Décimo aniversario de la independencia de Kosovo

07.03.2018

La lamentable opinión consultiva (que no sentencia, como algunos pretenden) del TIJ sobre Kosovo afirmó que “el derecho internacional general no contiene una prohibición aplicable a las declaraciones de independencia”, por lo que dedujo irresponsablemente que lo que no está prohibido expresamente está permitido (!), sin tener en cuenta los principios contenidos en las resoluciones 1514(XV) y 2625(XXV) de la Asamblea general de Naciones Unidas; el de autodeterminación de los pueblos forma parte del Derecho internacional contemporáneo, se halla formulado de forma expresa en la Carta (artículos 1.2 y 55), está implícito en los capítulos 11 y 12 y ha sido proclamado solemnemente en las mencionadas resoluciones de la AGNU. Es un error burdo creer que el principio de autodeterminación es panacea jurídica para aventuras soberanistas de entidades infraestatales. El punto 1 de la primera de las resoluciones mencionadas establece que “todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación; en virtud de este derecho, determinan libremente su estatuto político, social y cultural”, pero su punto 6 establece claramente que “cualquier tentativa dirigida a destruir total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los fines y propósitos de las Naciones Unidas” (artículo 2.4 de la Carta). No podría ser menos, si se tiene en cuenta el contexto en que se declara solemnemente el derecho: “la sujeción de los pueblos a una subyugación, a una dominación o a una explotación extranjera constituye una denegación de los derechos fundamentales del hombre, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y compromete la causa de la paz y la cooperación internacionales”.
Por todo lo anterior, no es de extrañar que varios miembros del tribunal emitieran durísimas opiniones discrepantes. La del Juez Abdul G. Koroma, de Sierra Leona, destacó por su lúcida contundencia: “la declaración unilateral de independencia del 17 de febrero de 2008… fue ilegítima e inválida y el principio de un proceso encaminado a separar Kosovo del Estado al que pertenece y a crear uno nuevo… violó la resolución 1244(1999) del Consejo de Seguridad y el derecho internacional general”. No le fue a la zaga la del ruso Leonid Skotnikov: “asegurar que el derecho internacional general no contiene una prohibición aplicable a las declaraciones de independencia es una afirmación engañosa que, por desgracia, puede tener efectos incendiarios (véase más adelante); el derecho internacional general no contempla las declaraciones de independencia por cuanto… no crean ni constituyen Estados según el derecho internacional.” Tampoco se quedó corto el prestigioso juez marroquí Bennouna: “afirmar que el derecho internacional general no contiene una prohibición aplicable a las declaraciones de independencia, es, en el mejor de los casos, un sofisma, ya que los principios de derecho internacional general sí incluyen el de integridad territorial de los Estados y el de autodeterminación”.
Así las cosas tras el pasteleo del TIJ, el pasado 17 de febrero se cumplió el décimo aniversario de la independencia de Kosovo.A juicio de los expertos, el balance de esa década ha sido muy negativo en los planos político, económico, religioso e identitario. Con 1.800.000 habitantes, su PIB por habitante de 3.200 euros contrasta con  el de sus vecinos: más del doble en Bosnia-Herzegovina, más del triple en Montenegro y Serbia y a enorme distancia de la media de la Unión europea de 25.700 euros. Su déficit comercial es de un 41% y su tasa oficial de desempleo del 28,7%, aunque según los expertos en realidad ronda el 50%.
Kosovo jamás había sido independiente antes de 2008, por lo que no es de extrañar que carezca de estructuras estatales sólidas, sobre todo tras cometer el error de abolir de un plumazo toda la legislación yugoslava; además, la corrupción es generalizada y de las más acusadas del mundo.
La promesa falaz de una sociedad multiétnica ha quedado en agua de borrajas. Desde finales del siglo XIX, Kosovo ha estado mayoritariamente poblado por albaneses, pero también  por serbios, bosnios, goranes, romaníes y turcos; hoy, todas estas comunidades viven en universos paralelos y no existe una identidad propiamente kosovar. Los enclaves serbios minoritarios del sur van despoblándose paulatinamente mientras los mayoritarios del norte están siendo controlados de facto por  Belgrado. Perduran las tensiones y la violencia interétnica se ensaña con la comunidad serbia. Uno de los pocos diputados serbios de Kosovo que aceptaron participar en las instituciones de Pristina fue asesinado en julio pasado.
En el plano internacional, de los 193 estados miembros de la ONU, Kosovo ha sido reconocido por 144; ni España, ni otros cuatro miembros de la Unión Europea, ni dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad (China y la Federación rusa) lo han hecho, lo que muestra la división de la comunidad internacional al respecto.
Curiosamente, el Tribunal penal internacional para la ex-Yugoslavia (TPIY), cuyos trabajos concluyeron en 2017, condenó a responsables serbios, bosnios y croatas pero, a través de la eliminación física de numerosos testigos, no logró condenar a un solo criminal de guerra kosovar. Está previsto que este año se cree una nueva Corte Penal especial que se ocupará de analizar las acusaciones de tráfico de órganos de prisioneros serbios, entre otras. El actual presidente Hashim Thaçi podría ser objeto de enjuiciamiento por tan detestables crímenes.
Como señaló el juez ruso Leonid Skotnikov (véase más arriba), una consecuencia indeseable del tema de Kosovo ha sido que Moscú se ha sentido legitimado a aplicarlo a otras regiones como Osetia del Sur y Abjasia en Georgia o Crimea en Ucrania. Café para todos.
En resumen, un auténtico desaguisado “guisado” por aprendices de brujo occidentales con pleno desprecio a normas elementales de derecho internacional y parcialmente avalado por jueces inconsecuentes cuando no venales.