Abdullah y la física cuántica

07.06.2016

Abdullah era un pequeño chico no más mayor de 14 años que vivía con su hermano y sus padres en una granja cerca de la ciudad de Jableh. Estaba de camino con su hermano para hacer un examen final cuando tuvo lugar en Jableh el ataque terrorista más grande desde el principio de la guerra en Siria, en términos de intensidad y número de víctimas. No exageraría al decir que el número de mártires alcanzó los cientos, con cientos de heridos también. El punto al que hemos de poner atención es el gran odio que podemos observar en el modo que el atentado fue “cuidadosamente” concebido y planeado para matar al mayor número de gente en un modo que al menos nunca había escuchado antes. Quizá ni los sirios ni otros que viven fuera de Siria habían oído jamás de tales métodos de planificación para matar gente. Yo soy de Jableh y viví todo el sufrimiento de este atentado, y me gustaría disculparme de antemano por todos los detalles que mencionaré. Espero que los lectores lo entiendan.

El lugar elegido para el atentado fue aquel donde un gran número de personas se reúne para el transporte en autobús de la gente común hacia y desde la ciudad de Jableh. El primer incidente fue un coche que explotó en el medio de la gente reunida y los autobuses. La destrucción fue horrible y sus efectos se extendieron por las cuatro esquinas de la explosión, que tenía fragmentos empaquetados dentro del explosivo para que matasen e hiriesen al mayor número de gente. El sitio de la bomba se ubicaba al este de la Dirección de electricidad, y al oeste de la entrada a la ciudad de Jableh. Tras el atentado, la gente llegó tanto desde los distritos orientales como occidentales para ver los efectos de la explosión. Teniendo en nuestro país abundante experiencia de explosiones, la gente entonces mantuvo su distancia, lejos de la primera explosión en anticipación de una segunda. Por desgracia, los terroristas habían planeado este proceso muy “cuidadosamente”. Un terrorista suicida giró hacia el este y se inmoló frente a la Dirección de electricidad mientras otro suicida se dirigió  al oeste y se inmoló cerca de la entrada de la ciudad. La cuarta bomba, que nadie podría haber esperado, acaeció cuando un terrorista suicida siguió a los heridos al hospital de Jableh y se inmoló en el departamento de emergencia.

¿Esta “creatividad” en el asesinato de aquella gente inocente no significa algo? Quizá cuando describí el terrorismo en un artículo anterior como un tumor cancerígeno, este fue mucho menos duro que el acto mismo. Para entender esto, uno debe ver los hechos y la escena real, este odio extraño, que la humanidad no había reconocido antes. Aquellos que están planeando, ordenando, y usando a aquellas ignorantes marionetas humanas son los verdaderos orquestadores de esta carnicería humana que es inaceptable para toda persona o cualquier sociedad que tiene unos mínimos valores humanos. Y, por supuesto, esto es inaceptable en el mundo en que vivimos. Nosotros, como individuos y comunidades componemos las partes por las que se forma el universo. Todo desde los electrones hasta la cosa más grande en este mundo es un campo de energía, así somos todos nosotros. Como partes del campo de energía total, del universo, nosotros le influimos y él nos influye. Enviamos nuestros mensajes a través del universo y recibimos sus respuestas. La física cuántica enseña que el cuerpo humano se compone de un 99,999999999% de vacío y de un 0.000000001% de materia. Este vacío está lleno de energía, información, y nuestros pensamientos y emociones que están incrustados permanentemente en el universo, que tiene su propia consciencia justo como nosotros la tenemos.

No solamente creo, sino que estoy seguro de que el universo que recibe estos sentimientos y sufrimientos enviados por aquellas gentes oprimidas, y enviará una respuesta de vuelta a nosotros. Lo que quiero decir por “nosotros” no solamente son los sirios, sino todo el mundo que o bien apoya el terrorismo o simplemente lo observa y no puede oír los gritos y gemidos de sus víctimas sirias. La misma parte del mundo que sabe cómo planificar para los terroristas y suministrarles con todo lo que necesiten, incluso aquellos tipos de drogas usadas por los terroristas suicidas que afectan a la glándula pineal en el centro del cerebro que en consecuencia les hace sentirse en un estado de absoluta felicidad mientras se matan a sí mismos y a gente inocente. Esta parte del mundo conoce como se asesina con la ayuda de la ciencia moderna. Pero el universo pronto expresará su opinión. Lo que temo es que la respuesta del universo sea dura hasta el punto de afectarnos a todos, incluso a los más justos entre nosotros.

La intensidad de la onda electromagnética que nosotros enviamos al universo está fuertemente relacionada con las emociones que la acompañan. Cuando una emoción es más fuerte en los humanos, entonces la respuesta desde el universo será más rápida, y cuando la gente llega a reunirse y envían todos juntos el mismo mensaje, el tiempo de respuesta del universo sólo se acelera. La física cuántica o la filosofía cuántica ya no es más una ficción, sino una ciencia real practicada por mucha gente que es capaz de lograr mucho por la comprensión de esta ciencia.

Abdullah, el niño que murió en la explosión terrorista de Jableh hace varios días, pasó los días siguientes al atentado en un hospital en Latakia antes de que muriese. Cuando visité a su padre para dar mis condolencias, el dolorido padre me contó una historia relacionada con la física cuántica. La gente que estaba cavando la tumba de Abdullah le dijo al padre que llovería. El padre dolorido y sufriente, devastado por el destino de sus hijos (el primero, Abdullah, murió como un mártir, mientras el segundo, dos años mayor, sufrió muchas heridas y múltiples fracturas) dijo a los que cavaban la tumba que él deseaba que el campo se tornase blanco. En 10 minutos, el cielo había enviado algún tipo de gránulos blancos y helados que cubrieron la tierra con una manta blanca. Dios bendijo al mártir Abdullah y a todos los mártires que todavía están enviando más mensajes al universo. Quizá nuestros corazones también se tornen blancos.