Asia Central: el gran trueque del tripartito en los "Balcanes euroasiáticos"

19.09.2016

Por favor, diríjase a la Parte I para obtener información introductoria sobre esta serie y la intención del autor detrás de la misma. Esta parte debe leerse conjuntamente también con investigaciones anteriores del autor sobre la Guerra híbrida en la región.

Situación actual

Rusia:

Rusia es, con mucho, el actor más influyente en Asia Central, siendo sus bases de apoyo regional Kazajistán y Kirguistán, los cuales son doblemente miembros de la OTSC y de la Unión Euroasiática. Moscú también tiene una base militar en Tayikistán, otro país aliado de la OTSC que trata de ser miembro de la Unión Euroasiática en el futuro. Los lazos de Rusia con Uzbekistán son amistosos, pero no hay una verdadera cercanía entre ambas partes, a pesar de la retórica ocasional para conseguir titulares que a veces aparece durante las reuniones bilaterales. El problema es que Uzbekistán se imagina a sí mismo como líder regional, y siente que las asociaciones estratégicas de Rusia con su rival económico de Kazajistán y sus etnias territoriales de Kirguistán y Tayikistán en el valle de Fergana, son parte de una estrategia de equilibrio destinada a adelantarse a su ascenso. En lo que respecta a Turkmenistán, la diplomacia rusa es mucho más reservada de lo que lo es en cualquier otro lugar en la región, y esto es por respeto a la neutralidad constitucional de Ashgabat. Al mismo tiempo, sin embargo, esto revela que la política es también una seria desventaja y una vulnerabilidad estratégica en lo que respecta a la cooperación antiterrorista multilateral, pero, sin embargo, el Ministro de Defensa de Rusia realizó una visita al país en junio por primera vez desde la independencia de Turkmenistán, lo que indica que podría haber más de lo salta a la vista en lo que respecta a la situación real de su relación militar vis-à-vis.

Irán:

Irán está en excepcionalmente buenas relaciones con Turkmenistán en virtud de su geografía, que le dota doblemente para servir como corredor comercial en el Golfo Pérsico y como estado de tránsito potencial para las exportaciones de gas destinadas a la UE algún día en el futuro. Naturalmente, ambos países son parte del Acuerdo de Ashgabat para agilizar una red comercial eficiente entre Asia Central y el resto del mundo en general, que toma su forma tangible más inmediata en el sur de Asia por medio del puerto de Chabahar, financiado por la India. A todos los efectos, Irán se ve funcionando como la ruta más directa de Asia Central hasta el mar, lo que de este modo le daría un enorme poder sobre la región si puede desarrollar la infraestructura necesaria para sacar de manera óptima el máximo provecho de esta dotación geográfica. Por supuesto, el potencial futuro de Irán en este sentido está limitado por el éxito del corredor económico entre China y Pakistán, ya que la ruta de Pekín también aspira a satisfacer esta función a través de Xinjiang y Pakistán en su lugar. En un nivel más concreto y actualmente relacionable, la relación multidimensional más cercana de Irán con cualquiera de los estados de Asia Central es con sus parientes etnoculturales de Tayikistán, que convenientemente hablan un lenguaje muy cercano al farsí. A pesar de que Tayikistán es considerado como el estado más pobre de la región, todavía puede desempeñar una función valiosa para que Teherán se ancle en Asia Central y, potencialmente, trabajar un día mano a mano con los tayikos étnicos en el norte de Afganistán con la esperanza de mantener una zona de seguridad viable para contener el terrorismo que emana de ese país.

Turquía:

El alcance de Ankara en Asia Central está influenciado por la ideología del "pan-turanismo", que predica la necesidad de que todos los países turcos profundicen su cooperación con los otros y trabajen hacia una mayor integración a todos los niveles (lo que por cierto es un objetivo estratégico global para los EE.UU.). A modo de ejemplo, quieren que los lazos de Turquía con todos los "...istán" sean tan cercanos como lo son con Azerbaiyán, incluyendo a los no turcos de Tayikistán, a quienes prevén ganarse con influencia económica. Para la consecución de este ambicioso programa, Turquía recurrió a las redes de influencia no estatales, como las ONG y sus hombres de negocios, las cuales tuvieron un impacto en la región después de 1991, pero no logró convencer al público objetivo de la urgencia de la aplicación de este objetivo supuestamente compartido. Esto podría ser algo atribuible a la sensación de separación que la gente de Asia Central tiene con respecto a sus parientes lejanos de Turquía, después de haber estado distanciados de sus antepasados de Anatolia durante siglos sin que hubiera apenas entre ellos relaciones significativas y sostenibles. Aún así, los lazos económicos de Turquía con la región han continuado creciendo, y representan la plataforma más probable para la revitalización de la política de Turquía en Asia Central en un mundo cambiante.

EE.UU.:

Los EE.UU. han tratado activamente de involucrarse en cada una de las repúblicas de Asia Central desde su independencia en 1991, teniendo el mayor éxito en Kirguistán mediante la creación de una sólida cultura de ONGs, y la adquisición de la base aérea de Manas. Ninguno de estas presencias existe en este momento en su forma anterior, con Bishkek tratando de acabar con las redes no estatales financiadas por extranjeros, y con los EE.UU. habiendo desalojado su antiguo puesto avanzado en base a lo acordado con las autoridades en 2014. Según lo primero, el gobierno no tuvo éxito en conseguir que el parlamento aprobara su legislación al estilo ruso en esta materia, pero a pesar de este contratiempo, la intención de las autoridades es clara y se puede suponer con seguridad que los servicios de seguridad seguirán investigando a estos grupos, ya sea públicamente (lo que ya no está "legalmente" permitido), o de forma encubierta bajo cualquier pretexto de seguridad nacional que puedan encontrar. A la vista de esta inversión estratégica, los EE.UU. se han acercado a Uzbekistán, aunque las relaciones entre los dos son muy opacas y no hay gran cosa que haya sido hecha pública oficialmente por ellos.

Lo que se sabe, sin embargo, es que los EE.UU. donaron al país 300 vehículos anti minas excedentes de su aventura afgana, en lo que puede ser leído como un sorprendente rompehielos para restablecer sus lazos una década después de que Tashkent iniciara la salida de EE.UU. de su base aérea en el país, después de la provocación de la revolución de color de Andijan, en 2005. La motivación geoestratégica detrás de este cambio de política es simple: los EE.UU. quieren hacer de Uzbekistán su socio "dirigido desde detrás" en la región, con la esperanza de que esto le dará la máxima flexibilidad en la gestión de las inevitables transiciones de liderazgo que ocurrirán en Asia Central. Washington también quiere utilizar la centrada ubicación del país para influir en cada uno de sus otros cuatro vecinos, con la ventaja añadida de que las tuberías chinas que llegan de Turkmenistán pasan por su territorio. De cualquier manera que uno lo mire, Uzbekistán es verdaderamente el "corazón del Heartland”, y una alianza estratégica sería vital para los EE.UU. en su intento de alterar, influenciar o controlar los proyectos de conexión infraestructural transnacionales multipolares en la región, y aplicar sus políticas unipolares a los vecinos a través de su intermediario.

“Trueque" beneficioso para todos

Lo más importante que el tripartito tiene que hacer es crear un mecanismo de confianza y de entendimiento mutuo que trabaje para sentar las bases para una cooperación mutuamente beneficiosa y evite la posibilidad de una 'puñalada por la espalda'. Esto podría tomar la forma de algún tipo de formalización del diálogo ruso-iraní-turco que ha estado teniendo lugar en el último mes. Es urgente aplicar esto en alguna forma viable porque cada uno de los tres lados tiene deseos por alcanzar visiones un tanto contradictorias, y es necesario que trabajen directamente sus diferencias en el marco trilateral en lugar de seguir ampliándolas/internacionalizándolas para incluir a otros actores. Mientras que la OCS podría conceptualmente ser una herramienta beneficiosa para la resolución proactiva de conflictos entre todas las partes, es demasiado grande y no está lo suficiente concentrada como para hacer frente de manera eficiente a la tarea en cuestión, además, ni Irán ni definitivamente Turquía, son miembros formales (aún), es decir, que no puede posiblemente funcionar de la manera que se necesita en este momento.

Con respecto a los temas que deben ser resueltos, Moscú quiere seguir siendo un socio indispensable de la región en todos los campos, mientras que Ankara se ha comprometido a revigorizar su potencial de poder blando y a (re)hacer valer su influencia civilizadora. Teherán, por el contrario, pretende regresar a los pasos de sus predecesores imperiales para ejercer también su influencia civilizatoria, aunque una con más influencia histórica que la del enfoque étnico-cultural de Turquía (y limitado sobre todo a Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán). Es fácil ver cómo los tres actores podrían encontrarse inadvertidamente en curso de colisión si no tienen cuidado y son respetuosos con las sensibilidades del otro, que es la razón principal por la que el mecanismo trilateral debe ser fundado y estar activo regularmente con el fin de evitar ese escenario perturbador. Una propuesta inicial para iniciar las conversaciones con una nota positiva es sugerir una división de esferas integracionales entre las tres partes de Asia Central, con Rusia centrada en la político-institucional, Turquía en la socio-cultural, e Irán en la histórica. Las tres partes trabajarían en forma conjunta hacia la integración económica multilateral de la región, aunque, por supuesto, respetando la pertenencia previa de sus miembros a la Unión Euroasiática y los compromisos del Acuerdo de Ashgabat (que se superponen en el caso de Kazajistán).

Otro aspecto importante de los intereses comunes del tripartito debería ser participar de forma multilateral en Uzbekistán, que parece ser se mueve cada vez más en la dirección de una alianza estratégica con los EE.UU.. Esta es una grave amenaza para cada uno de los tres lados, ya que obstruiría las medidas de integración institucional de Rusia y crearía un polo independiente de influencia competitiva que haría retroceder las medidas de poder blando de Turquía e Irán. Mientras que, por un lado, un Uzbekistán claro y firme podría funcionar en beneficio de todos si se comporta de forma responsable de acuerdo con los principios multipolares, no se prevé que este vaya a ser el caso en absoluto, ya que Tashkent parece estar más fuertemente inclinado hacia el pliegue unipolar al margen de sus propios intereses definidos subjetivamente. Incluso aunque China tenga una fuerte presencia en el país, Pekín tradicionalmente nunca ha impuesto un ultimátum a sus socios ni les obligó a elegir entre China y los EE.UU., lo que en realidad es una de las razones por las que la cooperación con ella es tan atractivo para muchos países. No es predicible que la postura de China cambe ni siquiera si los EE.UU. comenzaran a ganar influencia adicional en el país, aunque comprensiblemente Pekín podría llegar a preocuparse al ver cómo sus tuberías atraviesan el territorio de Uzbekistán, pudiendo estar indirectamente bajo el control del chantaje de Washington.

Por lo tanto, es en interés para la gran estrategia del tripartito trabajar juntos e impedir que Uzbekistán se convierta en el intermediario "dirigido desde detrás" de los EE.UU. en Asia Central, y si juegan bien sus cartas haciendo hincapié en los riesgos regionales inherentes a esta eventualidad, podrían ser capaz incluso de contar con la sutil asistencia de China a este respecto.

Los escenarios oscuros

El desarrollo más negativo que, evidentemente, podría estallar en Asia Central que no sea una guerra híbrida hobbesiana, sería si Uzbekistán se rebela por completo y 'deserta' hacia los EE.UU.. Esto haría añicos por completo el equilibrio de fuerzas en la región y representaría un momento crucial en su historia, dando a Washington un puesto de avanzada unipolar para proyectar indirectamente una influencia desestabilizadora a través de todo el Asia Central. Esto también permitiría al Pentágono la oportunidad de construir las fuerzas de su nuevo aliado y animarlas a provocar enfrentamientos con los kirguises y los tayikos en el valle de Fergana, o en uno de los varios enclaves entre ellos. Desde que Uzbekistán salió de la OTSC en 2012, ha buscado provocar tensiones con sus antiguos aliados militares, sondeando hasta qué punto puede ir antes de que Moscú decida intervenir diplomáticamente en sus disputas bilaterales. Esto es muy peligroso porque una alianza entre Uzbekistán y Estados Unidos significaría que Washington podría utilizar a Tashkent para tomar esta medida en lo posible, incluso hasta el punto de fabricar un conflicto regional en un momento estratégico con el fin de atraer a Rusia al cenagal del "revés Brzezinski”. Con todo, no hay nada positivo que cualquier actor pueda obtener, además de los EE.UU. y un segmento de la élite de Uzbekistán, en el caso de que esas dos partes se unan en una alianza estratégica unipolar para enfrentarse a la multipolaridad en el "heartland del Heartland”.

Menos dramáticamente perturbador, pero del mismo modo poco constructivo, sería si Irán permite que su territorio sea utilizado para el tránsito de gas turkmeno a la UE o el planeado terminal de GNL en Omán. El gasoducto TAPI que finalmente está en construcción después de dos décadas de discusión, no presenta una gran amenaza para la multipolaridad, ya que en realidad la fortalece asegurando la seguridad energética de la India y Pakistán, y es de esperar la creación de una plataforma común para el mejoramiento de las relaciones entre ellos. Si el "neutral" Turkmenistán alguna vez "se rebela" al igual que el vecino Uzbekistán parece dispuesto a hacer, y se dedica a una política de obstruccionismo regional, entonces sería capaz de utilizar sus recursos con fines de chantaje político al igual que Ucrania lo hizo previamente, lo que daría al país de cinco millones de personas una influencia estratégica totalmente desproporcionada sobre los más de mil millones de potenciales consumidores aguas abajo. Este estado de cosas también podría ser explotado si los terroristas afganos encontraran alguna manera de interferir con este proyecto, ya sea a través de una invasión convencional al estilo del Daesh de los campos de gas del sudeste de Turkmenistán, o saboteándolos dentro de sus propias fronteras. Asimismo, no se puede descartar que los EE.UU. podrían tratar de cooptar a los insurgentes balochi anti-CPEC, atacando esta línea dentro de Pakistán con el fin de provocar una crisis premeditada con la India. En cualquier caso, ninguno de estos escenarios del gaseoducto TAPI está dentro del ámbito del tripartito, por lo que a pesar de que es importante crear conciencia sobre ellos, es mucho más pertinente volver de nuevo al gas turkmeno-iraní y extrapolar en este ámbito en el futuro.

La división del "estado profundo" en Irán entre los "moderados" amigos de Occidente y los "conservadores" multipolares es un hecho, no importa con qué fuerza se niegue públicamente en los medios por parte  de los representantes oficiales y los partidarios civiles. A pesar de que parece que los "moderados" están en declive desde que surgió la noticia de que se le permitiría a Rusia usar la base aérea de Hamadan para ataques anti-terroristas en Siria, esto no puede ser asumido ingenuamente sin “una limpieza” de la casa" para asegurarse de que son neutralizados de forma permanente. No parece probable que Teherán recurra a una escala tan grande, pública y dramática como la de Erdogan en Turquía, pero sin iniciar estos movimientos, no importa su alcance, Irán no será nunca totalmente libre de la perniciosa influencia de los elementos incrustados. En caso de que se tomara una decisión para permitir a Turkmenistán utilizar Irán como un territorio de tránsito para exportar la cuarta mayor reserva del mundo de gas natural en el mercado global, esto terminaría siendo más destructivo para las relaciones ruso-iraníes que el escenario descrito anteriormente de las potenciales exportaciones de GNL de Teherán a los Balcanes. Además, también se podría trabajar para colapsar el precio global de este recurso y con ello socavar las previsiones presupuestarias de Rusia y la rentabilidad de sus proyectos existentes. En un contexto similar, si Irán termina siendo la puerta de entrada para una afluencia comercial india incontrolable en Asia Central a través del Acuerdo de Ashgabat y la rama regional del Corredor Norte-Sur, entonces esto podría desplazar rápidamente a Rusia como un actor económico serio en la región e iniciar un dilema estratégico de desconfianza con Teherán.

Por último, se debe suponer que si la promoción del "pan-turanismo" de Turquía alguna vez da el salto desde lo socio-cultural a lo militante, a continuación, se podría esperar que las redes de células terroristas de los Lobos grises brotaran en Asia Central y fueran utilizadas para atacar los países que estén más pragmáticamente comprometidos con Rusia e Irán, aunque sólo si Turquía tiene otra pelea con cualquiera de ellos en el futuro. Por eso es tan importante para los tres lados trabajar en crear y utilizar regularmente el formato tripartito para resolver los conflictos entre ellos mismos antes de que se materialicen y terminen estando fuera de control o siendo explotados por los EE.UU..