Presencia británica en Gibraltar, riesgo creciente amparado por EE.UU.

Las prácticas de bunkering barco a barco son ya viejas en la zona, siempre amparadas por los británicos. El grave riesgo ecológico, la contaminación efectiva y la competencia desleal que tales operaciones suponen obligaron al Gobierno español —siempre perezoso para contener los desmanes de sus «aliados» del Reino Unido— a tomar medidas para impedir el bunkering de combustible. Pero las «gasolineras flotantes» han regresado, esta vez en forma de buques metaneros de la empresa estadounidense Excelerate Energy (propiedad de George B. Kaiser, banquero domiciliado en Tulsa, Oklahoma) que fondean impunemente en aguas españolas.

Los Estados Unidos, también formalmente aliados de España (país que fue forzado a integrarse en la OTAN en 1982, el mismo año que el mismo Gobierno socialista de Felipe González abriría la Verja de Gibraltar, ayudando así a los británicos, ya que la colonia estaba virtualmente asfixiada y resultaba económicamente inviable) han incrementado su presencia naval en Gibraltar a pesar de contar también con la cercana base naval española de Rota, cuyo uso les es permitido. Dicho incremento ha venido acompañado de gestos políticos diplomáticos en Washington D.C. favorables a la colonia británica. También ha aumentado considerablemente la colaboración entre el Gibraltar británico y el sultanato de Marruecos, tradicional enemigo de España y dócil colaborador de la geopolítica estadounidense.

La fortaleza y puerto de Gibraltar, en el extremo sur de la Península Ibérica, quedaron como posesión personal del soberano británico tras el Tratado de Utrecht de 1713. Según dicho tratado, los británicos no tienen aguas territoriales, ni derechos sobre el istmo, ni pueden tener comunicación con el continente, entre otras muchas condiciones que han sido sistemáticamente violadas. También las Naciones Unidas (organización que ahora aparenta olvidar sus acuerdos anteriores) declararon ya en 1968 que la situación colonial de Gibraltar era ilegal e insostenible, y que carecía de derechos sobre el territorio la población que los británicos habían asentado allí mucho después de obligar a marcharse a la autóctona.