Alain de Benoist: "Brexit", ¿hacia un efecto dominó en Europa?

04.07.2016

El Brexit ha sonado como un trueno, que parece haber sorprendido incluso a sus seguidores. ¿Cómo sucedió? ¿Y cuál es el significado más profundo de este acontecimiento?

Los ingleses salieron los primeros: es, en efecto, un acontecimiento histórico. Pero primero, una nota: ellos no tenían, para empezar, que haber entrado nunca. Como el general De Gaulle lo comprendió bien en su tiempo, Inglaterra siempre se ha sentido más cerca de los Estados Unidos (el "mar abierto") que de Europa, donde ha seguido desempeñando el papel de un caballo de Troya atlantista y donde nunca aceptó plenamente las normas. En este sentido, el divorcio pone fin a un matrimonio que en realidad nunca había sido consumado.

Las principales motivaciones de esta votación son, como ya se ha dicho, la cuestión de la inmigración y sobre todo una sensación de abandono social, político y cultural que alimenta un tremendo resentimiento contra la clase política tradicional y las élites mundialistas. El voto británico no opuso, por otra parte, a los conservadores y a los trabajadores, sino a los partidarios y detractores del Brexit de ambos campos, lo que significa que trascendió la división izquierda-derecha.

Tenga en cuenta, por último, que los mismos medios liberales estaban divididos. Si en su mayoría estaban a favor de mantener a Gran Bretaña en la Unión Europea, algunos de ellos militaban a pesar de todo por el Brexit por la única razón de que la Unión Europea no adquirió todavía el ideal de una desregulación generalizada (Nigel Farage, no lo olvidemos, es un ultraliberal en economía). Esta es una gran diferencia entre Francia e Inglaterra. Si entre nosotros, la mayoría de los liberales sigue convencida de que la finalidad esencial de los tratados europeos es imponer los principios liberales, empezando por la libre circulación de bienes y servicios, personas y capitales, en Inglaterra muchos creen que el mercado no necesita ni instituciones ni tratados. De ahí un soberanismo cuyo motor no es tanto la preocupación por la identidad nacional, la inseguridad cultural o la soberanía popular, como la insularidad vinculada a la idea de que los valores comerciales del mar deben tener prioridad sobre los valores políticos, telúricos y continentales de la tierra - los mismos sueñan con una fructífera alianza con la Commonwealth y los Estados Unidos.

Pero no podemos comprender el significado de este voto si no es colocándolo en una perspectiva más amplia, a saber, la revuelta mundial contra las elites autoproclamadas, donde el ascenso del populismo no constituye más que su traducción política más visible, y donde el "no" al referéndum de 2005 sobre el proyecto de Constitución Europea representa el punto de partida simbólico. El Brexit es indisociable de la subida del Frente Nacional como de la del FPÖ en Austria, SYRIZA en Grecia o Podemos en España, de la elección de un representante del Movimiento 5 estrellas a la alcaldía de Roma, y de ​​los fenómenos Trump y Sanders en los Estados Unidos, etc. En todas partes los pueblos se revuelven contra una oligarquía transnacional que ya no soportan más. Aquí es donde el Brexit es esencial: confirma un movimiento de fondo. Después de décadas de "ampliación", estamos entrando en la era de las secesiones.

¿Qué pasará ahora?

Al contrario de lo que se dice, las principales consecuencias no serán económicas o financieras, sino políticas. En Gran Bretaña, donde el voto ya ha abierto una crisis política, el Brexit provocará una reactivación del independentismo escocés y reanimará el debate sobre el estatuto del Ulster, incluso el de Gibraltar. La City de Londres va a concentrarse más que nunca en su papel de paraíso fiscal. En Europa, donde la Unión Europea se basa en el equilibrio de los tres grandes (Francia, Alemania, Reino Unido), Alemania deviene la única potencia dominante importante - ahora supone casi un tercio del PIB y el 40% del nuevo complejo industrial - pero pierde los beneficios que ganó de su alianza de facto con Inglaterra, a menudo a expensas de los intereses franceses.

Pero es sobre todo el efecto dominó, es decir, de contagio, el que se hará sentir. La elección de los ingleses muestra que puede haber vida después de la Unión Europea, y que podemos concebir Europa de otro modo. Los eslovacos, que tomarán estos días la presidencia de la Unión Europea, son en sí mismos euroescépticos. Las opiniones desfavorables a la Unión Europea ya superan a las opiniones favorables en Francia, España y Grecia. En otros países, como los Países Bajos, Dinamarca, Finlandia, Portugal, Hungría o Polonia, no se pueden excluir otros referendos.

¿Es este el comienzo de la deconstrucción Europea o el inicio de un nuevo comienzo?

En teoría, la salida de los ingleses podría permitir reactivar la construcción europea sobre mejores bases. Pero en la práctica esto no se producirá. Para "refundar Europa", como algunos no dudan en decir, es preciso tomar ya la medida completa de lo sucedido, es decir, entender que los ciudadanos no quieren más. Pero sucede lo contrario, ya que persisten día tras día en explicar que aquellos que son reacios son ignorantes, anticuados, xenófobos, viejos, etc., y que para hacerles aceptar la poción será suficiente con duplicar la ración. Estupefactos como conejos atrapados por unos faros, los dirigentes de la Unión Europea se lamen las heridas, pero se niegan a cuestionarse: la única lección que sacarán de esta votación es que definitivamente hay que hacer todo para impedir a los pueblos expresarse. ¿Quién dijo que la locura es hacer siempre lo mismo con la esperanza de obtener resultados diferentes cada vez? Al provocar las mismas causas los mismos efectos, vamos a seguir echando gasolina a un fuego que acabará por abrasarlo todo.

Entrevista realizada por Nicolas Gauthier para Boulevard Voltaire.