrían sostener indefinidamente su "soberanía" únicamente a través de la exportación de aguas rentables a china.

Guerra del agua

La propuesta para conectar los recursos de agua dulce de Rusia con la creciente base de consumidores chinos es emblemática del creciente papel de Moscú como la superpotencia del agua más importante del mundo. Ningún otro país tiene tanta cantidad de reservas de agua dulce como Rusia, lo que por lo tanto aumenta su perfil global y pronto le permitirá cosechar enormes ventajas estratégicas, ya que el resto del mundo tiene sed, literalmente, de este recurso. Otra ventaja de Rusia - aunque regularmente Occidente lo vió como una desventaja - es que las regiones de Siberia y el Lejano Oriente, donde se origina el agua dulce, están en gran parte poco pobladas, y en consecuencia son más que capaces de desviar sus propios suministros al exterior sin ningún tipo de consecuencias en casa. En el futuro, Rusia no sólo podría llegar a ser el socio principal de energía de China, sino también su tabla de salvación para limpiar las reservas de agua dulce, haciéndose así insustituible para siempre como el gran aliado estratégico más importante de Pekín.

Debido al papel fundamental que se espera que Rusia juegue en el suministro de agua potable a algunos de los más de mil millones de ciudadanos de China, los EE.UU., sin duda, conspiran para encontrar una manera de interferir en el envío fiable de este recurso para el sustento de la vida, y por lo tanto ganar influencia sobre estas dos grandes potencias. En un sentido, esto no es más que una aplicación adaptada de lo que ya está tratando de hacer vis-a-vis con los flujos globales de energía, aunque mucho más conectado directamente a extremos de vida o muerte. Usando las técnicas de la guerra híbrida que ha estado perfeccionando durante la última década y especialmente en los años más recientes, es previsible que los EE.UU. traten de instigar la tensión identitaria dentro de las regiones origen del agua dulce, o en sus zonas de tránsito.

Mirando el mapa, justo una parte de los principales ríos de Siberia y del Lejano Oriente de Rusia, comienzan o transcurren a través de repúblicas autónomas (Saja/Yakutia, Buriatia, Tuva, Khassia, Altai) o por áreas con una identidad separada como la región de Altai. En conclusión, es razonable sugerir que los EE.UU. podrían tratar de sacar provecho de la identidad turco budista-chamánica de la población indígena para fomentar la tensión identitaria, y con este escenario aumentar las probabilidades si Washington nunca tiene éxito en inclinar al gobierno de Mongolia hacia el lado Nueva Guerra Fría de la unipolaridad.

Conclusiones

La idea de vincular los suministros de agua dulce de Siberia con los desiertos de China y más adelante, presumiblemente, incluso con sus principales centros de población, es una propuesta ambiciosa que lleva consigo una profunda significación global. La disminución de las reservas de agua dulce del mundo están siendo llevadas más allá de su límite en proporcionar alimento a una población cada vez mayor, por no hablar de su uso en la agricultura, la energía hidroeléctrica, y la cría de animales. En las próximas décadas, los países que controlan los recursos de agua dulce, ya sea en su totalidad o en parte (ya sea a través de su origen, del tránsito o de la desembocadura) estarán en una posición inmejorable para influir en todos los que les rodean.

A pesar de que China es, sin duda, el rey del agua dulce del este, sureste y sur de Asia a través de las fuentes que controla en el Tíbet (lo que explica la incesante lucha de los EE.UU. y de la India para desestabilizar y desalojar a Beijing de la región), su industrialización sin control de las dos últimos décadas ha dado lugar a una contaminación sin precedentes que ha hecho algunos de estos suministros peligrosos y no aptos para su uso. Por otra parte, no todo el país es servido por los ríos tibetanos, con el punto de unión transcontinental geoestratégico de Xinjiang absolutamente árido y desprovisto de cualquier recurso hídrico de importancia. Esta parte de China es también el escenario de la agresión terrorista apoyada desde el extranjero, y es del mayor interés para Beijing hacer todo lo que pueda para asegurar la satisfacción de la población local con el gobierno central, con el fin de evitar la pérdida de "corazones y mentes" en medio de este conflicto parcialmente ideológico.

Lo que Rusia planea hacer no es sólo proveer a Xinjiang con el suministro de agua dulce de Altai, sino, posiblemente, incluso ampliar esta cooperación conectando el noreste y el este de China de manera similar a recursos fiables y limpios. Esto aliviaría en gran medida a las autoridades chinas de la futura planificación de contingencia de cara a un clima cada vez más impredecible, y también podría liberar sus propios recursos internos para su posterior exportación y utilización estratégica en lo que respecta a los países situados aguas abajo. Remediando la escasez de agua dulce de China en medio de un crecimiento demográfico sin fin, Rusia cumpliría un papel irremplazable en el gran cálculo estratégico de Pekín, optimizando así su importancia frente a su crítico socio multipolar.

Sin embargo, es debido a esta misma visión de cooperación pragmática en beneficio mutuo entre las dos grandes potencias euroasiáticas, que los EE.UU. tienen un gran interés en sabotear su planeada red comercial de agua dulce, por lo que podrían tratar de sacar provecho de la separación identitaria en las regiones turco budistas-chamánicas de Rusia, atizando algún día una serie de guerras híbridas meticulosamente planificadas previamente, diseñadas para compensar esta eventualidad. Aunque actualmente no hay signos claros de que los EE.UU. hayan hecho ningún progreso en la actualización de este objetivo, aún así debe ser monitoreado astutamente por las autoridades rusas con el fin de garantizar que las ONGs y otros agentes apoderados perturbadores, no tengan éxito en avivar las llamas del conflicto y en alterar el orden público en este históricamente estable rincón del mundo.