Días antes de la investidura de Trump, los EEUU están desenmarañándose

19.01.2017

La semana pasada, el senado de EEUU se encargó de una de las pocas tareas que le quedan en una era de presidencias imperiales: Votar a favor o en contra de los elegidos por el presidente para encabezar los diferentes “Departamentos” del país, algunos de los cuales son tan cruciales como la Secretaría de Estado, que es el primer puesto diplomático del país.

El Departamento de Estado ha sido conocido durante mucho tiempo como el “Foggy Bottom” (“Fondo nebuloso”) en referencia a su falta de eficiencia. Rex Tillerson, antiguo jefe de Exxon Mobile, puede esperarse que remedie aquello, si es que alguien puede. Pero junto con el senador Jeff Sessions, un sureño conocido por sus actitudes racistas pasadas, a quien el Presidente Trump quiere como su Fiscal General, él es por ahora el nominado más controvertido, debido a sus negocios y relaciones personales con Vladimir Putin. Como tuiteé hace algunos meses, la clase política no tiene presente que una presidencia Trump conseguirá acceso a la riqueza mineral de Rusia sin pegar un tiro, mientras que Hillary Clinton habría ido a la guerra por ello.

Cada nominado del gabinete está vetado por el Comité que supervisa al Departamento que él o ella encabezaría, y Tillerson estuvo sometido a un día entero de preguntas por los miembros del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, durante el cual, exhibió las fortalezas que le permitieron llegar a CEO (Director Ejecutivo) de una de las corporaciones más grandes del mundo. Respondiendo a las preguntas extensas y hábilmente formuladas con unas pocas palabras bien elegidas, me impresionó, pues algunos de sus adversarios tuvieron un momento dificultoso para vencerlo.

La preocupación predominante de los interlocutores de Tillerson fue la relación de EEUU con Vladimir Putin, cuyo “crimen” es haber rechazado inclinarse ante la hegemonía de EEUU, posibilitada por la popularidad estadounidense como “salvador” en la segunda guerra mundial. (El papel decisivo jugado por el ejército rojo no recibe mención equiparable, porque la URSS fue considerada casi tan mala como Hitler).

Los “crímenes” de Vladimir Putin consisten en haberse “anexionado Crimea” e “invadido” Ucrania. (Ninguna mención se hace al referéndum en que el 90% de los crimeanos pidió que su provincia regresara a Rusia, de la que históricamente había sido parte hasta 1954, cuando Jrushchev, en un ataque de generosidad al país de su nacimiento, la regaló a Ucrania, ni tampoco hay mención del rechazo de los ucranianos ruso-hablantes respecto a vivir bajo un gobierno fascista cuyos miembros son descendientes de aquellos que asesinaron a sus abuelos. El apoyo del presidente ruso al deseo del este de Ucrania por la autonomía es descrito como una “invasión” a Ucrania, que entonces se transforma en una “amenaza” para Europa. Ni incluso durante los días más tensos de la guerra fría, occidente afirmó que la URSS estaba amenazando activamente a Europa, aunque los EEUU advertían repetidamente a sus “aliados” que podrían invadir el continente en un día.

Gracias a esta deplorable historia, el nuevo presidente estadounidense se encontrará a sí mismo enclaustrado por un coro de condenas del país con el que él quiere mejorar las relaciones.

Es un testamento a la absoluta ignorancia del público estadounidense que los presentadores de noticias no vean la necesidad de desafiar a las figuras políticas cuando mienten total y descaradamente sobre Rusia. Parecen ignorar que la OTAN ha acampado a lo largo de la frontera occidental de Rusia, desde el mar báltico al mar negro, causando que Rusia despliegue numerosas tropas dentro de esas fronteras, como cualquier nación haría. En realidad, los políticos de EEUU afirman que Rusia está amenazando a Europa porque sus “socios” europeos se están preocupando por el coste económico de las sanciones contra Rusia y la marea de refugiados que desembarcan en las costas europeas como consecuencia de las guerras dirigidas por EEUU en oriente medio y África. (En cuanto a lo que queda de la “izquierda” europea, desearía cerrar la puerta del granero neo-liberal, pero es demasiado tarde).

El hecho de que un poderoso empresario con activos por todo el mundo pronto esté gobernando los EEUU, rompiendo con dos siglos de poder estrictamente “político”, es únicamente la punta del iceberg: Las agencias de inteligencia rivales se están volviendo unas contra otras: El FBI está siendo investigado por el Departamento de Justicia debido a su manejo del abuso ilegal de Hillary Clinton en un servidor privado, mientras que la CIA está acusada de sacar a dominio público un archivo fantasioso sobre los supuestos pecadillos de Donald Trump en Moscú. La semana anterior a la investidura, cuya coreografía apenas cambia de un siglo al siguiente, la prensa la está aprovechando al máximo y nadie sabe lo que ocurrirá después en la “democracia más grande” del mundo.